Invitación a la lectura

Si sólo muevo los labios, ¿quién habla?, por Rafael Reig

Lecturas

El libro de Judith y Apuntes/Luces que a lo lejos, de Alberto Spunzberg

Poesía completa, de Manuel Vázquez Montalbán

La balumba

Mario Levrero, Alberto Olmos, Mercedes Cebrián, Natalia Carrero y Carlos Labbé

Tintalabios

Yuri Herrera:
«Si uno va a intervenir la página en blanco, debe saber para qué»

Vicente Luis Mora: «Muchos autores ya no escriben sus novelas, sino que las diseñan; y su único límite son las cubiertas del libro»

Luis Valenzuela:
«El mundo no da mucho lugar para el optimismo, pero la literatura salva»



Vicente Luis Mora exprés

Córdoba, 1970. Ejerce la crítica en marcha en su blog Diario de Lecturas, y es crítico de revistas como Ínsula, Quimera, Mercurio, Archipiélago, Clarín, Puerto y Cuadernos del Sur.

En la actualidad dirige el Centro del Instituto Cervantes en Albuquerque (New Mexico, EEUU).

Cuentos

Subterráneos (DVD, 2006)

Novelas

—Circular 07. Las afueras (Berenice, 2007)

Ensayos

Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual (Bartleby, 2006)
Pangea. Internet, blogs y comunicación en un mundo nuevo (Fundación José Manuel Lara, 2006)
La luz nueva. Singularidades de la narrativa española actual (Berenice, 2007)
Pasadizos. Espacios simbólicos entre arte y literatura (Páginas de Espuma, 2008)

Poemarios

Texto refundido de la ley del sueño (1999)
Mester de cibervía (Pre-Textos, 2000)
Nova (Pre-Textos, 2003)
Autobiografía. Novela de terror (Universidad de Sevilla, 2003)
Construcción (Pre-Textos, 2005)

Premios

—Arcipreste de Hita, por Mester de cibervía
—Andalucía Joven de Narrativa 2005, por Subterráneos
—Málaga de Ensayo 2008, por Pasadizos. Espacios simbólicos entre arte y literatura

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TARDOMODERNOS, MUTANTES Y PANGEICOS,
SEGÚN VICENTE LUIS MORA

«Muchos autores ya no escriben sus novelas, sino que las diseñan;
y su único límite
son las cubiertas del libro»

 

Vicente Luis Mora ejerce de teórico de una nueva camada de escritores. Narrativa mutante, Afterpost o Generación Nocilla son algunas de las etiquetas que le han colocado a ese grupo. Ellos no se reconocen como «generación», pero afirman moverse con otras epistemes que los críticos de mayor edad. También que, debido a tecnología, aprehenden la realidad de otro modo. Su campo de investigación abarca incluso la neurobiología.

 

Alberto Torres Blandina
albertukituk[arroba]yahoo.es

 

Desde hace algunos años en los círculos literarios no se habla de otra cosa. Unos para ensalzar, otros para repudiar, todos tienen algo que decir sobre la nueva generación de escritores. Se les ha dado muchos nombres: narrativa mutante, afterpop, post, etc. Pero el que ha triunfado finalmente —mal que le pese a la mayoría de sus integrantes— es el de generación Nocilla o nocilleros. Nombre debido, quién no lo sabe ya, al éxito de la novela Nocilla Dream de Agustín Fernández Mayo, cabeza visible de ese iceberg que es la nueva narrativa española.

Estos jóvenes narradores son un grupo heterogéneo en sus resultados, pero unidos por la edad (todos están en la treintena o recién salidos de ella), la mezcla indiscriminada de alta y baja cultura —o cultura de masas— y, como dice Vicente Luis Mora, crítico literario y escritor, «por la existencia de unas plataformas tecnológicas que nos han permitido organizarnos —el correo electrónico, ya que vivimos unos muy alejados de otros, los blogs, etc.—. Pero sobre todo por el hecho de leernos unos a otros e interesarnos (por) lo que los otros hacen». 

Pero no sólo internet. Lo que más sorprende de esta generación...
Discrepo absolutamente en lo de la generación, por muchas razones. Pero principalmente porque se incumplirían las reglas exigibles a cualquier generación literaria si quisiéramos aplicar el criterio, amén de la disparidad esencial de tendencias, intereses y estéticas de los narradores mutantes...

