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Miguel Machalski:
«El guión es la piedra angular de un proyecto cinematográfico, pero no es la película»




Más información sobre Miguel Machalski

Página personal

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Ficha técnica de la película

Título: Kluge (El arreglador)

Director: Luis Barone

Productor: Luis Barone (Kaos Cooperativa)

Guión: Miguel Machalski

Idioma: Español

Protagonistas: Laura Harring, Alejandro Awada, Mausi Martínez, Benjamín Rojas

Música: Arturo Cervino, Miguel Machalski

 

 

 

MIGUEL MACHALSKI, ESPECIALISTA EN GUIÓN

«El guión es la piedra angular
de un proyecto cinematográfico,
pero no es la película»

 

Miguel Machalski es asesor de guiones y docente de escritura cinematográfica. En Buenos Aires acaba de rodarse Kluge (El arreglador) , película basada en un libreto suyo y dirigida por Luis Barone.

 

Lucio Latorre
luciolatorre[arroba]hotmail.com

 

Nacido en Argentina, de ascendencia inglesa y polaca, Miguel Machalski lleva más de treinta años radicado en Francia. Músico de formación, comenzó haciendo traducciones de guiones cinematográficos y hoy día es un reconocido especialista en esta especialidad a nivel internacional. En cierta forma, puede decirse que llegó a esto de manera aproximativa y que, por tanto, tiene algo de outsider en este ambiente. Tal vez de ello se derive la manera que tiene de entender el cine, reacia a los clichés y cargada de sentido común.

Políglota, inquieto y desprejuiciado en asuntos cinematográficos, trabaja como asesor de guiones que le llegan de todas partes del mundo. Entre muchos proyectos, ha revisado los guiones de Million dollar baby, Saraband y Mar adentro . Tiene también una amplia y destacada trayectoria como docente en talleres y masters de cine en Europa, América Latina y Asia. Y, como no, también se dedica a la escritura: en Buenos Aires acaba de terminarse la realización de Kluge (El arreglador), película basada en un guión suyo y dirigida por Luis Barone. La protagonizan Laura Harring, conocida por su papel en Mulholland Drive de David Lynch, y Alejandro Awada.

En esta entrevista con Teína, Machalski habla de la película, de su experiencia como creador de la banda sonora, de las dificultades de llevar al cine un guión y de su próximo libro: El punto G del guión cinematográfico.

¿De qué trata Kluge (El arreglador) ?
Es un thriller psicológico. Una periodista francesa, Anne, llega a Buenos Aires con la intención de llevar a cabo una serie de entrevistas a mujeres para pintar un retrato de la Argentina actual a través de ellas. Pero en la primera entrevista con Marisa, una ilustradora de libros infantiles que estuvo presa dos años durante la dictadura y luego se refugió en México, se produce un evento que pone a Anne accidentalmente en contacto con Kluge, un ex veterano de la guerra de las Malvinas convencido que, a juzgar por cómo viven, lo que los seres humanos quieren es morir y que él tiene la misión de “salvarlos de la vida”. La trama tiene una serie de giros propios del género, en donde las dos mujeres y el hijo de Marisa, Lautaro, que vive en Barcelona y ha venido a visitar a su madre, se ven cada vez más amenazados por Kluge, a quien su trastorno mental ha convertido en “asesino por compasión”, hasta el trágico desenlace.

¿Cómo surgió la idea de escribir este guión?
No quiero dar a conocer la idea argumental que disparó la historia porque echaría a perder cierto efecto de sorpresa, pero hubo dos ejes temáticos que quería tratar: el deseo oculto de muerte que tenemos adentro y la suficiencia – no siempre malintencionada – con la que el primer mundo interpreta las realidades y las cicatrices de la Historia en países menos desarrollados. Todos afirmamos que queremos vivir, pero junto con la pulsión de vida, late la pulsión de muerte. Y la humanidad en su conjunto no parece hoy en día comportarse como si quisiera vivir, sino que adopta conductas cada vez más suicidas. Más allá de guerras y de la contaminación ambiental, el consumo frenético y la obsesión desmesurada por el dinero no son sinónimos de vida sino de muerte. En cuanto a lo segundo, al vivir en un país desarrollado, veo cotidianamente la lectura que aquí (en Francia al menos, que es donde resido) se hace del mundo con ínfulas de omnisciencia cuando en realidad no se tiene sino una visión muy fragmentaria. Desde luego que en la película estos temas no se tratan de manera explícita sino colateral.

