De mi muy herética
pravedad y apostasía

 

Rubén A. Arribas
revistateina@yahoo.es

 

No creáis en nada simplemente porque lo diga la tradición, ni siquiera aunque muchas generaciones de personas nacidas en muchos lugares hayan creído en ello durante muchos siglos. No creáis en nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen. No creáis en nada sólo porque así lo hayan creído los sabios en otras épocas. No creáis en lo que vuestra propia imaginación os propone cayendo en la trampa de pensar que Dios os inspira. No creáis en lo que dicen las sagradas escrituras sólo porque ellas lo digan. No creáis a los sacerdotes ni a ningún otro ser humano. Creed únicamente en lo que vosotros mismo habéis experimentado, verificado y aceptado después de haberlo sometido al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia.

                                                                           Buda

Poco importa lo que creemos; lo que importa es cómo somos.

                                                         Sri Radhakrishnan


El calendario hebraico o el chino, por ejemplo, recuerdan que hubo otras culturas antes de que los papas católicos y los emperadores romanos soñaran con gobernar el mundo. Aquellos cesaropapas del s. IV no buscaban un mundo mejor, sino dominarlo y ejercer de manera absolutista el poder. De nada sirvieron las advertencias y críticas de Celso, quien ya apreciaba en el cristianismo del s. II más política y fundamentalismo que espiritualidad.(1) Alejarse del sabio sincretismo religioso que imperaba entonces para interpretar literalmente —y no simbólicamente— los mitos paganos, como el del dios-hombre Osiris-Dioniso, sólo podía acabar en delirio fascistoide. Y así fue. A pesar de haber adaptado ritos procedentes de los egipcios, griegos, judíos y otras culturas de la época, la secta cristiana hablaba de la verdad revelada y de un dios único y exclusivo. Como coartada redactaron una biblia a medida, que, según ellos, explicaba palabra por palabra el origen, fin y sentido del mundo: Eva nació de la costilla de Adán, la inmaculada María tuvo un hijo sin mancharse con el semen de José, mañana viene el Apocalipsis, estamos aquí para sufrir y aberraciones similares. Aquellos cristianos comenzaron por tergiversar y negar la herencia de las religiones mistéricas, continuaron por incendiar los archivos de éstas, después hicieron del judaísmo un anatema y persiguieron a los espirituales gnósticos, más tarde consiguieron sacralizar una biblia fraudulenta y se lanzaron al esperpento y el sainete medieval. (2) Y así hasta hoy, donde el pasionario Mel Gibson o el químico Bush ejemplifican bien qué clase de monstruos engendra esta manera reduccionista de entender el mundo. Las cuevas de Lascaux, Stonehenge, la Mesopotamia entera, las pirámides de Egipto, Nazca o la Grecia clásica no bastan para que algunos retrocedan siglos y siglos antes de nuestra era y se den cuenta de que la humanidad no nació siendo cristiana.

En el siglo I, Nerón, asesino de su madre y de su esposa, no se atrevió a iniciarse en los misterios de Eleusis porque ritualmente debía confesar en público cuál era el crimen más horrible que había cometido. Hasta ese punto un despótico emperador respetaba el carácter sagrado de los misterios paganos. En cambio, Constantino, primer emperador cristiano, asesino de su esposa y también de su hijo, pudo convertirse a un evangelio hecho a la medida de sus crímenes, sin temer castigo divino alguno y legó a Occidente el cesaropapismo, una incestuosa manera de entender las relaciones entre el Estado y las aspiraciones supranacionales de aquella secta cristiana. El enfrentamiento no ha perdido un ápice de vigencia. Por un lado, muchos de los dictadores del siglo XX, desde los europeos a los latinoamericanos, han sido católicos, anticomunistas y han cometido crímenes atroces contra la humanidad sin contravenir los diez mandamientos, ser excomulgados o ganarse un hueco en el infierno. Sólo Stalin, Mao o Castro, que no rezaban avemarías, fueron condenados sin necesidad de esperar al juicio final. Por otro lado, los gobiernos democráticos posteriores a las dictaduras católicas han tenido —y tienen— más que problemas para articular un estado laico. Basta pensar en Argentina, Chile o España. Por cierto, Argentina, cuya constitución obligaba hasta 1994 a que el presidente fuera católico, tuvo su emperador constantino: Carlos Saúl Menem, que antes era musulmán. Este calígula dolarizante está casado con la pinochetista y muy católica Cecilia Bolocco, ubicua ex Miss Mundo, telecasada por la iglesia en primeras nupcias con un estadounidense y romancera después de Alberto Fujimori. (3) Casi nada.