Está bien, vuelvo a empezar: Lo que más sorprende de la nueva narrativa es el grado de organización al que habéis llegado. A parte de internet —foros, blogs y revistas digitales—, hay editoriales como Berenice o DVD volcadas con las nuevas tendencias; antologías al respecto —Mutantes (Berenice)—; e intelectuales como Fernández Porta o tú describiendo la literatura que viene casi al tiempo que se va escribiendo.
¿Qué remedio nos queda? La mayoría de los críticos de mayor edad no se han preocupado de tener unos conocimientos mínimos de las nuevas coordenadas estéticas, ni de las epistemes científicas, filosóficas, musicales, televisivas, publicitarias y tecnológicas que nos mueven. Sí hemos encontrado gente más joven —el bloguero Alvy Singer, los críticos agrupados bajo el nombre de Afterpost— que entiende la novedad de nuestra propuesta. De todas formas, no pasa nada por escribir y explicarse a la vez, se hace sistemáticamente desde el siglo XIX.


ABISMO (NEUROLÓGICO) GENERACIONAL

Esto que nos cuentas se explicaría quizá con un pasaje de tu libro La Luz Nueva en el que hablas de la diferencia «cerebral» entre nuestra generación —los nacidos a partir de finales de los sesenta— y la anterior. ¿Puedes explicar esa diferencia y decirme qué crees que conlleva esa brecha generacional?
Bueno, es difícil de sintetizar brevemente con rigor, así que prefiero hacer una descripción somera, remitiéndome a La luz nueva, donde lo explico con las citas científicas. Neurobiólogos, psicólogos y sociólogos han demostrado que el cerebro humano se ha transformado, incluso físicamente, desde la implantación de la televisión, y que semejantes cambios están ocurriendo en quienes han crecido con los videojuegos e internet. Mi objeto principal de estudio desde entonces es examinar cómo ese cambio se puede apreciar tanto en quienes hacen literatura publicada en libro como en quienes han dado el salto tecnológico para expresarse ya únicamente a través de las redes.

Hace poco, en el programa de televisión Las noches blancas, algunos maduros y reputados escritores arremetían contra los «nocilleros» —así os calificaban con cierta sorna—. Lo curioso es que estos mismos escritores que hablaban de la nueva narrativa como «salsa sin cuajar» se vanagloriaban, por ejemplo, de no haber navegado jamás por internet. ¿Cómo puede entender las lógicas hipertextuales, igualadoras y transversales de la nueva narrativa alguien que no conoce internet?
Respecto a quienes, sin saber nada de esto, expresan con alegría su resquemor y su ignorancia, pues no tengo mucho que decir. Si se jactan de su desconocimiento acerca de cuestiones que tanto ocupan y preocupan a la ciudadanía como las tecnologías (que van desde internet al marcapasos, del audífono al teléfono móvil), me preocupa qué tipo de novela están haciendo, y qué tipo de mundo reflejan sus novelas. ¿Hay ascensores en sus novelas, hay coches, hay neveras? ¿Sus personajes van a trabajar en burro y se comunican por tam-tam? Qué cosas tan curiosas se dicen en televisión. También hay una ignorancia radical, me temo, respecto a lo que hacemos. El grupo de escritores mutantes —esos «nocilleros» a los que se refieren, entre los que me cuento— hemos escrito entre todos unos 120 libros. Ninguna de las personas que nos ha atacado hasta el momento se ha leído más de tres o cuatro. Así que no es crítica, ni siquiera opinión informada, sino puro rencor o miedo, según casos, lo que mueve ese tipo de declaraciones.


UN GRUPO MEDIÁTICO

Volviendo a la crítica. ¿Por qué crees que la nueva generación de escritores está originando tantos ríos de tinta?
Evidentemente porque es el primer grupo de escritores desde hace tiempo que tiene una propuesta nueva, compleja y completa, que incluye tanto un modo diferente de escribir como (y sobre todo) una nueva mirada sobre la realidad del entorno. Esa mirada es, en la mayoría de los casos, narrativa y teórica a la vez, algo poco frecuente en nuestras últimas promociones de narradores.

