Alejandro Casavalle: «El que tiene prejuicios en realidad es un morboso: mira lo que desea y no se atreve»

Piezas breves

Deudas pasionales y deudas de viaje

Hueles a cama, me encanta cuando hueles a cama, de Maribel Bayona

Espejismos, de Rosa Molero



Alejandro Casavalle
exprés 


Buenos Aires, 1968. Actor, profesor, productor, director, gestor cultural, programador y coordinador artístico especializado en artes escénicas. En total ha dirigido y producido más de 30 obras. 

Ha participado en talleres y seminarios con maestros como Sotigui Kouyaté —actor de la compañía de Peter Brook—, Daniel Veronese y Ana Alvarado —Periférico de Objetos—, Ricardo Bartis, Cesar Brie y el Teatro de los Andes, Eugenio Barba y el Odin Theatre y Robert Wilson.

Ha dictado seminarios de actuación para alumnos avanzados y actores en la Argentina, República Dominicana, México y  Brasil; y ha sido coordinador, programador artístico y jurado de diferentes eventos nacionales e internacionales.

Algunos montajes

—Una tragedia argentina,
de Daniel Dalmaroni
—Reducción / Downsize, de Christopher Welzenbach
—Migraciones, lo que cuenta es el viaje
—Polvo de Hadas de Luis Santillán
—Atravesados (una bala de +)
—10 Diez X
, de Luis Arenillas
—Punto Genital: Pornodrama I,
de Javier Magistris
—Pornodrama II: un esquimal; el advenimiento de un mundo sin polos fijos, de Javier Magistris

Premios

Premio estímulo a la Calidad INT, para Reducción / Downsize y 10 Diez X
Concurso de Coproducciones 2006 Artes Escénicas Ciudad de Rosario, con Migraciones, lo que cuenta es el viaje


En la web

Escultores del tiempo
Blog de pornodrama

El autor

 

 

ALEJANDRO CASAVALLE, ACTOR, DIRECTOR
Y PEDAGOGO ARGENTINO

«El que tiene prejuicios en realidad es un morboso: mira lo que desea y no se atreve»

Pocas veces se ven en el teatro escenas de sexo sin censura. En las obras Pornodrama I y Pornodrama II, de Alejandro Casavalle, las hay; pero también hay una investigación sobre las relaciones de poder que se ejercen a través del sexo. Comenzó como un ejercicio de clase del grupo experimental 0que dirige, y terminó como un gran éxito de público en la cartelera under de Buenos Aires. Pionero en el tema, defiende que el pornodrama es ya un nuevo género.

 

Alejandra Garrido Buzeta
alejandramelfi@yahoo.com

Ilustraciones: Paloma Gómez

Alejandro Casavalle nació en Buenos Aires, es actor, pedagogo, director y gestor cultural. Su trayectoria como profesor y director es larga, cuenta con numerosos estrenos, ha impartido talleres en diferentes países y ha sido premiado en varias ocasiones. Confiesa  mantenerse fiel a los circuitos alternativos, donde según él se puede investigar sin presiones. Su última incursión ha sido en lo que él mismo denomina como un nuevo género teatral: el pornodrama. En esta entrevista cuenta cómo se gestó el proyecto, cómo es el trabajo con los actores y las reacciones del público ante un espectáculo donde ocurren escenas de sexo explícito.

UNA HISTORIA QUE SE SUSTENTA EN EL SEXO

¿Cómo empezaste a trabajar sobre la pornografía?
Fue algo casual. En uno de los talleres de actuación que imparto, dos alumnos presentaron unos trabajos que me gustaron. A esa muestra asistió también un profesor de literatura, Javier Magistris —uno de los creadores de este proyecto—; cuando vio los trabajos dijo: «Esto es un pornodrama », y así nació, de manera experimental, lo que sería el primer pornodrama llamado Punto Genital: Pornodrama I. En ese momento me di cuenta que necesitaría hacer tres. Después de investigar mucho y buscar el dispositivo escénico, en el 2008 llegamos a estrenar el segundo, Pornodrama II: un esquimal; advenimiento de un mundo sin polos fijos.

¿Por qué te interesó contar una historia sobre sexo y con sexo explícito?       
El sexo es un vínculo íntimo que todos tenemos, y desde él se pueden observar muchas conductas sociales. En apariencia la sexualidad está cada vez más integrada en nuestras conversaciones, pero en la práctica sigue siendo un territorio velado. Al hacer pornodrama quise descubrir qué sucede cuando algo que es un patrimonio íntimo se vuelve público, que es lo que está sucediendo desde la revolución tecnológica, desde que hay cine, televisión e internet. A diferencia de estos medios, el teatro tiene la particularidad de que es presente y presencia, y en un tema como éste, esa particularidad hace que la experiencia para espectadores y actores sea muy potente. Paradójicamente soy un gran defensor del espacio de lo íntimo; no me interesan los clubes swinger como práctica, pero sí me obsesiona la necesidad que tiene el ser humano de esto.