En 1982, en plena guerra de las Malvinas, Juan Pablo II dio de comulgar al general Galtieri, presidente de facto. Lo hizo por televisión y en Argentina.(4) Poco le importó la guerra en marcha —contra los anglicanos— o que la dictadura militar hubiera hecho desaparecer a casi 30.000 personas. Sin embargo, este papa lento a la ira y rico en clemencia con semejantes torturadores, un año más tarde, no había terminado de besar el suelo nicaragüense y ya estaba increpando al sacerdote sandinista, ministro de cultura y poeta Ernesto Cardenal: «Usted tiene que arreglar su situación con la Iglesia.» El mundo entendió a la primera el mensaje: «¡Curas rojos, no!», consigna reaccionaria que parecía extraída del informe Rockefeller que leyó Nixon o de alguno de la era Reagan, donde se instaba a que el Vaticano callara a sus curas liberales en América Latina.(5) EEUU y la Santa Sede, que comparten su anticomunismo, la afición por la caza de brujas, el odio por el evolutivo Darwin (6) y su miedo por los movimientos de liberación social o nacional, temen sobremanera a quienes como Cardenal luchan contra los somozas amigos de empobrecer aún más el continente. En Roma duermen más tranquilos si, como en Londres durante la detención de Pinochet, sus feligreses y curas ofician misas para reclamar justicia en favor de augustos hombres de fe como el chileno. Mejor comulgar —vía satélite si hace falta— con Pinochet, Videla, Galtieri y demás cáfilas de represores y renegar de los curas guerrilleros o sus teólogos liberales: los nicaragüenses Cardenal y D'Escoto, los brasileños Boff o Helder, el peruano Gutiérrez o el colombiano Torres.

Los réditos de este selectivo amiguismo son claros: acceder al control de la educación estatal, en especial primaria y secundaria, y manipular después el imaginario adulto desde los púlpitos y los medios de comunicación. In other words, que cantaba Frank Sinatra: el sueño de cualquier presidente de una multinacional ávida por conquistar el mundo. Sin embargo, no sorprende la estatura intelectual romana: si el salomónico Alejandro VI, feliz consorte a trois de los Reyes Católicos, dividió el mundo en dos y consintió en América el mayor genocidio de la historia,(7) Pío XI y Pío XII adularon, concordaron y comieron de la mano de Hitler, Mussolini, Franco o Salazar.(8) Los antiguos tenían sacerdotisas que los guiaban y hermosas diosas a quienes adoraban, el gran salto cualitativo del Occidente cristiano fue cambiarlas por curas con cilicio y militares nacidos para matar. En otras palabras: por favor, Sam, no toques más esa canción.

La vieja y occidental Europa sigue caminando hacia la senilidad espiritual y la prosperidad económica que tanto envidia de los puritanos desembarcados por el Mayflower. En la tierra de los sueños, el desnudo emperador Jorge W., consumado violador de los derechos humanos, combate al infiel musulmán, predica vía CNN las escrituras sagradas, separa una vez más el Bien del Mal y atemoriza al mundo con otro Apocalipse Now. Escrito está como un salmo indeleble en los dólares: In God we trust. Confiamos en Dios. He ahí una trinidad bien conocida: Dios, el dinero y EEUU, y cuya biblia, además, salva de cometer perjurio químico y no contempla el genocidio económico. No hay país petrolero que el confianzudo siervo de Dios haya dejado sin desestabilizar: México, Venezuela, Irán, Irak, etc.; por no hablar de Vietnam, Corea, Cuba, Bolivia o Colombia. Mientras tanto la brigada antifornicio del Vaticano sigue con el infierno, los preservativos y lo enfadado que está el comisario supremo con los homosexuales. ¿Alguien escuchó que la iglesia haya amenazado con el infierno a Bush? No, como tampoco a Pinochet, Franco y compañía: la justicia, divina o terrenal, sólo sentencia a los cualquiera (a un servidor, por ejemplo).

