Editorial

Antígona o la elección

El pelícano, o la destrucción

Entrevista a Alejandro Jornet
, dramaturgo

 


 


 

 

 

ENTREVISTA a alejandro Jornet

«Tenemos opción de elegir,
pero con una estructura
mental condicionada»

Con Retrato de un espacio en sombras, Alejandro Jornet ganó varios premios de dramaturgia. Aquí, los diálogos y monólogos de tres hermanos y sus parejas ponen de manifiesto las consecuencias de una niñez nefasta. El autor conversó con teína sobre la familia y sobre las experiencias personales de las que se nutren sus obras. Los textos de Alejandro Jornet, y su particular manera de llevarlos a escena, muestran una conexión muy profunda con el imaginario del tiempo que vivimos.

 

Por Alejandra Garrido Buzeta
alejandramelfi@yahoo.com

 

Además de director, dramaturgo y actor, Alejandro Jornet enseña interpretación en la Escuela de Arte Dramático de Valencia. Gran parte de su abundante producción teatral la ha llevado a escena con su compañía Malpaso, que, lamentablemente, se despidió de los escenarios el año pasado con Augustus Monk a punto de perder la memoria. Gracias a esta obra, Alejandro obtuvo el premio Max Aub 2004 de las artes escénicas al mejor texto dramático. Sin embargo, éste no ha sido el único reconocimiento que ha obtenido durante su trayectoria; con Retrato de un espacio en sombras obtuvo el premio de dramaturgia Enrique Llovet en 1996 y ganó el premio de la crítica de Valencia en 1998. Asimismo, la obra, montada por Malpaso, fue muy bien recibida en España y México.


Retrato de un espacio en sombras muestra cómo una niñez nefasta influye en las relaciones que mantienen las personas adultas. Los personajes —tres hermanos y sus respectivas mujeres— reflexionan a través de diálogos y monólogos sobre su vida. Piensan con una claridad tan escalofriante que al espectador no le queda más remedio que enfrentar sus recuerdos ante la cotidianidad de estos personajes.


Pese a estar contada en fragmentos, como los recuerdos, la historia sigue un cierto orden en los acontecimientos. En la primera parte, los personajes se presentan a través de monólogos y escenas breves. De esta manera el espectador se entera de cómo ha sido la infancia y la relación con los padres de cada uno de ellos. Por ejemplo:

2. (hermano del medio):

Una infancia infeliz no es nada extraordinario. Se olvida casi todo.
Los nombres se olvidan. Los rostros se olvidan. Los que no se olvidan se confunden.
Las sensaciones permanecen. Pero mentidas, falseadas.
El recuerdo es un fraude.
El olvido también.
Haber sido desgraciado no es nada extraordinario.
Mi padre se dormía de pie. Roncaba como un cerdo y se tiraba pedos.
No bebía, no fumaba. No se reía.
Lo recuerdo por el miedo, sobre todo por el miedo.
He olvidado su voz. Pero no el miedo que provocaba

3. (hijo mayor)

No sé, me temo que,
Lo mismo que mi padre, me he convertido en una especie de patriarca.
Y que, igual que él, me siento excesivamente orgulloso de las escasas dificultades que viví en el pasado.
Y supongo que del mismo modo, someteré a mis hijos a mi personalidad y a mis recuerdos de juventud.


ENTREVISTA

En la cálida charla que Alejandro Jornet mantuvo con teína habló de la obra, de sus motivaciones para escribirla y de su categórica visión de la familia:


¿Por qué escribiste Retrato de un espacio en sombras?

Supongo que lo llevaba en la cabeza desde siempre. Quería escribir algo sobre lo que más me ha marcado en la vida: la familia. Incluso antes, cuando escribía de una manera más convencional, siempre aparecía la figura del padre como uno de los personajes. Mi familia es muy especial: castradora y frustrante. Mi padre era —es— un personaje enfermizo, violento con la familia. Hemos vivido siempre un ambiente extraño, tenso, de disputas, de malos tratos y de todo lo que eso provoca: diez hermanos que nos peleamos entre sí, que intentamos llamar la atención, etcétera. De hecho, rompí las relaciones con mi padre a los 33 años. Ahora voy a cumplir 48 y aún noto que la niñez y la adolescencia siguen dando coletazos.