¿Por qué titulas pornodrama a la obra, lo consideras un nuevo género o es una advertencia para el espectador?
Lo considero un género que está en desarrollo y sobre el que tenemos que reflexionar. El pornodrama busca investigar y mostrar las relaciones de manipulación y poder que se ejercen a través del sexo, y eso sólo es posible si mostramos sexo en el escenario. En Pornodrama II... exponemos situaciones no vistas nunca antes en el teatro, y cuando digo teatro, me refiero al hecho público del teatro, porque un cabaret, un antro, un lugar bailable o una performance también tienen algo de teatral, pero ahí lo sexual se muestra más como un efecto; en el pornodrama la intención es que el público reflexione sobre cómo lo porno atraviesa a los personajes.


SIN RIESGO NO HAY CATARSIS

¿Quién escribe los textos?
Trabajamos desde diversas dramaturgias. Las situaciones las busco junto con los actores, que son también productores de texto a través de sus improvisaciones. Luego, trabajo el pulido con un escritor. Una vez acabado el espectáculo hay espacios muy fijos en el texto, pero mantenemos otros libres a la improvisación pautada. En el tercer pornodrama tengo pensado trabajar también con un dramaturgo que ya conoce de estas obras.

¿Qué referentes usáis?
Mis referentes en literatura son Houellebecq y Kundera, y en cine películas como Short Bus, Intimidad o La celebración. Traté de buscar en teatro, pero salvo La Fura del Baus o lo que hace el director español Calixto Bieito —que sólo pude leerlo—, poco encontré. Me encantaría saber de artistas que trabajen en este tema, sobre todo con apreciaciones que salgan del efectismo de la seducción. No tengo una obsesión con el sexo, sino más bien con las relaciones humanas, donde a veces el sexo es la ley imperante. 

¿Por qué crees que es tan poca la gente que trabaja con este tema?
No lo sé, quizá lo racional gana a lo físico o emotivo. Hay que arriesgar mucho para meterse en estos temas, y me refiero a un riesgo corporal, a una implicación que afectará también a tu vida personal. A menudo me pregunto: ¿qué nos está pasando?, ¿qué me está pasando?, ¿qué quiero?, ¿qué queremos contar? Me respondo que uno debe arriesgar día a día; sin riesgos no hay nada. Creo que el artista entiende mucho de exposición. Muchas veces relaciono al actor con una víctima de sacrificio: todos lo miran y él expone lo más íntimo de sus emociones, de su mundo, para que los demás hagan su catarsis. Sólo cuando eso sucede, hay teatro.

Sexo explícito, pero con límites

¿Hasta dónde llegan los actores para representar las escenas?
Van hasta donde pueden y desean, pero es difícil para los actores incluso en este momento, después de tantas representaciones. Consideramos la puesta o apuesta, como una puesta en abismo. El límite entre la realidad y la ficción está situado en el dispositivo escénico y en el entendimiento de que todo lo que pasa sobre un escenario entra dentro del terreno de la ficción. No es fácil para un actor o actriz esa exposición pública de algo que está en el borde de lo íntimo. Cada uno de ellos tiene un diálogo particular donde yo no debo meterme: es su mundo privado, y es eso: privado; el pornodrama es un mundo público, una descarga social de la intimidad.

¿Qué preparación tienen los actores?
Contamos durante todo el proceso con la ayuda del psicólogo Alberto Motkosky: trabajamos con un tema que moviliza un poder muy grande entre los actores, y hay que contenerlo y aprender de él y sobre él diariamente. Como en todo proceso de investigación, gran parte del trabajo se define con el tiempo, aun así tenemos leyes pactadas de antemano. Lo primero que acordamos fue no tener relaciones íntimas entre nosotros: cada uno tiene sus parejas —o lo que sea de la intimidad— en el espacio de lo real; en el espacio de la ficción todo lo que suceda es parte del dispositivo escénico. Si mezcláramos las cosas se produciría un efecto que aunque la razón puede entender, la emoción no, y el cuerpo lo siente de una u otra manera. Nuestras principales premisas son la voluntad, el orden y límite de los espacios.

