Clic, la música que amansa al internauta

Luis Prado, de Señor Mostaza: «Hay que quitarle dramatismo a las reglas del negocio:
nadie te pide que formes un grupo y hagas canciones»





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Clic, la música
que amansa al Internauta

 

Un acordeonista noruego, Frode Haltli. La mezcla de rock sinfónico y doom metal de los suecos Cult of Luna. El orgullo de los uruguayos La Teja Pride. Las piruetas graves y ágiles de La Mujer Barbuda. Dysrhythmia, todo un ornitorrinco musical estadounidense. Y además: Isis, Hoarsebox, Sleeping People y Pornobot. Nueve opciones que internet ofrece para escapar de la monótona vida musical que ofrecen los (otros) medios de comunicación.

 


FRODE HALTLI. Irreverentes aproximaciones al silencio. La sigla ECM, en un disco, siempre alerta: «¡Cuidado: este álbum contiene matices!». Reconocido solista en música contemporánea, integrante de grupos de música de cámara, practicante de la improvisación —jazzera o no—, el acordeonista noruego Frode Haltli apela a dicha colección de virtudes para mezclar en Passing Images (ECM, 2007) irreverentes recreaciones del bagaje folclórico nórdico con interludios improvisados y composiciones originales. Maja Ratkje (autora de la pieza que da título al disco) en voz, Garth Knox (ex Arditti Quartet) en viola y Arve Henriksen en trompeta, completan la paleta tímbrica de un álbum audaz en el que esas tradiciones musicales tan distintas confluyen en íntima armonía con el silencio, en intima inteligencia con el silencio. [Pablo Contursi]

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CULT OF LUNA. Una banda de suecos. Si despertases en 2008 después de haber dormido veinte años (como Rip Van Winkle), ¿cómo contarte qué es Cult of Luna sin acudir a la pasmosa idea de una cruza entre rock sinfónico y doom metal? Este octeto sueco originario de la ciudad sagrada de Umeå (de donde proviene Meshuggah) heredó del rock sinfónico su gusto por los temas de larga duración, con partes repetidas hasta el cansancio; y del metal extremo, los rugidos del cantante —ásperos como los de un condenado que siguiese gritando después diez mil años de oscuridad en el infierno—. ¿Tempos lentos, armonías atípicas para el heavy metal? Ellos mismos se reconocen devotos de Radiohead. [Pablo Contursi]

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ISIS. Ambient y gritos. Como Cult of Luna —quienes los reconocen como influencia—, esta banda formada en 1997 hace coexistir, en temas con extensas partes instrumentales (mejor dicho, en los que no interviene cantante alguno), las guitarras y los death growls del metal más duro, con timbres que un metalero conservador rara vez se permitiría, más propios de un disco de Pink Floyd, o de la ambient music (género que Brian Eno definió sin referirse a la música sino a la disposición del oyente). Su segundo álbum, In the Absense of Truth, muestra al cantante usar la voz limpia por primera vez, y al grupo en general (y la batería en especial) muy cerca del sonido de Tool. [Pablo Contursi]

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HOARSEBOX. Dub, dub, dublineses. ¿La música pop es basura? O sea, ¿todo el pop es basura? Para rechazar esa afirmación, nada mejor que algunas cabales muestras de lo contrario: Depeche Mode, Duran Duran, Hoarsebox. ¿Y quiénes son estos Hoarsebox, pues? Son irlandeses, cantan bien, tocan bien, suenan bien, hacen buenos arreglos, hacen canciones pegadizas, y lo que les falta es ser la banda más famosa del mundo. Admiten (notorias) influencias de The Police y de los Chili Peppers (el bajista usa slapping); y en Do it to the Letter el cantante suena igualito a Simon LeBon, y el piano de la estrofa de No Pants Island se parece bastante a Notorious. En su MySpace regalan los seis temas de su EP Cuckooland. [Pablo Contursi]