En este proyecto usted también es el responsable de la banda sonora. ¿Cómo resultó la experiencia?
Fue algo apasionante, porque una vez escrito el guión, lo entregué al realizador, Luis Barone, a los actores y a la montadora para que hicieran la película. Normalmente, la intervención creativa del guionista se acaba ahí. Pero al encargárseme la música, que compusimos juntos con Arturo Cervino, volví a la historia ya rodada, donde las palabras se habían convertido en imágenes y cobrado cuerpo, para insuflar de nuevo algo del clima original de la escritura. No estoy diciendo con esto que hubiera conflicto de intenciones con Luis, sino que es un poco como hacer la masa de una torta a la cual otra persona le pone el relleno, y luego tú le colocas el glaseado, que lo haces teniendo en cuenta a la vez la masa y el relleno. No sé si la analogía vale, pero es lo que me viene a la mente.

Buena parte de su carrera profesional la ha desarrollado como consultor de guiones, como analista y asesor de libretos ajenos. En el caso de Kluge , que es un guión de su propia autoría, ¿lo ha abordado de la misma manera en que lo hace cuando revisa guiones de otros? ¿ha recurrido al asesoramiento externo?
No realmente. Pero hay que decir que no es para nada el primer guión que escribo. Llevaba escritos más de una docena de largometrajes cuando surgió la posibilidad de Kluge , aunque éste es el primer guión original por encargo (los demás eran adaptaciones o coescrituras). A decir verdad, el guión lo escribí solo, con comentarios de algunas personas cercanas a quienes tengo mucha confianza, y, por supuesto, siguiendo directivas de Luis en su rol de realizador y productor a la vez. El asesoramiento es algo que muchas veces pide el productor, pero en este caso no recurrimos a esta instancia. Cabe destacar que tenía el proyecto muy maduro ya en mi cabeza cuando empecé a escribirlo. Quiero decir que había convivido con la historia y sus personajes desde hacía tiempo, y “escrito” mentalmente y visualizado en mi cabeza gran parte del guión.

Tiene también una trayectoria destacada como docente de escritura cinematográfica. Cuando se trata de escribir algo propio, ¿se aplica lo que enseña o recurre a otros sistemas o maneras de escribir?
Cuando escribo, cometo todos los errores que identifico enseguida en los demás, y caigo en todas las trampas que señalo a los futuros autores, al menos en la etapa de escritura. Otra cosa es la fase de reescritura donde aplico un enfoque más analítico. De cualquier modo, en mis talleres no enseño una metodología sino que trato de que se genere una cantidad de ideas y que cada uno encuentre la manera de escribir que más le convenga, y que mejor se adapte al proyecto específico que está escribiendo. El personaje de Kluge, interpretado con mucha intuición y excelente tino por Alejandro Awada, está construido sobre la base de un funcionamiento psíquico de salvador-perseguidor-víctima que le correspondía perfectamente (algo que sólo yo sabía y no tuve necesidad de comunicar ni al director ni al actor). Esta base de construcción del personaje no sería necesariamente la más apropiada en otro contexto.

EL ETERNO CONFLICTO

En los procesos de filmación de una película es frecuente que surjan diferencias entre el director y el guionista o el productor. Puede hablarse incluso de posturas ideológicas: hay quienes piensan que el guión debe ser un punto de partida y que el director tiene libertad para modificarlo; y por otro lado, están los que creen que el guión debe ser llevado a la pantalla tal cual ha sido escrito. ¿Cuál es su postura al respecto?
En el caso de Kluge , Luis Barone fue muy respetuoso con mi trabajo e hizo aportes excelentes desde su lugar respectivo de director y de productor, sin intentar usurpar el del guionista. Aprovecho para señalar lo poco frecuente que es esto y lo importante que sería que los directores y productores tomaran nota. Creo que un guión es la piedra angular de un proyecto cinematográfico, allí donde se plantean el tema, el clima, la línea argumental, el perfil de los personajes. Pero no es la película, y para que un director pueda convertirlo en película, tiene que “apropiarse” del guión, lo cual no es lo mismo que intervenir y cambiar cosas por una simple cuestión egocéntrica de protagonismo autoral. Podría equipararse en música con el que compone una melodía, que luego debe ser armonizada, instrumentada y orquestada por otro. Muchas melodías no son gran cosa sin todo el resto, pero siguen siendo el motivo de base. De manera general, creo que sería un error llevar a la pantalla un guión tal cual fue escrito, porque por definición un guión, por perfecto que sea, no puede nunca ser la película. El guión debe sufrir una metamorfosis; es cuestión de una buena alquimia el que cambie para bien o para mal.

