Invitación a la lectura

Micromundos narrativos, David Lagmanovich y José Alberto García Avilés

Lecturas

Cuando todo acabe acabará, de Ana Arzoumanian

Los sorias, de Alberto Laiseca

Tintalabios

«Empezar un libro es un privilegio que me permite aprender todo de nuevo», Andrés Neuman

«Queremos llevar a la literatura conceptos como el action painting o la pintura matérica», hotel postmoderno

«Muchos escritores “de izquierda” prefieren publicar con las transnacionales», Daniel Divinsky

«Sólo pensar que yo fuera influencia para alguien, me daría una tremenda vergüenza», Agustín Fernández Mallo



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hotel postmoderno
en dos palabras

La banda la componen Sergio Velasco (novela negra), Carolina Otero (poeta), Maxi Villarroya (novela histórica y decimonónica) y Alberto Torres Blandina (ideólogo eventual). La novela la ha publicado INÉDITOR, y fue finalista del Premio Azorín 2008.

Alberto Torres Blandina ganó el Premio Internacional Las Dos Orillas 2007 con su novela La posibilidad de Miia Hakala. Es también dramaturgo y cantante del grupo musical niñamala.

Maxi Villarroya es articulista y escritor. Actualmente codirige la revista cultural VULTURE y colabora en diversos medios de comunicación de la Comunidad Valenciana y de Murcia.

Carolina Otero es poeta y narradora. Con su poemario Versos para un hombre de pero en pecho ganó el Premio Sargantas de Poesía 1998, y desde entonces ha ido sumando diversos galardones. Es cantante del grupo pop rock Lülla.

Sergio Velasco mantiene el blog Laboratorio de mi ego, donde publica semanalmente como malditoescritor.

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Presentación en Barcelona

 

 

HOTEL POStMODERNO:
ENTRE EL FRIKISMO, EL DADÁ Y EL PUNK

«Queremos llevar a la literatura conceptos como el action painting o la pintura matérica»

 

Alberto T. Blandina, Carolina Otero, Sergio Velasco y Maxi Villarroya formaron en 2007 una banda para escribir novelas. En el local de ensayo —un blog— mezclaron la deconstrucción, los métodos de trabajo teatrales o el gusto por Jackson Pollock. Y sobre todo se dieron mucha libertad para escribir entre todos hotel0 postmoderno, un texto gamberro a la vez que conceptual. Con él fueron finalistas del Premio Azorín 2008.

 

 

- Abra un blog.
- Elija como detonador creativo un espacio; por ejemplo: un hotel.
- Sintetice en cinco los pasos a seguir para escribir una novela posmoderna.
- Busque cuatro autores que practiquen géneros distintos —teatro, narrativa, poesía, periodismo, guión...—, y forme con ellos una banda literaria.
- Pídale a todos que escriban en el blog bajo el mismo seudónimo, sin saber nunca muy bien quién escribe qué, intentando ser una sola voz.
- Como pedía Cortázar, siéntanse libres de meter cualquier cosa:¿una canción de AC DC?, ¿una cita sobre ictiología sacada de la Wikipedia?, ¿un anuncio?, ¿un dibujo del cerebro y el mapa donde están localizadas las emociones? Adelante con todo.
- Reúnanse  cada tanto a tomar una cerveza y charlen sobre la obra en marcha.
- Si aún no lo han hecho, róbense personajes los unos a los otros, cambien las historias de los demás, y siempre, siempre peleen por su ego.
- Más cerveza, que no falte. Ya lo decía Chandler: cada centavo ahorrado en whisky puede hacer que la novela se resienta.
- Elijan los capítulos que van y denle forma de novela entre todos.
- Toda trasgresión es efímera, el punk es efímero, la vida es efímera: terminen en un plazo razonable la novela y mándela a las editoriales.
- Una cerveza más: ¿dejamos el blog y los comentarios que hicimos para que los puedan leer incluso nuestras familias? Dejémoslos.