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LA TEJA PRIDE. Orgullo y hip hop. Adoptaron el nombre de un barrio montevideano y apostaron por el hip hop. Todo un reto para esta banda uruguaya que nació hace diez años en un ambiente rockero y hostil, y donde el sonido urbano solía ser de importación. Los chicos de La Teja Pride cultivan «un hip hop anti ortodoxo en el que el cambio es la única constante». Y esto se aplica a su música y sus integrantes, que coquetearon (artísticamente) con los miembros de Contra Las Cuerdas y Barragán para lanzarse a una aventura llamada Oeste Pro-Funk. Pero lo bueno empezó en 2003. Desde entonces recibieron varios premios, lanzaron unos cuantos álbumes y lograron hacerse un hueco en la ciudad del 4/4. [Laura Caorsi]

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SLEEPING PEOPLE. El sueño de la razón produce polimetrías. ¿Qué pasa cuando a un grupo de personas se lo somete a una exposición prolongada a Frame by Frame y Three of a Perfect Pair, de King Crimson? La respuesta es: Sleeping People. En Wikipedia se los califica con el confuso término math rock, género absurdo que incluye —allí se afirma— a la música compuesta en métricas distintas al 4/4 (como si el número 4 fuera menos matemático que los otros). En fin, haciendo a un lado estas disquisiciones, digamos que esta banda californiana de rock instrumental progresivo se formó en 2002, tiene dos discos editados (Sleeping People y Growing), y se divierte muchísimo zapando para componer. O eso parece. [Pablo Contursi]

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LA MUJER BARBUDA. Mi bajo quiere asesinar a tu chihuahua. La distorsión y la disonancia no suelen ir juntas en las preferencias de las multitudes. La distorsión puede acentuar una disonancia o crear tensión en la consonancia; y, según la circunstancia, una misma combinación de sonidos puede ser disonante o no: el momento de una disonancia altera el modo en que se la percibe. Y ¿no es la música la ciencia de medir con sonidos los momentos? En Música para cuando aparece un monstruo, este cuarteto argentino gruvea, improvisa y arma riffs sin miedo a la distorsión rockera ni a la disonancia jazzera: con la soltura del bebop y la contundencia del rock progresivo. Lidera, compone los temas y toca el bajo: Franco Fontanarrosa. Improvisan: todos, sin un segundo desperdiciado. [Pablo Contursi]

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PORNOBOT. Otros extremos del rock. Si dijera que Pornobot está integrado por ex compañeros de escuela de los muchachos de Meshuggah, si contara anécdotas sobre cómo degollaban cabras, comían sesos de ardilla y se bañaban en sangre de pato en rituales de magia negra, pocos lectores desconfiarían. ¿Acaso el metal extremo no empañó en ocasiones la música con estas y otras ridiculeces? ¿Y no es cierto que ambas bandas comparten una sintonía, que cualquiera atribuiría a un origen común? A ninguna de las dos, sin embargo, le interesa escandalizar a madres o asustar a obispos, salvo con su creatividad y virtuosismo. Supercomplejo, superpesado, tres temas alcanzan para ubicar a este dúo de guitarra y batería en lo mejor del rock argentino actual. [Pablo Contursi]

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DYSRHYTHMIA. La venganza de los ornitorrincos. Dicen que cuando los primeros europeos vieron un ornitorrinco en Australia lo entendieron como un compuesto de otros animales: pico de pato, patas de nutria, cola de castor. Dysrhythmia, trío instrumental nacido en 1999 en Philadelphia, sería una especie de bestia con alas de Nirvana, garras de Anthrax y cuernos de King Crimson. ¿Es posible el hardcore progresivo, vale decir: la complejidad y el ruido —en convivencia sin mutuo detrimento—? ¿Es posible semejante quimera? Barriers and Passages (2006), según un crítico: «el disco que Sonic Youth hubiese grabado de haberle interesado más el heavy metal» y «que Slayer hubiese grabado si hubieran sido unos ‘nerds’ de colegio de arte», parece indicar que sí. [Pablo Contursi]

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