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entrevista a Antonio Álamo

«Mi familia ideal tendría
rasgos africanos»

 

Por Rubén A. Arribas
revistateina@yahoo.es

 

Este cordobés nacido en 1964 parece coleccionar premios. Aunque ha ganado varios en el terreno teatral —el Borne, el Marqués de Bradomín o el Tirso de Molina, por ejemplo— y dirige el Teatro Lope de Vega de Sevilla, Antonio Álamo prefiere definirse como escritor de ficción antes que como dramaturgo, novelista o cuentista: lo suyo es tratar con personajes, y no con ideas puras, señala. Con sus novelas tampoco le ha ido mal en los concursos. En 1996, ganó el Lengua de Trapo con Breve historia de inmortalidad y, recientemente, el Premio Jaén con El incendio del paraíso. Como este número se lo dedicamos a la familia y a él se le da bien imaginar diálogos, situaciones y escenarios, le pedimos que, además de charlar sobre literatura, nos contase cómo imagina a las familias del futuro.


[ Dramaturgia familiar ]

— (...) Mira, aquí lo tenemos, Huxley dice, escucha, escucha con atención porque no tiene desperdicio: «Vivimos juntos y actuamos y reaccionamos los unos sobre los otros, pero siempre, en todas las circunstancias, estamos solos. Los mártires entran en el circo cogidos de la mano, pero son crucificados aisladamente. Abrazados, los amantes tratan desesperadamente de fusionar sus aislados éxtasis en una sola autotrascendencia, pero es en vano. Por su misma naturaleza, cada espíritu está condenado a padecer y gozar en la soledad. Las sensaciones, sentimientos, intuiciones, imaginaciones y fantasías son siempre cosas privadas y, salvo por medio de símbolos y de segunda mano, incomunicables. Podemos formar un fondo común de información sobre experiencias, pero no de las experiencias mismas. De la familia a la nación, cada grupo humano es una sociedad de islas.» Y ahora, ¿quieres calmarte? He traído la farmacia conmigo. Tengo ácidos, éxtasis, marihuana, hachís y un par de cápsulas no identificadas. ¿Qué prefieres?

—Quiero cortarle los huevos al hijo de puta que se ha meado esta noche en mi cama.

(¿Quién se ha meado en mi cama?, pág. 114)


En ¿Quién se ha meado en mi cama?, los personajes gente joven que se deja llevar, que no hace nada y vive en casas okupas londinenses cuando alegan contra el mundo no suelen referirse a la familia. ¿Es algo relacionado con la sociedad inglesa?


No, más bien con los personajes de ese libro, que son gente que ha cortado con todos los mundos: el laboral, nacional, familiar, etc. No obstante, recuerdo al menos en un par de cuentos en los que el eco paterno se hace audible: en No me digan que no, por ejemplo.

En tu obra de teatro Pasos, te refieres a la imposibilidad de los ancianos para vivir solos y la tensión que esto genera en los hijos. ¿Es uno de los problemas más importantes de las sociedades del bienestar, donde la esperanza de vida cada vez resulta más elevada?

Sin duda. Pero ahí están los inmigrantes, los ilegales sobre todo, que rejuvenecen nuestras calles. ¡Menos mal! Europa, que tiene sublimada la juventud, es una sociedad de viejos. Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces, por hacer uso de una frase hecha. No obstante, en España —y en los países mediterráneos en generalhay una cohesión familiar mayor que en otros países europeos. Como es bien sabido, aquí todo el mundo anda enamorado de su madre. La cosa edípica se lleva en la sangre. Así que los viejos están más o menos a salvo. La madre por lo dicho, y el padre porque, a fin de cuentas, ha desempeñado, en general, con una dignidad apreciable, el difícil papel de ser el amante de la madre del hijo.

También examinas en Pasos el siempre complicado vínculo entre hija y madre. ¿No hay lugar como la familia como escenario para el conflicto?

Todos los conflictos tienen lugar en la mente: después se proyectan en lo familiar o en Irak.

El legado de cuarenta años de dictadura y educación represora, ¿te parece que sigue siendo el elemento que crispa las relaciones entre generaciones, o eso ya está superado?

Son éstas consideraciones sociológicas, en las que no soy un experto. Pero mi impresión es que no hay crispación entre generaciones y que, de haberla, no se puede responsabilizar de ello a la momia de Francisco Franco ni a la educación represora.

En España, la familia goza aún de tintes de institución sacra y bendecida por un ser divino judeocristiano. ¿Está en crisis la institución familiar española, tal y como nos dicen?

No al contrario, ha cambiado de forma, se va adaptando a un ambiente más decididamente promiscuo y se encuentra inmersa en la religión consumista. La gente de la Iglesia mantiene sus posturas más por una cuestión de folclore que de convencimiento. Es obvio que ni siquiera sus miembros están convencidos de tesis que la realidad biológico, psíquica y social contradice.