Es una simplificación; pero a grandes rasgos eso han hecho Alberto T. Blandina, Carolina Otero, Sergio Velasco y Maxi Villarroya para alumbrar hotelo postmoderno, una novela difícil de catalogar. Según Alberto y Carolina, es «una frikada», «una obra conceptual» o comparte actitud punk con el Quijote o el Tristam Shandy. Como dice Alberto —el «ideólogo eventual» y «líder de la banda»—, su punto de partida era ver si pintaban con palabras un Tàpies, es decir, salirse de la literatura convencional.

Y si bien ellos sostienen que se toman poco en serio a sí mismos —basta consultar los vídeos de la web o este que remitió Maxi para opinar sobre la novela—, puede que esta entrevista muestre que la afirmación resulta algo exagerada.

¿Abrir un blog y partir de una receta es todo lo que se necesita para escribir una novela posmoderna?
Alberto: Es posible... Tal vez podríamos contestarte si supiéramos lo que es una novela posmoderna. Pero dudo que alguien lo sepa. Yo creo que eso del posmodernismo es una etiqueta cool bajo la que esconder todo tipo de refritos más o menos honrosos.

Un blog como lugar de encuentro, una novela perpetrada a ocho manos, restricciones sobre qué se puede y qué no... Es muy teatral esto de reflexionar sobre cuáles son los puntos de partida a partir de los cuales crear, ¿no?
Alberto: Sí, la novela tiene influencias de la escritura teatral. Yo soy dramaturgo, y en este ámbito escribo a menudo en colaboración con otros autores. Es algo habitual. Se suele empezar a trabajar después de haber creado una imaginería común: películas, imágenes, textos de referencia... Esto fue exactamente lo que hicimos para crear la novela. Buscar un imaginario común y elegir el espacio —un hotel— como disparador, como punto de partida.

Hay que mezclar disciplinas...
Sí, es necesario romper la línea entre las diferentes artes. hotel postmoderno parte de un método de trabajo propio del teatro, utiliza la fragmentariedad e hipertextualidad web, el concepto de grupo musical (los cuatro somos músicos en distintos grupos de pop-rock) y tiene influencias de la pintura, principalmente del arte conceptual (esos que ocupan más tiempo en explicar lo que hacen que en hacerlo, porque suele ser el gesto en sí mismo más importante que la propia obra). Sobre todo nos ha influenciado Jackson Pollock, de quien hemos parafraseado nuestro action writing. Pollock, en su obra, muestra el «acto de pintar» en sí mismo. Nosotros hemos intentado hacer lo mismo con el de escribir. Ves un Pollock y piensas: «Aquí el pintor metió la mano en la pintura y puso la palma contra el lienzo, aquí se alejó y lanzó gotas con el pincel...». En nuestra novela también es posible imaginar a los propios escritores creando: «Aquí vieron un reportaje del Canal Geographic y comenzaron a escribir sobre los peces y los espejos, aquí uno de los autores cogió la historia de otro y le dio la vuelta totalmente...». 


ENTRE EL DADÁ Y LA RESACA DE NOCILLA

Según figura en la sección action writing, la lectura de Nocilla Dream, de Agustín Mallo, actuó como detonador creativo y modelo inspirador. ¿Por qué consideráis que esa novela es revolucionaria?
Alberto: Ha sido un revulsivo para la literatura española, que últimamente arriesgaba poco. Con la mayoría de concursos amañados y las grandes editoriales mainstream que compran a las pequeñas, la industria literaria se ha resentido. Mallo ha demostrado que hay todavía narradores con una poética propia y ganas de investigar. Cuando leí Nocilla Dream le envié un email a Agustín y le dije: «Tío, me alegro de que hayas tenido huevos para escribir esta novela y de que la editorial haya tenido huevos para publicártela». La literatura española necesitaba algo así. No necesariamente Nocilla Dream. Pero sí algo que rompiese con la inercia.

¿Le birlasteis algún recurso o idea a Mallo?
Alberto: No lo creo. Tal vez el valor para hacer algo diferente, sin prejuicio alguno ni prenociones de lo que debe o no debe ser una novela. Nuestra consigna fue: «Divirtámonos tanto como podamos. Si nosotros nos divertimos escribiéndola, seguro que el lector se divierte leyéndola».