Declive

Día a día los dogmas católicos, empezando por el mandamiento único de practicar el anticomunismo, resultan más y más ridículos. Lo del pecado original es de una prístina crueldad psicológica. Asegurar que el decrépito Wojtyla es infalible produce sarpullidos intelectuales. Insistir a la manera de Tertuliano en que las mujeres no pueden oficiar misa o a calarse la tiara papal sólo puede ayudar a perpetuar el machismo. Vanagloriarse de que el Vaticano tenga tasa de natalidad cero es perderse el secreto de la vida. Asustar a la gente con un infierno donde se violan los derechos humanos resulta demencial. Lo otro, berrear desde el púlpito sobre educación sexual, redactar pastorales para exorcizar la envidia por el albedrío de los demás o presumir de modernos por guitarrear al grito de «¡Santa María, ven!», no es más que la fanfarria con que tratan de mantener controlado su miedo a la libertad. Algunos dirán: no, pero Bob Dylan, pero el borbonísimo principito Felipe —casado por la iglesia y por la tele—, pero todas las folclóricas y faranduleras de España y América Latina, pero los millonarios jugadores de fútbol que se santiguan, pero las fervorosas procesiones de semana santa, pero... Superstición, pura superstición medieval. Ojalá convocasen un Concilio Vaticano III y escuchásemos a estos eminentes teólogos hablar sobre sus creencias (y, por favor, que lo retransmitan Urbi et Orbi por videofonino, con tecnología UMTS, como la última misa del gallo de Wojtyla.) (9)

Se empieza por alardear de célibe y se termina por negar que la Tierra es redonda, o se consagra el pan y el vino al dictador de turno. La historia de la iglesia católica demuestra que no hay alucinógeno más potente que la represión sexual. Parece mentira que estos infalibles no sepan que una felación a tiempo, un por qué no aquí y ahora y que nos escuchen los vecinos, y hasta retozar en solitario invocando la pagana sabiduría de Onán son el mejor remedio para no confundir molinos con lisérgicos gigantes. Sin embargo, la Curia romana, adicta a las drogas duras y reaccionarias, suele doblar la apuesta y aumentar la dosis del potente psicotrópico: prefiere beatificar por la vía de apremio al burguesote monseñor Escribá de Balaguer —de la brigada antifornicio—, infiltrarse entre los disidentes jesuitas o arrinconar a sus hijos más obreros y menos apegados al boato, el patrimonio, los tejemanejes y las cuentas corrientes romanas. ¡Y pensar que todo esto empezó con unos pescadores galileos!

Cuesta abajo

Se avecina el ocaso de la tiara. La iglesia católica presenta una pirámide poblacional invertida, además de fuertemente italocrática, y eso no hay Estado que lo resista. Los adocenados gobiernos europeos, pese a sus reticencias, debieron abrir sus puertas a la inmigración: los sistemas de pensiones y sus jardines de infancia necesitaban activos. Algo similar sucedió con los muy machitos ejércitos, que ante la crisis vocacional de héroes patrios, primero se profesionalizaron y luego reconocieron que la mujer o los homosexuales matan y torturan igual de bien que un hombre viril. Por tanto, es una cuestión de tiempo que las mujeres oficien misas como pegan tiros en Irak, lideren diócesis como presiden gobiernos en los países escandinavos o manejen el Vaticano como dirigen multinacionales a lo Hewlett Packard. Asimismo, pronto los curas homosexuales cometerán diabluras públicas similares a las del díscolo alcalde de Berlín y se reconocerán discípulos de George Michael o Morrisey. Tampoco falta mucho para que los obispos y cardenales se animen a probar el matrimonio, y pidan luego a gritos el divorcio o se quejen del régimen de visitas y de las custodias. También llegarán las monjas que tengan un descuido mariano con el santo espíritu y padezcan en carne propia la angustia de si abortar o no, incluso se volverán lectoras compulsivas de la feroz Elfriede Jelinek. Pero habrá que esperar: Jorge Bergoglio, el arzobispo porteño, puede ser papable.(10) Una de las conocidas aficiones de Bergoglio es censurar y clausurar exposiciones de arte, como la de León Ferrari. Bien mirado, quizá estos pasos reaccionarios de la iglesia aceleren su decadencia.