¿Podrías definir esta propuesta brevemente?
Los caracteres definitorios serían complicados de sintetizar y asimilar, pero en mi blog pueden encontrarse algunos y numerosas remisiones a textos y artículos donde se han apuntado otros. En un artículo que va a aparecer en breve en la revista norteamericana Hofstra apunto que una posible definición básica es que todos estos autores ya no escriben sus novelas, sino que las diseñan, las ven como un conjunto «textovisual» conformado por un continuo de expresividades literarias, plásticas o fotográficas cuyo único límite son las cubiertas del libro.

¿No crees que el revuelo formado por Nocilla Dream y la nueva narrativa puede ser aprovechado por algunas editoriales como una operación de marketing literario similar a la de la Generación X a principios de los 90?
El marketing también es un modo de expresión. Todos los escritores, agentes literarios y editores lo utilizan (salvo algunos contados Salinger españoles), y el que diga lo contrario, miente. Una actitud antimercado (amén de una contradicción de raíz, porque el del libro es un mercado como otro cualquiera) es también una estrategia de marketing, dirigida a calar en el público metaizquierdista comprador de libros. No nos rasguemos las vestiduras; es un modo de diferenciarse de los demás escritores, tan natural como necesario.


PEQUEÑOS APUNTES SOBRE LA NUEVA NARRATIVA

En La luz nueva hablas de la narrativa actual y la divides en tres principales grupos: tardomodernidad, posmodernidad (o mutantes) y pangea. ¿Puedes explicarlos brevemente a nuestros lectores y citar algunos de los autores más representativos de cada movimiento?
La literatura tardomoderna, como su propio nombre indica, es la extensión tardía de los procedimientos modernos de literatura, aquellos que dominaron a finales del XIX y principios del XX en Europa y Estados Unidos. Supone más o menos el 85 por ciento de la narrativa actual, y se conforma como una prosa de historias lineales, planteamiento-nudo-desenlace, personajes supuestamente descritos a fondo, tramas de vocación cosmovisiva y persecución de un sublime estético que sólo en raras ocasiones se logra. Los nombres son casi todos los que al lector se le puedan ocurrir, yo destacaría entre los jóvenes y menos mayores a Eloy Tizón, Belén Gopegui, Javier Pastor, Ricardo Menéndez Salmón e Isaac Rosa.

Lo posmoderno puro casi no existe en nuestro panorama; pocos autores han conseguido enlazar en ambición y profundidad con la estela posmoderna norteamericana (DeLillo, Pynchon, Gass, Coover), hispanoamericana (cierto Cortázar) o europea (Calvino, Klossovski). Si se me piden nombres, Rodrigo Fresán, Juan Francisco Ferré, Javier Calvo, Eloy Fernández Porta, Germán Sierra o Félix Romeo.

La literatura pangeica o de Pangea, nombre bajo el que entiendo el mundo actual, ensanchado por la acción comunicativa de las nuevas tecnologías y por la creación de nuevas realidades digitales y virtuales, se caracterizaría por una asimilación profunda y convencida de los medios de comunicación de masas, especialmente los digitales, y una naturalidad técnica asombrosa a la hora de incorporarlos a la narración tradicional, rompiéndola o ensanchándola, según casos, desde dentro. Nombres: Agustín Fernández Mallo, Javier Fernández, Jorge Carrión, Javier Moreno, y las novelas hiperfónicas de Doménico Chiappe.

¿Dónde se  incluirían tus novelas Circular o Subterráneos?
Es complicado decirlo; en la primera versión, de 2003, incluí un largo epílogo donde demostraba —creo que convincentemente— que Circular no es moderno ni posmoderno; era muy consciente de lo que escribía y de los círculos en los que no quería moverme. Supongo que estaba en lo que Bruno Latour ha llamado espacios de no-modernidad, que ni son modernos ni posmodernos. La próxima entrega del proyecto, que me imagino tardará bastante, será ya pangeica, por evolución natural.

¿Podemos afirmar entonces que hay algo nuevo bajo el sol?
Tanto en Subterráneos como en Circular hay cosas, es fácil comprobarlo, que no se habían hecho antes en la literatura española —es la ventaja de conocerla como crítico—. Eso no quiere decir que sean buenas ni necesarias, algo que tiene que decir la crítica y los lectores, pero desde luego son innovadoras. Y otros autores recogidos en la antología Mutantes (Berenice) también tienen propuestas revolucionarias, escritas desde los límites de la representación convencional. Últimamente han aparecido otros nombres, como Óscar Gual, que caminan en direcciones parecidas a las nuestras.

 

 

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