¿Hay resistencias?
Por supuesto, y cada uno las sobrelleva de distintas maneras. Son dos actrices y dos actores muy diferentes entre sí, sus cuerpos, sus edades, sus morfologías, difieren y por ende difiere también lo que les pasa. No es lo mismo un actor que se muestra  sexualmente dispuesto a seducir al otro, que aquel que se muestra sexualmente dispuesto a desagradar, o sabiendo que desagrada al otro. Ese último lugar me imagino que es aún más complicado, pero lo exige el papel. No es lo mismo un cuerpo de la industria prefabricado para tal fin que los cuerpos normales, desnudando sus misterios, sus soledades; sobre todo su estado de soledad: a más exposición, más soledad.


Al preguntarle a Alejandro Casavalle qué motiva a estos actores a hacer pornodrama, sugiere que le pregunte a ellos. Por su parte, explica, está convencido de que el proyecto sólo era posible con Carolina, Pedro, Juan Pablo y Lizzi
, debido al conocimiento y la confianza que tienen entre sí. Pero, añade, él nota que las relaciones están en constante transformación en el grupo; de ahí que lo interesante sea conversarlo con los protagonistas. Así, de paso, él se entera de cómo lo ven ellos.

Carolina: Son muchos los motores que nos impulsaron, sobre todo fueron preguntas sobre la libertad sexual, la libertad individual, el placer, el goce o la perversión, es decir, básicamente sobre las relaciones humanas y el individuo. El espectáculo conduce a una reflexión individual sobre nuestra intimidad, sobre lo que vivimos cada día y lo que nos muestran —o no— los medios de comunicación. Como actriz me siento con una gran herramienta de comunicación al reflexionar sobre problemáticas tan cotidianas. Cualquier espectador que tenga la capacidad de cuestionar sus actos, podrá llevarse del pornodrama una pregunta.

Pedro: El día del estreno hicimos un ritual antes de salir a escena: nos miramos y nos dijimos a viva voz: «Somos provocadores». Y eso creo que nos define. En lo personal, veo el proyecto como un desafío con olor a laboratorio científico; es la primera vez que trabajo con asistencia psicológica grupal, lo que le da al proceso un marco científico profesional absolutamente necesario para desarticular  todo tipo de especulaciones internas y externas. En nuestro espectáculo, lo porno no está sólo en lo gráfico: las imágenes son fáciles de entender y repudiar, pero lo que pretendemos es hacer una reflexión sobre lo que el porno moviliza en nuestra intimidad y en la sociedad.

Juan Pablo: Para mí ha sido un desafío desde el comienzo. Si bien nuestro trabajo consiste en exponer nuestras emociones y accionar según lo que dicta el personaje, nuestro instrumento somos nosotros mismos, y aunque el desarrollo dramático justifique lo que sucede, no deja de ser uno quien se desnuda, se expone, se excita, goza y sufre en frente de un montón de desconocidos, y lo que es más delicado aún: delante de nuestros conocidos o afectos. La frase trillada sería que un actor se debe a su público, pero ¿cuál es el límite entre lo que debe y lo que esa misma deuda cuesta? En ese sentido me defino como un rebelde que traspasa el límite de lo «políticamente correcto» y que se divierte haciéndolo. Hoy los medios audiovisuales han generado una forma diferente de mirar; las cosas suceden con tanta rapidez, estruendo, colores y sonidos que el espectador demanda entretenimiento, y a cambio ofrece una escasa actitud contemplativa. Por eso, de cara a una sociedad a la que pocas cosas sorprenden, ver a cuatro personas follando en vivo les despierta una incomodidad y una conmoción interna que no logran ni siquiera las grandes tragedias o catástrofes que transmiten a diario los canales de televisión.

Lizzy:  Mi papel es bastante jugado y comprometido, pero me pareció que valía la pena hacerlo porque —junto a los otros— le muestra al publico y a la sociedad la miseria en la que estamos inmersos, los juegos de poder en la parejas, las relaciones que son generadas sólo por interés económico, además de la falta de compromiso y lealtad ente amigos o en el amor. Para mi fue y es una experiencia muy enriquecedora; me acercó a gente que valía la pena acercarme, como por ejemplo mi familia, y me alejó de otra que sólo pudo quedarse en lo porno, incapaz de ver el drama, o más bien de tolerarlo.