¿Cómo imaginas la familia española del futuro?

Parafraseando a Tolstoy: todas las familias felices lo son de una forma más o menos parecida, las desgraciadas lo son cada una a su manera. La familia ideal, para mí, tendría rasgos africanos: responsabilidad compartida del sustento de los cachorros, todos los hijos son de todos, incestos a mansalva, pero sin hacer tragedia griega de ello.


[ Deformación teatral ]

Una de las pocas cosas ciertas que he aprendido ejerciendo mi oficio es que todo personaje —y, por ende, todo ser humano— no quiere sino salvarse. Más allá de nuestras fuerzas luchamos por no sucumbir, por no ser derrotados antes de tiempo. Aún más: queremos vivir con dignidad, es decir, con la felicidad de nuestra parte, y lo mejor que se puede decir de nosotros es que a veces lo logramos.

(Prólogo de ¿Quién se ha meado en mi cama?, pág. XX)


Normalmente se refieren a ti como novelista y consagrado autor teatral. ¿Qué te consideras: escritor, dramaturgo, novelista...?

Escritor. Por encima de todo escritor de ficción. Me gusta tratar con personajes más que con ideas o emociones puras.

¿Consideras un tópico literario aquello de que los novelistas no saben escribir diálogos porque no estudian dramaturgia?

La excelencia de un dramaturgo no consiste en escribir buenos diálogos. Lo de dialogar bien o mal tiene que ver más con el oído que uno tenga para los diálogos, lo que resulta una tautología, pero así es. El drama, que etimológicamente proviene de la palabra griega 'acción', trata de lo que el héroe quiere conseguir y qué hace para conseguirlo. Es decir, del hacer de los personajes y de la estructura que vertebra esas acciones.

¿Qué características tiene la escritura teatral de las cuales adolece la escritura narrativa?

La novela es un género magmático en el que, a priori, cabe todo: el ensayo, la poesía o el drama. En el drama sólo cabe el drama, y a veces ni siquiera eso. En una hora y media tienes que darlo todo: construir personajes y adivinar sus destinos. La novela se rige por el estilo; el drama por la acción, y de cómo vertebras la acción proviene la estructura, que es lo que el estilo a la novela.

¿Cuáles crees que son las falencias típicas de los dramaturgos que incursionan en la novela o en los relatos?

No incursionan demasiado. Al menos en España, no. La novela requiere de una disciplina que no es fácil alcanzar si estás conspirando en los ministerios o en las productoras.

Muchos consideran que leer teatro resulta aburrido. ¿Autores como Sarah Kane o Harold Pinter, por ejemplo, son capaces de sintetizar ese híbrido teatro - narrativo —llamémoslo así— y hacen que sea más fácil leer teatro?

Ninguno de los dos casos que menciones son narrativos en absoluto. La lectura de una obra de teatro o de un guión de cine requiere, en general, un esfuerzo imaginativo y una capacidad de decodificación mayores a los de la prosa narrativa.


[ Clínica literaria ]

Desde mi perspectiva de entonces —vehemente—, un escritor era un tipo que vivía con una intensidad especial; un tipo con una capacidad determinada para leer en el libro de la vida y meterse en follones y salir de ellos ileso y con las facultades intactas; alguien capaz de vislumbrar cierto orden en el caos y cierta luz en la oscuridad, y de volverse loco y hacer lo impensable para recobrar de pronto la serenidad en el acto de contarlo.

(Prólogo de ¿Quién se ha meado en mi cama?, pág. XII)

Trabajas como profesor en talleres de escritura creativa. ¿Qué le dirías a quienes consideran que escritor debe ser un iconoclasta?

De vez en cuando he dado talleres de escritura dramática. Pero no es un trabajo permanente. Son cursos de dos o tres semanas a lo sumo. El último lo di hace dos o tres años y el próximo lo imparto en octubre. Me gusta enseñar; disfruto haciéndolo. Reflexionando en voz alta sobre mi oficio, dando estrategias, intercambiando experiencias, analizando el modo de proceder de otros escritores y por qué desde hace 2000 años se cuentan las historias de determinada manera y no de otra, etc. No impongo criterios: por tanto, los alumnos pueden seguir definiéndose tal y como les parezca: iconoclastas o lo que sea. Las definiciones que un escritor da sobre sí mismo son un asunto secundario, trivial. No son cursos de autoestima sino de técnica dramática, que por supuesto se pude aprender. De hecho, uno jamás termina de aprender, porque no es un conocimiento absoluto sino que se encuentra en continua evolución, y ésa es una de las muchas cosas que hace que nuestro oficio sea fascinante.

