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Luis Prado, de Señor Mostaza: «Hay que quitarle dramatismo a las reglas del negocio:
nadie te pide que formes un grupo y hagas canciones»



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LUIS PRADO, TECLISTA, CANTANTE
Y COMPOSITOR EN Señor MOSTAZA

«Hay que quitarle dramatismo
a las reglas del negocio:
nadie te pide que formes un grupo y hagas canciones»

 

Señor Mostaza es una excelente banda deudora de los Beatles que ejemplifica que talento y éxito comercial no van de la mano. A su alma mater, Luis Prado —colaborador habitual de Miguel Ríos o Fito&Fitipaldis— no le preocupa demasiado «la industria» ni pelear contra ella. Lo que importa, dice, es transmitir cada vez mejor lo que uno tiene para contar.

 

Juan Pablo Palladino
juanpabloteina[arroba]yahoo.es

Luis Prado (Alicante, 1972) ocupa esa posición que a los periodistas les gusta denominar como «líder» en un grupo de pop. Es decir: el tipo que compone y que lleva la voz cantante —en todos los sentidos de la expresión— en los conciertos y en la relaciones públicas de la banda, en este caso una de bajos recursos, pero altas fidelidades entre el público. En concreto, de la valenciana Señor Mostaza, que acaba de editar su tercer trabajo Somos poco prácticos y que, mucho menos por su calidad musical que por la lógica mercantil que mueve la escena, se enfrenta a la ardua labor de promocionarlo. Pero Prado prefiere tomárselo con naturalidad, casi con resignación, y disfrutar de su trabajo.

¿Y qué otra queda? Más vale poner el pecho y hacer lo que está al alcance de la mano de la forma más digna y gratificante. En su caso, eso da para mucho. Porque mientras, por un lado, desarrolla una carrera individual que le permite codearse en estudios y escenarios con gente de la talla de Miguel Ríos y Fito&Fitipaldis; por otro, aporta su toque artístico para garantizar que quienes asisten a las melodías de los Señor Mostaza terminen enganchados a un encumbrado pop con guiños a los Beatles y unas letras llenas de sentido. Esta banda conforma un ejemplo más de cómo el éxito comercial y la calidad artística suelen constituir una asociación fortuita, antojadiza, más bien aspectos discordantes.

Cuenta el mismo Prado en una entrevista que el exótico nombre que los presenta responde a «una traición» de su subconsciente «fan-friqui-beatle». Para que se entienda, lo tomaron del título de los Beatles Mean mister mustard, que significa Humilde Señor Mostaza, banda a la que los valencianos rinden tributo en cada compás de su música. Hace uno años, ofrecieron un concierto donde interpretaron de cabo a rabo Revolver, el clásico disco de Lennon y compañía. Respaldados por la voz de Prado y las armonías de su piano, el guitarrista Paco Tamarit, el bajista Alejandro 'Boli' Climent —ambos integrantes en los 90, junto al cantante, de The Flauters— y el batería Eduardo Olmedo, cumplieron con creces las expectativas del público. Hoy vuelven a sorprender con una nueva dosis de estimulante pop de cosecha propia.


TOCAR EN VIVO: UNA FIESTA

¿Qué rasgos diferenciadores destacarías en la evolución de Señor Mostaza en las etapas que van desde Pianofortte (2002) hasta Somos poco prácticos, pasando por Mundo Interior (2005)?
Bueno, trabajo con canciones; así que me cuesta ver rasgos evolutivos. Creo que, inconscientemente, me fui inclinando por hacer temas que al tocarlos en directo nos hicieran pasarlo aún mejor. En Pianofortte simplemente volqué canciones que estaban en mi cabeza. Por otro lado, puede que exista un cambio respecto a las letras: mis compañeros dicen que cada vez son mejores, y yo me dejo querer. Antes era bastante perfeccionista, hasta que Carlos Raya se hizo cargo de las producciones. Entonces dejé de serlo tanto y deposité mayor atención en intentar transmitir lo que quería, más que en el sonido o la ejecución perfecta.

Carlos Raya: un hombre con un currículo respetable [fundó Sangre Azul, M-Clan, produjo a Fito&Fitipaldis, entre otros]. ¿Cuánto incide un productor en la calidad de un disco?
El productor de un disco es como el director de una película: firma y se hace responsable del resultado final. Así que aquí cabe todo: desde el que tiene que contratar a otros músicos porque el grupo en cuestión no toca un carajo, al que simplemente oye lo que hay y decide cuál será la canción que abra el disco. Con nosotros, básicamente, Carlos hace de oído externo, te sugiere cosas de las que tú no te das cuenta porque estás demasiado metido en ello cantando, componiendo, tocando, haciendo arreglos, etcétera. Y tiene paciencia y conocimientos enormes de toda la parte técnica, las mezclas, el mastering, cómo sacar mejor sonido a los instrumentos, a la voz...