En el verano de 1996, de repente, me puse a escribir esto. Sentí que ya había tomado suficiente distancia respecto de mi familia: lo cercano te provoca rabia o asco, o mucho amor, o mucho odio... Surgió, además, con una forma extraña en cuanto a la escritura; sin embargo, esa forma se convertiría en habitual para mí. Aunque hablar sobre la familia era lo más importante, necesitaba distanciarme para sentirme cómodo y poder abordarla. Me salió mucho mejor de lo que pensaba: no había una estructura inicial y no aparecía la figura del padre —él está siempre presente pero no aparece en ningún momento—. Sin planteármelo previamente, Retrato... habla de cómo afecta el concepto de familia a tres hijos, o mejor dicho, de cómo algo que en ningún momento se verbaliza y que impregna el ambiente —la enfermiza omnipresencia del padre— les dificulta sus relaciones adultas. Al inicio de la obra presento a los tres hermanos y a sus novias y trato de mostrar hasta qué punto les ha afectado la enfermedad que les han transmitido. Todos están enfermos, incluso ellas, que también tienen problemas familiares —no quería una obra esquemática donde las chicas son normales y los chicos enfermizos—.

En realidad, todos estamos ya enfermos de una manera u otra debido a la marca de la familia. He conocido a muy poca gente cuya relación con los padres haya sido maravillosa. La mayoría estamos muy tocados por lo que pasó en nuestra vida cuando éramos niños. En mi caso, no tener hijos tiene que ver, entre otras cosas, con esto. Me parece injusto que por inconsciencia o por falta de preparación tengas hijos —en el caso de mi familia diez—, sin tener ni puta idea de qué quieres hacer con ellos. Dices: «Yo hago lo que me salga», sin pensar que estás jodiéndole la vida a diez personas por tu estupidez, por tu egoísmo. En Retrato de un espacio en sombras quería hablar de eso, pero sin acritud. En la obra hay una cierta dureza pero no un tono machacante, hay un «Bueno, esta es la vida»; y, de hecho, termina cuando el hijo mayor vuelve a empezar el ciclo. El final es terrorífico. Después de lo que has visto, él vuelve a iniciar el ciclo y realiza las mismas barbaridades que su padre.


¿Por qué hiciste ese final? ¿Piensas que no tiene salida?

Soy tremendamente pesimista cuando miro a la gente que se casa, que repite los mismos esquemas y sigue ciertas inercias sociales: tengo una edad, estudio, me echo un novio, me caso, tengo hijos, etc. Y lo consideran natural. Sin embargo, natural no es nada en el ser humano. Con la inteligencia, los hombres hemos modificado muchas leyes naturales, aunque no para mejor. Tener una familia, tener hijos, estructurar tu vida en una dirección u en otra debería ser una elección, y para ser una elección tendríamos que tener todos los conocimientos, tendríamos que tener la seguridad de que todas las posibilidades fueran igual de correctas; sin embargo, socialmente, no es así: lo normal es que te cases y tengas hijos. Hay una tendencia en el ser humano a emparejarse con alguien, pero de ahí, del hecho de emparejarte con alguien por atracción o por deseo de compartir la vida, a crear una familia hay un salto que para mí no es natural sino artificial: la sociedad te conduce hacia ahí. Y la mayoría de la gente ni siquiera se plantea si eso es lo que quiere.


¿Cuando la escribiste ya pensabas en cómo la ibas a poner en escena?

Cuando escribo no pienso en las puestas en escena. Nunca pienso en nada: escribo palabras, diálogos, monólogos, sensaciones; pero no tengo idea de cómo se va a montar eso.


Cuéntanos de la puesta en escena. En las referencias del montaje se habla de «fotografías de un álbum familiar» ¿Qué hay de eso?