En España, los vientos apuntan a que se desatará lo que ataron Isabel y Fernando. Para ello los nacionalismos, apoyados desde los púlpitos, propugnan el referéndum como instrumento decisor. Se me ocurre: ¿por qué Juan Pablo II no convoca a los suyos para que voten si quieren normalizar sexualmente la institución? Si la iglesia asumiera el reto otro gallo le cantaría al mundo y asistiríamos a un renacer espiritual. Predicar con el ejemplo quizá sea mucho pedir... En cualquier caso, más difícil era que el camello del capitalismo pasara por la aguja de la costurera china, y ya casi nadie duda de que el dragón campará a sus anchas por el escenario mundial dentro de poco.

Sin freno

No sé cuál es la Verdad ni me importa, pero sé que desconfío de ese dios supersticioso, celoso y cruel y de sus célibes predicadores homófobos, machistas, antiabortivos y antidivorcio. La historia me avala. Como respuesta a las enseñanzas de los antiguos egipcios o del magisterio de Eratóstenes, los católicos fueron capaces de negar que la Tierra era redonda o que se movía; y achicharraron a Giordano Bruno, casi a Galileo y diseñaron la Inquisición. Como respuesta a la revolución francesa —sí: igualdad, libertad y fraternidad—, o a la revolución industrial, o a Marx, o a Darwin, Pío IX se invistió de la infalibilidad, atributo esnob y totalitario se mire por donde se mire. Como respuesta a la astronomía, la historia, la antropología, el psicoanálisis, las nuevas biotecnologías o la investigación sobre los genes, todavía siguen apareciendo inverosímiles curas medievales, travestidos con alzacuellos y sotana apolillada, que hablan del fundamento antropológico del Génesis y de la imposibilidad del matrimonio homosexual.(11) Las risas extraterrestres se confunden con la radiación cósmica: la religión es algo mucho más serio, más plural, más en consonancia con el orden cósmico al que pertenecemos y que apenas conocemos. Los antiguos ya lo sabían: Aristófanes, Pitágoras, Platón, Sócrates, Herodoto, Cicerón,... Entre los modernos nos salvan psicoanalistas como Jung o mitólogos como Joseph Campbell.

El hombre, ser hecho de expectativas y temeroso de su libertad, apostado en el jardín de los senderos que se bifurcan, tiene en la mano elegir su futuro, sin necesidad de supersticiosos intermediarios divinos que lo condicionen. Los preceptos morales de las iglesias son válidos para quienes las integran, pero no para quienes viven al margen de sus delirios transnacionales, esa peligrosa convicción de pueblos elegidos y su necesidad de incentivar los monopolios espirituales. Como escribía Javier Sádaba, esta humanidad necesita menos miedo y más pasión por conocer lo que somos, necesita una moral plural, en expansión y a la altura del tiempo que vivimos.(12) Hay que atreverse a existir, como pedía Witold Gombrowicz. Debemos ser audaces para saber. Conociéndonos mejor estaremos en el camino de saber quién es Dios. Eso suscribían Sexto o Clemente a principios de nuestra era. Algo parecido rezaba una inscripción aún más antigua de un templo griego o enseñaban los maestros antiguos.