Para muchos grupos, los ensayos son momentos de intimidad donde lo que suele predominar es el juego, la improvisación. Incluso con resultados que, sin embargo, nunca llegan a grabarse.
Hay mucho de lo que dices. Con frecuencia, me ha preocupado que lo mejor se quede en el local. Esa fue una de las razones de interpretar el Revolver de The Beatles en directo: mostrar una cara más del grupo. Y luego está el hecho de que nosotros improvisamos mucho en los ensayos, y también intento que se cuele esa faceta en los conciertos.

Tienes un estilo de escribir irónico. ¿Falta un poco de este condimento en las letras exitosas de la escena actual, abunda el ñoñismo?
Más que tomar partido entre cinismo y ñoñismo, yo intento decir las cosas de un modo que a mí me parezca original y que me transmitan algo. El primer letrista que dijo «Sin ti me falta el aire», seguramente estaba siendo original. Claro que cuando lo oyes en 357 canciones, ya te empieza a resultar cansino.

A propósito, ¿por qué «Somos poco prácticos»?
Bueno, últimamente es una frase que me ha venido mucho a la cabeza, tiene que ver con el romanticismo en general, que no es muy práctico, y con la música en particular, que te llena la cabeza mucho tiempo y no es fácil hacer que sirva para algo.


SIN DINERO, EL PARAÍSO CUESTA

Hall Of Fame Records es el sello que os acompaña desde los inicios. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de trabajar con una casa modesta?
Básicamente: sin dinero es complicadísimo salir a flote, sobrevivir como banda. Por otro lado, Luis González es un gran amigo nuestro, y un gran tipo. Cuentas con la seguridad de que te va a ayudar en todo lo que pueda y que nunca te hará una putada.

«¡La industria musical está en crisis!», se desgañitan los apocalípticos. ¿Cómo sería una industria musical en estado saludable, en todo caso?
Supongo que una en la que prima la música…

En una entrevista contaste que no os sostenéis económicamente con los ingresos que os reporta Sr Mostaza. ¿Cómo salís adelante?
Bueno, tengo un trabajo de esos que llaman «estable», toco el piano en conservatorios de danza, y de vez en cuando requieren mis servicios para grabaciones de otros que sí viven de lo suyo.

Sólo para hacernos una idea: ¿cuántos discos han vendido de sus trabajos?
De Mundo Interior editamos dos mil, y prácticamente no quedan. Eso sí, en promoción se van unos cuantos. De Somos poco prácticos aún es pronto para hablar.

En alguna ocasión, has hablado de vuestra «peregrinación» por las discográficas y de la mala fortuna de no ajustaros a los «catálogos» del mercado. Da rabia pensar que los dueños del negocio condicionan los gustos, ¿no?
En realidad, la peregrinación fue más con el anterior disco; con este ya no quise repetir la experiencia. Los dueños del mercado, simplemente, intentan sobrevivir en un negocio que se acaba, y hacen lo que creen que les viene mejor a corto plazo para seguir teniendo beneficios.

Muchas profesiones tienen códigos de conducta o libros de estilo. ¿Algún principio ético para un músico de la mercantilizada sociedad actual?
No plagiar, básicamente.


LA RED: BESTIA NEGRA O HERRAMIENTA

Internet irrumpió en la escena como la bestia negra de muchos músicos y, sobre todo, de las discográficas. ¿Te preocupa la repercusión sobre el futuro de Sr Mostaza?
Para los que carecemos del empuje de un sello o de un management potente (vamos, que no somos potentes), internet se convierte a veces en la única forma de mantener y difundir lo que haces.

De hecho, hay quienes festejan estas posibilidades publicitarias y dice que eso obliga a tocar más en vivo.
Pues… algo de eso hay. La verdad es que la industria de la música no me preocupa demasiado; bastante tengo con lo mío.

Las nuevas tecnologías inciden en muchos procesos creativos. ¿Cómo te llevas con ellas?
Yo he sido siempre muy tradicional; de piano, acústica, baterías... Hace poco me compré un Mac como sustituto de un miniestudio, para maquetar y para pasarlo bien. Quizá fomente la creatividad, como otra herramienta más; pero, vamos, el que no tiene nada que decir ya puede estar tecnologizado a tope, que lo mismo da.

Las profesiones creativas se encuentran hoy demasiado mediatizadas por el mercado. Si se pretende defender los «estilos y posiciones propios», ¿queda otra opción que resignarse al arduo camino de la independencia?
Sí, dejar la música... A veces «el estilo y la posición propios» de uno coinciden con los de quienes manejan el cotarro, y va el propio mercado a buscarte; y todos tan contentos. Otras veces no es así, pero hay que quitarle dramatismo: nadie te pide que formes un grupo y hagas canciones.

 

 

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