Condenados a seducir a través de la pantalla

Marketing + Política = Un matrimonio fatal

Colaboraciones

Juegos de poder tras una media de rejilla, por José Beltrán

El seductor a la caza del brillo fugaz de un objeto bello, por Paloma Martínez


Entrevistas

Florencio Jiménez Burillo: «El poder inteligente no gasta mucho más de lo que necesita para ser eficaz»




* Profesor del Dpto. de Sociología
de la Universidad de Valencia

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Medios y Política

Desafectación política, medios y comunicación

 

 

UNA FOTO QUE AVIVA FANTASMAS:
EL PODER Y SUS METÁFORAS

Juegos de poder
tras una media de rejilla

 

A partir de la imagen de cabecera, el autor de este artículo desarrolla lecturas que van más allá de la mera descripción, y se rinde al poder seductor de la fotografía. Dividida en cuadrantes, extrae de ella microcosmos de significados: una rodilla representa la vida; un cigarrillo, la acción destructiva de occidente, y las palabras de un periódico adquieren significados muy distintos cuando se relacionan con el contexto.


José Beltrán Llavador *
Jose.Beltran[arroba]uv.es

Fotografía: Guillermo Roqués

 

La fotografía que encabeza este artículo resulta revelador; una ficción útil, una realidad creada. Más bien, un simulacro de la realidad: una situación que la cámara inquieta de Guillermo Roqués ha capturado para la ocasión, y que resulta polisémica y polimórfica. Aparente y engañosamente explícita, al tiempo que estimula la tarea de pensar.

La imagen de Roqués es, pues, una fantasía que despierta y dota de vida (dynamis) a nuestros fantasmas. Nos hace soñar despiertos, en un estado de locura normal, que nos permite, en palabras de Santayana, «mantener la ilusión sin sucumbir en ella».  Podemos ver la imagen como se mira un cuadro: captando el conjunto, deteniéndonos en los detalles y relacionando los elementos que configuran el todo. Contemplamos y nos ponemos a la escucha, pues es el cuadro el que nos habla, el que nos dice cosas, ofreciendo un microcosmos de significados. Así que lo que viene a continuación no lo dice, pues, el autor de este artículo, sino el cuadro a través de aquél.

¿A qué juego, pues, nos está invitando este cuadro? En realidad, es uno que ya comienza deliberadamente con trampa, porque no nos está invitando. Más bien, desde que lo miramos, enfrentándonos a él con los ojos abiertos, nos está incitando, nos está seduciendo. La mirada cae directamente sobre ese monte en forma de rodilla, o esa rodilla en forma de monte, cuya forma casi inevitablemente tendemos a completar con aquello que se nos oculta: la pierna de la que forma parte en su caída hacia el pie, el comienzo en el cruce con la otra pierna. La rodilla actúa aquí como el foco que ilumina el resto de la escena. Sólo cuando intuimos lo que falta, podemos ver, desde la luz que arroja la redondez de la rodilla, el resto de la escena. Juegos de poder: el poder de este fragmento del cuerpo no reside tanto en lo que se ve, sino en lo que se insinúa.

Decía Foucault que el poder atraviesa los cuerpos. La publicidad lo aprendió muy pronto: una de sus armas consiste en administrar la seducción como persuasión, y en hacer del poder no una relación sino una posesión: lo miro, lo quiero. No es (todavía) mío, pero será (en el consumo) mío. Eso (de momento), no. Eso (pronto), sí. La fantasía inanimada –esa imagen inerte– cobra vida, aliento, ánima (se convierte en animada) como  objeto de deseo. Pero a la vez esa vida consumida (en el acto de consumo) como objeto, queda a la vez aniquilada, cosificada, agotada al ser poseída (en el acto de consumación). El poder es ambivalente: es constitutivo, vital, pero también puede ser destructivo, letal. El poder no tiene moral, la positividad o negatividad del poder viene dada por su uso.

DE TÁNATOS A EROS

Vayamos un paso más del horizonte de la rodilla. Esta rodilla-bombilla ilumina todo un mundo, en el que podemos apreciar los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste. El cuadrante superior de la rodilla apunta al norte. En el extremo oriental, dos dedos mantienen un cigarrillo encendido, que se va consumiendo mientras la mujer (¿presumimos occidental?) sostiene un periódico que (también presumimos) está leyendo. En el norte, Tánatos, el poder de la muerte, quema una parte del mundo: literalmente, lo aniquila, convirtiéndolo en cenizas, reduciéndolo a humo. El sujeto que fuma confiadamente no advierte el riesgo de que la ceniza caiga sobre su rodilla o sobre el papel del periódico, propagando el fuego que se inició con el gesto habitual, cotidiano, de encender un cigarro. Fumar, se dice, es un acto de socialización. Esquilmar la tierra, aunque no se dice, también es un acto, invertido o pervertido, de socialización. Pero el norte no se entiende sin el sur. En el sur de este cuadro, de esta epifanía, reside Eros (aquí encarnado en un fragmento de cuerpo: la rodilla), el poder de la vida, las formas del deseo, la energía del amor que mueve el mundo. 