ESPECTADORES DE SEXO

¿Cómo ha reaccionado el público?
En general salen muy movilizados, a nadie le es indiferente. He visto a gente llorando y a gente riéndose a la vez; veo que nos metimos en un asunto que no nos es indiferente. Y no es lo mismo ir solo o con amigos que con quien tienes una relación íntima; y también va en relación al punto en el que te encuentres con tu intimidad. Por suerte no se puede controlar nada, y eso hace la magia. Hemos tenido espectadores de distintos lugares, y cada uno la recibe de manera diferente. Algunas personas impactadas por las imágenes se quedan sólo con la provocación; otras, sin embargo, hacen profundas reflexiones. Algunos conocidos me han comentado que se resistían a venir pensando que iban a ver algo pornográfico, y que luego sintieron que el sexo pasó a un segundo plano. Otros me han confesado que algunas partes del espectáculo los excitaron sexualmente. En lo que la mayoría está de acuerdo es en que es difícil el lugar del público en este espectáculo.

¿Hay muchas diferencias entre lo que esperabas y  lo que has visto?
Suena a tópico, pero la realidad ha superado a la imaginación. Y pese a que el teatro me ha enseñado a no esperar nada, debo confesar que las sorpresas y el aprendizaje que tengo en cada función —porque no me pierdo ninguna— son fascinantes. Siendo sincero, lo que más me intriga es que pasaría con esta obra en distintos lugares, enfrentada a distintas sociedades. El tema del sexo es y seguirá siendo uno de los grandes temas, y por lo general se aborda de un lugar pícaro o erótico. Nosotros lo abordamos desde lo porno, porque lo porno se ha instalado en nuestra vida social y cotidiana. Como anécdota te puedo contar que acá, en Buenos Aires, se dice que en general las mujeres van más a teatro que los hombres; sin embargo, con nuestro espectáculo pasa al revés: el jueves pasado tuvimos una sala llena de hombres y sólo dos mujeres; hay mucha soledad en los hombres también.

¿Por qué crees que la gente va a veros, a pesar de tener prejuicios?
Por el morbo. El que tiene prejuicios en realidad es un morboso: mira lo que desea y no se atreve. Pero, también hay otro tipo de espectador, el curioso, el que se hace preguntas; no todos somos iguales. Lo importante es cuando se trasciende la anécdota, y el teatro tiene esa magia.

SIN CENSURA, CON LIBERTAD

He leído muchas versiones sobre pornodrama ¿Cuál es la correcta?
Todas esas versiones son el reflejo de lo que es, de dónde estamos. Cada función es un acto muy íntimo donde actores y público entran en una comunión cómplice de lo que se está contando, de lo que se escucha y de lo que se ve. El fin es una reflexión, pero no todos reflexionan igual. Sin embargo, lo que pasa en la sala es muy particular, intenso y fuerte. La sociedad es un reflejo de nosotros mismos, y los porteños como sociedad tenemos un tema con el sexo y la seducción; todo el mundo quiere agradar, pero creo que el argentino un poquito más.

¿Ha habido alguna manifestación o movilización para censurar el espectáculo?
Sí, al principio. Nos hicieron una videonota para Clarín.com, y la reacción por mensajes de la gente fue terrible. Eso me asustó, pensé que estábamos absolutamente inmaduros para estrenar esto —aún no habíamos estrenado—. Vinieron medios de TV, también se hizo un debate —acá nos matan, pensé—, pero al final quedó como que lo que hacíamos era muy serio y para intelectuales, y se calmó la cosa. A pesar del escándalo mediático, en la sociedad hubo un guiño. No quisimos provocar a nadie, y entonces nadie se sintió provocado. Otra cosa sería si hubiéramos hecho esta obra en algún espacio emblemático de la Iglesia. En la Argentina no hay un control de censura, acá hay bastante libertad en ese sentido; el sometimiento es más bien económico: si hubiéramos tenido más presupuesto, o esto hubiera sido una obra comercial, quizá sí sentirían que algo estaba en peligro. O si lo hubiésemos hecho en el Teatro Oficial. Acá el teatro independiente —al cual pertenecemos— siempre realizó propuestas movilizadoras. No obstante, es cierto que para ser independientes movimos mucho, pero se han conformado con encuadrarnos desde allí. Los medios grandes nos hicieron notas, pero no se metieron de lleno en el asunto; a diferencia de los medios de internet, de donde salieron las grandes reflexiones de esto. Creo que por suerte se ha descolocado algo.

¿Ya tienes pensado de qué va el tercer pornodrama?
Sí. Se me ocurrió en un viaje que hice en el 2003 a República Dominicana. Se desarrolla en el contexto del turismo sexual, y la historia va sobre unos hombres que, en la búsqueda del paraíso se verán enfrentados a su propia realidad. Se llamará Boca Chica: Pornodrama III.

 

 

Arriba