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EROTISMO Y PODER SEGÚN CHABROL Y ARCAND

Cuando la tentación se revela ante la mirada

 

El cine tiene un acusado componente erótico debido a su parecido a los sueños. Si a esto se le suma su gusto por retratar a los poderosos, no resulta extraño que la erótica del poder sea el tema de cientos de cintas. Una chica cortada en dos, de Claude Chabrol, y La edad de la ignorancia, de Denys Arcand, son dos ejemplos contemporáneos.

 

Luis Rubén León
luisruleo[arroba]gmail.com

 

Tanto Una chica cortada en dos de Claude Chabrol como La edad de la ignorancia dirigida por Denys Arcand hablan de la erótica del poder, pero desde diferente perspectiva. Mientras que la primera narra una relación en la que se dibujan con precisión los roles de amo y esclavo, en la segunda el erotismo procede de un poder etéreo: el del cinematógrafo.

Las perversiones de la mirada están presentes en ambas películas. En las dos, los ojos son los canales por donde los personajes se intoxican de deseo al sucumbir al poder de la escritura y de la pequeña o la gran pantalla.

TÍRATE A TUS IDOLOS

Los escritores siempre han tenido un poder discutible, que procede en mayor medida de la fascinación que ejercen en sus lectores que de la posibilidad de alterar la realidad con su obra. Bien es cierto que los ojos que recorren con placer el texto se sienten inmediatamente atraídos por aquel que lo ha creado. Esta reacción convierte al autor en codiciado objeto de deseo. El escritor que protagoniza Una chica cortada en dos es un eminente novelista que está acostumbrado a conseguir lo que quiere gracias a su éxito en las letras. Un hombre como él no debería sucumbir al pernicioso influjo de la televisión, pero todos somos humanos. Así que se siente atraído por la joven y bella chica del tiempo. Eso sí, al protagonista de esta película algo le diferencia del resto de los mortales: su poder puede ayudarle a satisfacer sus impulsos.

Justo lo contrario es lo que le sucede al personaje principal de La edad de la ignorancia. Como triste y gris funcionario de asuntos sociales, este señor dispone de un poder mediocre que ni disfruta ni quiere. Además, también ha sucumbido a los rayos catódicos y se obsesiona con la actriz más famosa de Hollywood.

TE GUSTA MIRAR, ¿VERDAD?

Desde el advenimiento del cinematógrafo, las imágenes en movimiento han condicionado nuestra educación sexual. En la caja tonta aprendemos cómo y a quién desear. A medida que crecemos, algunos dejan (dejamos) de encontrar el reflejo de su deseo en lo que les rodea y se concentran en los brillantes astros del celuloide. Esto le sucede al funcionario de La edad de la ignorancia que, encerrado en un matrimonio exento de contacto físico, focaliza sus impulsos en la bella actriz. La erótica de esta no procede únicamente de su belleza, sino también de esa adoración colectiva que la convierte en una especie de divinidad, una diosa o una santa cuya imagen ha de venerarse.

El escritor de Una chica cortada en dos en cambio, no está en tal pedestal para el objeto de su deseo. La presentadora parece no saber nada de él, a pesar de que su madre regente una librería. Por eso, al principio es inmune a su erótica literaria. Pero, poco a poco, a través de encuentros fortuitos y, sobre todo, de su último libro, ella va sucumbiendo a su poder. Así, el escritor, acostumbrado a manejar a sus amantes a voluntad, se aprovecha de la inocencia de su nueva conquista para iniciarla en prácticas sexuales poco convencionales. Por ejemplo, el voyeurismo.

La edad de la ignorancia habla de una época, la actual, en la que los impulsos sexuales se ignoran o contienen, por lo que cada individuo les da salida como buenamente puede. La película abunda en secuencias masturbatorias en las que el funcionario se imagina en brazos de su amante de aire. En cambio, en Una chica cortada en dos, el veterano director Claude Chabrol no necesita más que sugerir levemente los fogosos encuentros del escritor y la presentadora. Ella, arrodillada ante él y ataviada con un tocado de plumas de pavo real da la medida de la relación entre ambos. El sádico escritor ha conseguido su objetivo: subyugar por completo a su víctima.

EL PODER CORROMPE

La cinta de Arcand es la historia de un despertar. El funcionario se consuela creyendo tener a la actriz a su merced, ya que esta acude a su fantasía cuando él lo desea. Pero, cuando se propone empezar una nueva vida, el sueño debe desvanecerse. En una secuencia antológica, la actriz le recrimina a su amante que la haga acudir a su lado con tanta frecuencia y le echa en cara la cantidad de obligaciones que la reclaman. Acto seguido, se despide para siempre. Finalmente la actriz, que era la que llevaba la voz cantante, se revela como un espejismo pasajero que el funcionario ha tomado demasiado tiempo por una mujer de carne y hueso.

El poder es siempre caprichoso. Por eso, piensa que puede manejar a su antojo a sus súbditos. El escritor de Chabrol deja de desear a su obnubilada amante. Una vez que la tiene a su merced, el juego pierde interés. La chica del tiempo, destrozada por la ruptura, se refugia en los brazos de un joven adinerado y bastante inestable, aunque no logra evitar el recuerdo recurrente del escritor, que se interpone entre ambos cada vez que se van a la cama. Al final se escenifica un enfrentamiento entre el poder fáctico del millonario y el del escritor. El primero dispara al segundo en una entrega de premios, acabando así con la obsesión que atormenta a su esposa. Pero, ¿puede este crimen hacerla olvidar? Ha sido literalmente cortada en dos por el hombre que ama y por el que le conviene.

La moraleja de todo esto es que no podemos escapar a las tentaciones reveladas a nuestra mirada. La luz que emiten los poderosos es demasiado intensa como para ignorarse. Y, una vez que los hemos colocado en el centro de nuestro deseo, ya no podemos fijar la vista en otra cosa. Fundido en negro.

 

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