Volvamos al norte, en su lado más occidental, es decir, en el oeste. El cuadrante lo ocupa en su totalidad la amplia página del periódico, con un mensaje inequívoco: «Mantén el tipo, Trichet». El mensaje es polisémico y simbólico al mismo tiempo. Trichet podría ser el mandatario de cualquier emporio o consorcio económico; para el caso, podemos encontrar resumido en esta suerte de logo un diagnóstico de nuestra época: el secuestro de la política por la economía. Y el mensaje, que puede leerse en dos niveles simultáneamente. Un nivel explícito: mantener el tipo de interés (económico), es decir, no bajar la guardia, no doblegarse, no plegarse al interés de la mayoría, sino al interés de una minoría. Un nivel elíptico, pero no por ello menos potente: mantener el tipo. Pase lo que pase, no cambiar los planes. No variar los postulados de partida: sostener el modelo o patrón de conducta (aquí el tipo se convierte en arquetipo), cualesquiera que sean las consecuencias.

Pero aún más arriba, en el norte de occidente, otro mensaje, contundente: «La tecnología es la revolución más democrática de la historia». Podría ser una nueva cuña publicitaria, pero lo grave es que corresponde (o al menos lo pretende) a la esfera de la información. La frase no se enuncia, de este modo, en registro de opinión, sino como pura información, como convicción. Mientras en el norte de occidente se está produciendo y provocando el deshielo, acaso por la revolución tecnológica, en oriente se quema la vida, haciendo oídos sordos a voces críticas como las de Vandana Shiva que denuncian la biopiratería (otra forma de revolución tecnológica) y proclaman a los cuatro vientos la necesidad de «abrazar la vida».

EL CONJURO DE LAS PALABRAS

Volvamos, en el periplo de nuestra mirada, hacia el sur, en el lado de occidente. A veces, las palabras se conjuran para lanzar mensajes ante un previsible naufragio. Cortázar contaba que, en un tablón, solía pegar al azar recortes de periódicos que iba recogiendo durante un tiempo. Cuando, ocasionalmente, se detenía a mirar el conjunto, descubría curiosos mensajes o diálogos con un sentido inesperado entre los papeles recortados, que luego utilizaba en sus novelas. Algo similar ha sucedido con esta fotografía. En letra pequeña podemos leer: «Laboratorio de ideas. Un resquicio de esperanza». La frase, que aquí resulta tan sorprendente como deslumbrante y oportuna, apunta, desde el sur (¿Latinoamérica en el mapa de este mundo?) como una flecha, hacia la imagen de Eros concentrada en esa rodilla. Dejemos al lector que realice las operaciones de asociación e interpretación que le sugiera su imaginación. 

Y regresemos al inicio de nuestro recorrido, al lugar que ilumina este cuadro: al lugar de la rodilla. La rodilla no está desnuda del todo. Casi, pero no del todo: la cubre una media que no oculta, sino que realza la piel que cubre. Es un tejido que juega con trenzados y vacíos, es una urdimbre, una malla, una textura. Un texto que podemos leer, si así lo decidimos, como una gramática, en continuidad con las propias letras del periódico. La media de la rodilla —naturaleza— y los mass media de la comunicación —cultura— en una curiosa contigüidad. Aquí, la naturaleza sostiene a la cultura, en una frágil tensión, en un equilibrio seriamente amenazado. Nos había pasado desapercibida una última frase incompleta, que por contexto podemos interpretar: «Con la comida no se juega». La comida es la sustancia de la vida: sin ella no hay sentido ni placer, no hay juego ni vida.

Esta fotografía, cuya lectura no se agota aquí, también se puede mirar como un espejo. Más acá o más allá del mismo, podemos encontrar una metáfora radical sobre los juegos de poder, sobre como la erótica del poder puede convertirse en su contrario. Un abrazo posesivo, y no compasivo, de la vida puede acabar en violación, en destrucción. Y en ese caso quizá nos parezca escuchar el grito histérico de la reina de corazones, que sin atender a razones, lanza la sentencia de muerte: ¡Que le corten la cabeza! Por cierto, ¿Dónde está la cabeza de la mujer de la fotografía?