Abundan los viajes en tu vida. ¿Qué vínculo se establece entre ellos y lo que escribes?

Enorme: tengo una novela y un libro de cuentos londinenses, una novela madrileña, otra romana, la última (que aparecerá en breve) es medio sevillana y medio cordobesa. Pero son éstos sitios en los que he vivido; no eran meros viajes. Aunque también he escrito algún libro de viajes y media docena de artículos sobre viajes concretos. Es fácil hacerlo, porque viajar y escribir son actividades que guardan cierto parecido. La intensidad de la experiencia, por ejemplo.

Las drogas aparecen en tus obras. ¿Qué hay de estos otros viajes dentro de lo que escribes?

He viajado mucho con sustancias psicoactivas. Y algunos de esos viajes tienen su eco en algunos fragmentos de lo que he escrito. En un par de ocasiones, más que un eco. Por ejemplo, en la obra teatral Caos.

Tu estilo suele aplicar la ironía como bálsamo sobre la tragedia. ¿Ese binomio de fuerzas anima todo conflicto?

La ironía puede valernos, como recurso, para distanciarnos de lo trágico. Pero la tragedia, aunque pueda tener algunos elementos que puedan ser percibidos por el sujeto de una forma irónica, tiene otra energía y otra significación.


[ España a escena ]

—Desde luego —dijo Ernest—, yo nunca he leído más que lo que me apetece, y no es desde luego nada como ese Kant lo que más me apetece. Jamás leo a esos autores que hasta el más idiota sabe que son buenos. Me parece una pérdida de tiempo sufrir durante horas para descubrir lo que sabe todo el mundo. Si tienes esa cara de perro pachón hijo de puta cabreado con úlcera de estómago es porque lees demasiado a los buenos autores. Pero volviendo al dinero, ¿os habéis fijado alguna vez en la expresión de la reina en las monedas de un penique?

(No me digan que no, pág.89)


Varios de tus libros se publicaron en Lengua de Trapo. No hace mucho cambiaste a Mondadori y editaste Nata soy. ¿Por qué ese cambio?

Por sintonía con un editor en un momento dado y por motivos económicos. Así que de Lengua de Trapo me fui a Planeta y de allí a Mondadori. Ahora acabo de ganar el Premio Jaén con mi última novela, El incendio del paraíso, y la sacará también Mondadori.

Algunos de tus libros se han editado en formato electrónico. ¿Qué aporta el libro digital frente al de papel?

Se arrasan menos bosques.

Según Juan Goytisolo, la mirada desde la periferia hacia el centro resulta siempre más interesante que la del centro respecto de la periferia, en alusión a los años pasados fuera de España y su polémica visión sobre ésta. ¿Compartes esa opinión?

Hum... En parte sí.

Sueles aparecer encuadrado en una suerte de nueva generación literaria. Lengua de Trapo editó no hace mucho Páginas amarillas, donde se reúne a muchos de ellos. ¿Son todos los que están? ¿Están todos los que son?

Algunos de ellos son mis amigos. A la mayoría los conozco ligeramente, pero me dan buen punto. Hay un par de capullos, naturalmente, como en todos sitios. Pero la media es más que aceptable.

Todo escritor que se precie señala que los premios suelen amañarse. ¿Hay tanta corrupción en el mercado literario como se cuenta?

Hay dos casos: los premios literarios institucionales, que deberían ser extremadamente escrupulosos (y a veces lo son y, otras veces, no tanto) y los de las editoriales privadas, que son formas de promover un determinado producto. En esos casos, el empresario privado adopta estrategias de mercado, lo que es perfectamente lógico. Ellos hacen la primera criba; luego decide el jurado.

¿Queda algún premio o reconocimiento que te gustaría alcanzar, además del de tus lectores?

Nunca me he negado a que me den un premio, pero de eso a hacerlo un objetivo premeditado... No. Tener un montón de lectores sí que me encantaría, pero como no es algo que dependa de mí, mejor para ellos, supongo.

[ Referencias ]

Pasos, obra de Antonio Álamo.
Montaje en Buenos Aires: Javier Echaniz
La Tertulia Cultural - Gallo 826 (barrio del Abasto)

Perfil de Antonio Álamo:
http://www.el-mundo.es/larevista/num84/textos/escri3.html

¿Quién se ha meado en mi cama?, Antonio Álamo.
Lengua de trapo, 1999.
http://www.lenguadetrapo.com/00038-NB-ficha.html

Páginas amarillas, varios autores
http://www.lenguadetrapo.com/00017-NB-ficha.html

Entrevista concedida a Noemí Montetes Mairal, para Literate World:
http://literateworld.com/spanish/2002/portada/may/w02/Satanas.html

 

 

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