La puesta era muy esencial: una rampa blanca y un fondo blanco con dos ventanitas marcadas y una puerta en el centro, y a la derecha de la rampa había una pequeña tarimita, donde el hermano mayor y su mujer jugaban al ajedrez. Y sí, había referencias a las fotografías: el montaje arrancaba con el sonido de una cámara fotográfica que se oía en una escena de movimiento. Esa referencia se repetía en la segunda parte, cuando los seis personajes hablan en una reunión familiar —esa escena la planteamos con una mesita donde las dos chicas menores preparan una ensalada y conversan, mientras la otra las observa—. Los diálogos se intercalan con reflexiones que hacen las chicas —pensamientos en voz alta— sobre el alcoholismo, el desastre de la vida o sus parejas. Para esas intervenciones se detenía la escena, es decir, estaban allí discutiendo y, de repente, se paraba la escena con un sonido de cámara, como de fotografías de una reunión familiar. Entonces la que hablaba contaba los pensamientos mientras toda la escena permanecía congelada como en una foto. Esa idea se mantiene a lo largo de la obra y es la que cuenta el hermano mayor en el último monólogo: la historia de las fotos que se repiten cada año. Y esa sensación queda de la obra: momentos, fotos, un álbum familiar; sin embargo, los momentos son bastante trágicos, bastante dolorosos en general.


¿La manera en que escribes ahora se acerca más a cómo vivimos y a cómo se desarrollan nuestros pensamientos, con escenas sueltas y recuerdos fragmentados?

Precisamente, a partir de El retrato... encontré esa manera de contar. Hacía bastante tiempo que las historias lineales ni me convencían ni me interesaban ni me gustaban; y pensaba: la vida no es así, la vida no es historia. Rodrigo García —dramaturgo y director de la Compañía La Carnicería— decía: «A nadie le pasan historias». En la vida se mezclan las relaciones, nadie puede contar un día de una manera lineal; y menos cuando lo recuerdas. Cuando recuerdas lo que te sucedió lo haces de manera completamente confusa, mezclada... La memoria no es lineal y la vida no es lineal. En El retrato... intenté captar la sensación de qué me importaba a mí de la familia. De todos modos, sí hay también un aspecto temporal, es decir, tras la presentación de los personajes y decir cómo viven, qué sienten y tal, dentro de esa vida cotidiana se desencadenan acontecimientos. En un momento, debido a la decisión de la chica más joven —la novia del hermano menor—, de marcharse, se desencadena una serie de acontecimientos. Eso también es importante en esta obra: observar cómo alguien toma una decisión y ésta provoca un efecto dominó. Casi nunca tomamos decisiones y preferimos dejarnos todas las puerta abiertas. Nos dan miedo los cambios y nos dejamos llevar por el río; sin embargo, la vida es elegir caminos. Cuando alguien toma una decisión ésta provoca otras. Por eso, cuando uno de los personajes toma una decisión, el otro decide largarse, el hermano mayor se siente impotente, etcétera.


¿Nos condiciona que a mucha gente le pase lo mismo? ¿Por eso aceptamos lo que nos sucede como algo normal y llegamos a creer que la infancia fue feliz, porque lo vivido entonces fue normal?

Me aterra que figure que lo pasaste bien, pese a que ya te colocaron una serie de cosas dentro que te dificultarán muchísimo la vida. Los árboles nacen a partir de sus raíces. Si luego los podas, les haces injertos, etc. puedes cambiarlos cuanto quieras; sin embargo, la base y el tronco no puedes tocarlos porque se mueren. Nos endiñan esas raíces y ese tronco de pequeños, y eso nos acompaña toda la vida. Ahí es donde no hay conciencia por parte de los padres. Por eso, entre otras razones, no tengo hijos: porque no estaría tranquilo ni relajado, estaría constantemente pensando si los voy a traumatizar. Soy muy consciente de hasta qué punto te marcan los padres. Mi caso es exagerado: mi padre me pegaba...; eso tiene muchas repercusiones negativas y te afecta en tus relaciones con los demás. En una época, eso era normal en España, ahora ya no. Resulta curioso pensar que la historia de mi carácter ni siquiera la he elegido, sino que me ha venido por las hostias que me ha dado mi padre. Ni siquiera he tenido opción de ser de otra manera. Cuando eres pequeño lo único que no te puede fallar es la familia, porque es lo único que tienes y que conoces. Tus padres no te pueden fallar. Si lo hacen, algo se rompe dentro de ti para el resto de tu vida. Entonces desconfías de los demás y buscas la destrucción, porque sabes que todo se destruirá. Esto es lo que me lleva a escribir.

En el caso de Retrato..., el padre no es culpable de que el hermano menor se suicide: aquí no hay culpables. Sin embargo, creamos un clima de mierda, del que la gente sale como puede, y luego no hacemos más que estupideces. El libre albedrío es bastante relativo. Sí, tenemos opción de elegir, pero con una estructura mental condicionada.

 

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