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Intervenciones gráficas:
voces de la contracultura



Intervenir los espacios públicos es un acto espontáneo que siempre va acompañado de su condición transgresora. La ilegalidad constituye su escencia. A través del tiempo –y según el contexto–, esta práctica adquiere diferentes formas, pero siempre responde al mismo impulso primitivo del hombre: la necesidad de comunicarse.

En el caso particular de Argentina, la crisis institucional, política y económica de diciembre de 2001 (desencadenada principalmente por la devaluación y la pesificación de los depósitos) disparó la necesidad instintiva de comunicar la indignación sobre lo que ocurría. Las intervenciones gráficas –entre otras cosas– eran asunto de todos los días: «bancos chorros», «devuelvan la plata», «ahorristas autoconvocados independientes invita al 2001/3 de diciembre de 2004, día Nacional de la Estafa», «las muertes del 2001 siguen impunes contá lo que viste».

La sociedad tomó el diseño y envolvió la ciudad con la nueva estética de la bronca. Una estética efímera, desdibujada a cada instante por la máquina aceitada del capitalismo liberal. Una estética que ahora (luego de su explosión) sólo perdura silenciosa en la forma de vida de la mayoría de los ciudadanos.

Ya pasó lo peor... Ahora las publicidades muestran hombres sonrientes que anuncian créditos para comprar la casa, el auto o para financiar microemprendimientos. ¡Vamos Argentina, carajo! La mayoría de los bancos vuelven a abrir sus puertas principales y dejan atrás los tiempos de puertas blindadas y entradas secretas. Hoy, la estética urbana vuelve a transformarse, lenta, como si nada hubiera pasado.


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Fotografías: Raimundo DG | www.raimundodg.com.ar