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Textos cinéfilos

El cine: ¿comunicación social o séptimo arte?
Historia(s) del cine, de Jean Luc Godard

Entrevistas

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«El guión es la piedra angular de un proyecto cinematográfico, pero no es la película»






 

 

 

JEAN LUC GODARD Y SU CINE POÉTICO-ENSAYÍSTICO

El cine: ¿comunicación social o séptimo arte?

 

Muchos cineastas han intentado prescindir de la narración convencional en las películas, aproximándose a un equivalente del ensayo en literatura. Jean Luc Godard logró la obra más conseguida de este subgénero, quizá porque se basó en un sólido texto, Historia(s) del cine.

 

Luis Rubén León
luisruleo[arroba]gmail.com

 

La obra magna de Jean Luc Godard es Histoire(s) du cinema, una serie realizada para la televisión que se ha convertido en menos de una década no solamente en un resumen de todos sus trabajos anteriores, sino también en una de las obras más innovadoras y controvertidas del cine contemporáneo. Historia (s) del cine es el poema-ensayo que la originó.

Godard afirma en una entrevista incluida en la edición en español de este libro que el cine también puede ser un vehículo de pensamiento. He aquí el viejo debate entre los que afirman que las películas son un medio de comunicación social y los que, como el director francés, hablan de séptimo arte. El cinematógrafo es una arte porque, a través de un lenguaje propio, puede servir para reflexionar sobre la realidad. El director francés va todavía más allá: afirma que el cine es el arte que mejor refleja la realidad. Ha superado a la pintura, la literatura y la fotografía, apoderándose de sus recursos y llegando, además, a una audiencia mucho más amplia de la que alcanzaron todos los vehículos de expresión anteriores.

¿TODAS LAS HISTORIAS O UNA HISTORIA SOLA?

Pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad, continúa Godard. Por eso, el cine debe tener un compromiso con la sociedad a la que intenta retratar. En Historia(s) del cine, el realizador reflexiona sobre la historia del siglo XX y el modo en el que la hemos visto en la pantalla. El siglo pasado fue el primero del que se tomaron imágenes en movimiento, que, además, quedarán como legado para las generaciones futuras. Por eso, el cine tiene la obligación de retratar el horror así como retrata la belleza. Invocando a Santayana, se lanza la advertencia de que hay partes de la historia que no deben repetirse. El suceso más deleznable del siglo, aún más terrible porque se conserva en cientos de películas, es el holocausto judío. Esta historia ha llegado a una audiencia global, pero el cine contemporáneo parece haber olvidado su compromiso con la Historia e ignora sistemáticamente o retrata de manera sesgada los nuevos horrores que se producen todos los días.

Este es el núcleo del ensayo, pero Godard da para mucho más. Mezcla referencias eruditas y populares (convenientemente explicadas en las notas del traductor), a la manera que sus films de la época nouvelle vague, arremete contra el poder impío de la televisión, rememora a sus compañeros de correrías de los años 60 y preconiza una muerte del cine que algunos han tomado al pie de la letra. Pero, como dijo Dickens, los rumores sobre su muerte eran exagerados. El realizador se adelanta a los acontecimientos y parece hablar del fin del cine precisamente como medio masivo, acontecimiento que parece estar a la vuelta de la esquina gracias a (o por culpa de) internet. Pero esa es otra historia.

MI BELLA PREOCUPACIÓN

El realizador también habla de la necesidad de establecer un lenguaje cinematográfico, que se alimente de los recursos de otras artes y, al mismo tiempo, disponga de unos mecanismos exclusivos. Desde los inicios de su larga carrera, ha considerado que el montaje es la seña de identidad de este lenguaje. Su bella preocupación, lo ha llamado siempre. La búsqueda incesante de un modo de expresar sus ideas le ha conducido a Histoire(s) du cinema, una película que no es ficción ni documental. ¿Qué es, entonces? Solución: el montaje en estado puro. Un puñado de retazos de otras películas, así como pinturas, fotografías y rótulos mezclados aparentemente sin orden ni concierto. ¿Qué queda en el film del libro?

Godard necesitaba un punto de partida y lo encontró en la simple escritura. Por eso, aunque este libro pueda interpretarse como una mera transcripción de la voz del cineasta en la pantalla, posee valor en sí mismo porque refleja su teoría de que el cine es la mayor y la mejor de las artes.

Este volumen puede tomarse como una vana curiosidad pero sirve para demostrar el funcionamiento de la ecuación godardiana, despejando la incógnita que presentaba al principio. El director quiere que el cine sea un vehículo de pensamiento y, por fin, en Histoire(s) du cinema ha dado con la fórmula: la poesía-ensayo contenida en Historia(s) del cine es la base. Si a esto le sumamos la filosofía, la fotografía y la pintura y lo mezclamos todo bien, conseguiremos el milagro. Por fin podremos llamar sin tapujos al cine séptimo arte.

 

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