¿Piensa seguir escribiendo guiones propios?
No tengo un afán desesperado por hacerlo, no porque me falten ganas, sino por las dificultades de producción y de poder trabajar en un marco profesional correcto. Hoy en día, no me pondría a escribir un guión sin un productor asociado y dispuesto a invertir dinero, tiempo y energía. Tengo varias historias desarrolladas, pero no pasaría a la ardua etapa de escritura del guión hasta no tener a un productor detrás. Y ahí empieza la serpiente a morderse la cola, porque muy pocos productores arriesgan aunque sea sumas modestas de dinero sobre la base de un tratamiento, aún cuando les guste mucho el proyecto. Piden una primera versión del guión, ¿pero quién paga el alquiler mientras el guionista escribe?

Usted comenzó haciendo traducción de guiones y terminó convirtiéndose en asesor especializado. Ahora se ha hecho una película con guión suyo y se ha encargado también de la composición de la banda sonora. Sin dudas, se trata de una evolución interesante. ¿Se ve dando el paso a la dirección o a la producción?
La evolución hacia la composición de bandas sonoras me interesa sobremanera porque soy músico de formación. Eso fue algo que quedó “en el tintero” y ahora, de manera providencial, vuelve a aparecer. Es poco probable que pase a la realización porque no es mi temperamento. Por un lado, hay demasiada gestión logística y humana, con el desgaste que significa, y por otro, uno se compromete durante mucho tiempo con un solo proyecto. Yo necesito cambiar con frecuencia de proyectos, temas, contextos. Aunque nunca hay que decir de esta agua no he de beber, es aún menos probable que me dedique a producir algún día. Para eso se necesita cierto carácter que sé que no tengo. Si es un error tremendo cuando un productor o un director se imagina que por saber leer y escribir puede ser guionista, también lo es que un autor suponga que por saber algo de producción, como es mi caso, puede ponerse a producir. Son oficios bien diferentes, y pocos tienen la versatilidad necesaria para practicar con eficacia los tres.

LA UTILIDAD DE LOS LIBROS DE GUIÓN

Está preparando un nuevo libro sobre escritura de guión. ¿Será una continuación del anterior o abordará aspectos diferentes?
Las dos cosas a la vez. Sigue en la misma línea y con la misma filosofía del libro anterior, donde siento que dejé planteados una serie de temas que quisiera ampliar con ejemplos y reflexiones más concretos y prácticos. Pero inevitablemente aparecen aspectos nuevos, porque además, aunque fue publicado en 2006, el primer libro se elaboró entre 2003 y 2004, y he tenido muchas otras experiencias de escritura y asesoría desde ese tiempo a esta parte. Para dar una idea de por dónde vienen los tiros, el título del libro es El punto G del guión cinematográfico.

Hay quienes se acercan a los libros de escritura como buscando fórmulas que les permitan escribir buenos guiones. ¿Los libros de guión sirven para aprender a escribir, son suficientes?
No sólo no son suficientes, sino que no sé siquiera si son necesarios...En todo caso, no como compendios de fórmulas y recetas, que suelen además basarse en modelos de películas que funcionaron, lo cual significa imitación, reiteración, emulación, pero no creación . Que el cine sea una industria, como se nos machaca día y noche, no significa que haya que obviar la creatividad (a menos que “industria” sea un eufemismo para “negocio”, lo cual es otro cantar), cosa que pocos libros de escritura fomentan realmente. Espero lograrlo en alguna medida con este nuevo libro.

 

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