Portada literaria


La inmadurez de la cultura (fragmentos de Witold Gombrowicz)

Lecturas

Plop, de Rafael Pinedo.

Los detectives, de Roberto Bolaño.
Tintalabios


Entrevista a Federico Jeanmaire.

Entrevista a María Malusardi.

Venenos nutritivos

Mamá, dame para un tebeo.

Apuntes de poesía antropológica.

Menos de 25 pesos

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Una civilización surgida del barro

 

María Taltavull
mtaltavull@ciudad.com.ar

 

Plop es un flash; aunque no es un libro que le recomendaría a mi abuelita: una narración descarnada, con un argumento brutal y personajes para los cuales la vida no tiene ningún valor. Rafael Pinedo (Buenos Aires, 1954) expone en esta novela, ganadora del Premio Casa de las Américas en el año 2002, un mundo posapocalíptico, con leyes de lo más insólitas, y escrito casi sin palabras. Por lo pronto, según el autor «hay una búsqueda de no poner adjetivos porque un adjetivo es un juicio.»

La historia transcurre en un futuro primitivo, posible pero improbable. Los vínculos afectivos han desaparecido y lo único que condiciona las relaciones es lo que el individuo puede aportar a El Grupo. Por momentos provoca miedo dar vuelta la página, incluso leer el renglón siguiente: a cada paso, uno va enfrentando sus fantasmas más ocultos con los del autor. Pero no es el terror lo que mueve la narración, sino el asco y la degradación sin límites. Los códigos y tabúes de los sobrevivientes, de algo que el lector debe imaginar por sí solo, resultan ajenos y caprichosos —como todo ritual revelado— aunque con una sólida lógica interna.

Plop, el protagonista, debe su nombre al ruido que hizo al nacer sobre el barro mientras su madre caminaba en el éxodo continuo que marca la vida de estos humanos. Y ese nombre será representativo de toda su existencia: nacimiento, supervivencia y muerte en un universo sombrío, oxidado. Que lejos de poder reconstruirse se aniquila más y más.

El libro comienza en las etapas finales de la vida de Plop: desde lo profundo de un pozo va recibiendo paladas de tierra que buscan sepultarlo. Una muerte casi tan cruel como la lucha por durar en un lugar hostil y sin sentido. Otros de El Grupo miran cómo lo van cubriendo, a la vez que Plop recuerda, en bloques inconexos, episodios de su propia historia. A partir de ahí la narración se desarrolla en escenas ordenadas, en apariencia, sin ninguna relación particular; tal vez una leve, muy leve, línea temporal que en algunas composiciones ni siquiera se percibe. Sólo el ascenso jerárquico de Plop marca el paso del tiempo.

Cada capítulo aborda la crónica de un tema puntual, sin un enlace entre uno y otro.

Una novela pensada como piezas de un puzzle que se van encastrando sobre la marcha. Pero lejos está del desorden: sorprende la sincronizada coherencia entre el nivel tan elemental de lenguaje y el argumento. El autor parece entablar una pelea constante contra las palabras, alcanzando un límite de simplificación estilística. Logra contar una historia en tiempo presente y con muy pocas herramientas: frases ásperas, cortas, básicas. Un detalle interesante es el uso de términos que espontáneamente en el contexto encuentran un significado distinto al habitual, y que el lector asimila con naturalidad, sin ningún cuestionamiento.

Plop —que se padece sin mayores explicaciones— es la invitación a un mundo sórdido y originalísimo recreado por Pinedo en 137 páginas.

PS: (Debo advertir que conozco personas que lo han abandonado o a las que les ha costado llegar al final por «la crudeza de la historia». Y es cierto, quien busque textos livianos e insulsos no debiera aventurarse a comprarlo. Pero más que un argumento desalentador, éste es un elemento incitante: un libro que logra inquietar de esa manera, merece la pena.

 

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