Buscadlo tomándoos a vosotros mismos como punto de partida. Averiguad quién hay dentro de vosotros mismos que se adueña de todo y dice: «mi Dios, mi mente, mi pensamiento, mi alma, mi cuerpo.» Averiguad las fuentes del pesar, del gozo, del amor, del odio, del despertar aunque no queráis, y del sueño aunque no queráis dormir, y del enfado aunque no queráis enfadaros y del enamoramiento aunque no queráis enamoraros. Si investigáis cuidadosamente estas cuestiones, lo encontraréis en vosotros mismos.

Monoimo, sabio gnóstico.

Amén.

Arriba

 













[ Referencias ]

Cita de Buda:
Carta de Jesús al Papa, Fernando Sánchez Dragó.
Editorial Planeta, Barcelona, 2001.

Cita de S.R.:
La religión y el futuro del hombre, Sri Radhakrishnan.
Editorial Guadarrama, Madrid, 1969.
Traducción de Ángel Alcalá.

(1) Celso, escribió el Discurso veraz en el 170 d.n.e, crítica al cristianismo:

¿Son estos sucesos distintivos exclusivos de los cristianos, y, si lo son, qué los hace exclusivos? ¿O los nuestros deben considerarse mitos mientras hay que creer en los suyos? ¿Qué razones dan los cristianos para explicar el carácter distintivo de sus creencias? La verdad es que no hay nada extraordinario en lo que creen los cristianos, excepto que creen en ello con más exclusión de verdades más exhaustivas sobre Dios. (pág. 44).

Muchas de las ideas de los cristianos las han expresado mejor —y antes— los griegos. Detrás de estos puntos de vista hay una doctrina antigua que ha existido desde el principio.

(fragmentos extraídos de Los misterios de Jesús, Timothy Freke y Peter Gandy.)

(2) y la cita de Monomio:
Los misterios de Jesús
, Timothy Freke y Peter Gandy.
Traducción de Jordi Beltrán.
Editorial Grijalbo, Barcelona, 2000.

(3) La divina Cecilia (una interpretación del infierno), Abel Gilbert.
Editorial Norma, Buenos Aires, 2001.

(4) El autoritarismo y la improductividad, José Ignacio García Hamilton.
Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991.
pág.59

(Nota: algunos de los fotogramas del documental Escuadrones de la muerte: la escuela francesa, de la historiadora francesa Marie-Monique Robin (2003), ilustran también las estrechas relaciones entre iglesia y dictadura. Allí se puede ver a los generales Videla o Massera cómo juran sus cargos por los «santos evangelios», o una entrevista donde Díaz Bressone, acompañado de una virgen y un crucifijo, explica los escabrosos detalles de la guerra contrarrevolucionaria. También hay una entrevista con dos soldados que hablan de la complacencia y la justificación moral de la iglesia argentina a las torturas y las desapariciones en tiempos del Proceso. Un documental interesantísimo.)

(5) y (8)
Los pliegues de la tiara. Los papas y la iglesia del siglo XX, Fernando García de Cortázar y José María Lorenzo Espinosa
Alianza Editorial, Buenos Aires, 1992.

(6) Documental de National Geographic sobre el Wheaton College y el Jefferson High School.

(7) Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano
Editorial Catálogos, 22ª edición, Buenos Aires 2003.

(9) Telefonía UMTS. La Misa del Gallo del Papa, por 'videofonino'
El Mundo, versión electrónica, 24/12/04.

(10) La Nación, 24/12/04, pág. 19.

(11) Los obispos lanzan una campaña contra el matrimonio gay
El Mundo, versión electrónica, 10/12/04.

Mediante el díptico "Hombre y mujer los creó", una frase del Génesis que, según la Conferencia Episcopal, pone de relieve "la base antropológica fundamental" del matrimonio porque "todo matrimonio adecuado a la razón y a la naturaleza del ser humano tiene esa característica fundamental" que garantiza "la supervivencia biológica, espiritual y moral de la Humanidad". ( Juan Antonio Martínez Camino, secretario general de la Conferencia Episcopal.)

(12) Hombres a la carta. Los dilemas de la bioética, Javier Sádaba y José Luis Velázquez.
Editorial temas de hoy, Madrid, 1998.

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León Ferrari