Desde el título, hotelo postmoderno —donde hay una llamada a pie de página—, el lector advierte una clara intención por romper esquemas. Así, el libro puede entenderse como una sátira sobre la novela clásica —un poco de actitud punk, vamos— o una burla sobre la posmoderna —una crítica al facilismo con que algunos paren libros a partir de recetas—. ¿Con cuál os quedáis?
Alberto: Con ninguna, y supongo que con ambas. Cuando haces lo que te da la gana, muchos pueden creer que lo que intentas es boicotear. Es verdad que hay mucha ironía, pero contra el mundo del arte en general. Contra las modas (que utilizamos a la vez que ironizamos sobre ellas), contra el acto de crear (que desacralizamos hasta convertirnos los autores en una suerte de patéticos personajes), contra las inercias y prenociones de lo que debe o no debe ser una novela, etc. Y, sobre todo, contra esa gravedad que rige el mundo literario, donde todos visten de color oscuro y dicen cosas muy intelectuales y se toman muy en serio lo que escriben. Si somos iconoclastas, es más en este sentido. La novela tiene un espíritu dadaísta (sólo hay que entrar en la web o en You Tube para darse cuenta). Ni nosotros mismos acabamos de tomarlo demasiado en serio. El punk, cuando eres adolescente, es ponerse las manos en la cabeza y decir: ¡todo es una puta mierda, odio todo! Pero luego, cuando se madura un poco, la verdadera actitud punk cambia al «todo es una mierda, así que todo vale». Y uno deja de rechazar, para integrar. Esa es la verdadera revolución punk. Lo otro es formar ghettos.

Quizá lo interpreté erróneamente, pero me pareció que el libro deja planteada una pregunta al lector: «Hey, esto que estás leyendo, ¿es una novela?» ¿Es así?
Alberto: No lo creo. Al final es más clásica de lo que parece a simple vista. Tiene inicio, nudo y desenlace.

hotelo postmoderno pone el acento mucho más sobre el proceso creativo que sobre la forma o el contenido, los dos conceptos clásicos de la literatura. En esta postura estética vuestra, ¿qué lugar ocupa el lector, qué clase de lector es, qué otros autores lee?
Carolina: La revolución de la novela ya está en el Quijote o en Tristram Shandy, de Laurence Sterne. Requiere de un lector inteligente y activo, algo cultureta, con sentido del humor… para que le pille las gracias a los novelistas. El lector es más importante casi que el autor. Está más claro si tenemos en cuenta que el único mecenazgo factible es el de los 6 a 18 euros que puede llegar a pagar un lector por una obra. Le decimos a ese lector curioso como un científico: ven, acércate, y ríete con nosotros de eso tan serio que es la literatura.


UNA CREACIÓN COLECTIVA

En una entrevista asimilabais la experiencia de escribir este libro a la de tocar en directo con un grupo de música. ¿Por qué un libro de directo en vez de uno de estudio?
Sergio: Queríamos que tuviera fuerza bruta, como en los directos, que fuese bueno pero que no estuviera demasiado elaborado.

Alberto: Exacto, en los discos todo está perfecto, pero la energía que irradia un directo arrastra al público más que cualquier disco de estudio. Y a ese público no le importa que una nota no sea la correcta cuando el guitarrista salta. Prefiere verlo saltar. Creo que el lector se ve arrastrado, al leer la novela, por esa misma energía creativa.

Carol: Realmente la experiencia del directo es mucho más sensitiva, hasta sexual. Cuatro autores creando, con peleas, acercamientos… Ha sido, como proceso, maravilloso. Vivo. El estudio es magnífico, para trabajar calmado, al detalle; el directo es cuatro egos entregando y buscando la armonía del conjunto. Bueno, la armonía punk.

¿Con qué clase de relaciones buscabais conectar entre sí la acumulación más o menos caótica de material que conforma la novela y mantener la tensión narrativa página tras página?
Sergio: No es una acumulación caótica...

Alberto: ¿Crees que es caótica? Hay personajes definidos, historias que se continúan, obsesiones que se repiten desde distintos puntos de vista. Por poner un ejemplo: el tema de la personalidad. Está presente en la historia de Paul Turner, un usurpador de vidas ajenas que busca una nueva víctima entre los clientes del hotel. También en Daniel Lucio, que obliga a sus amantes a seguir un guión —representando todas al mismo personaje femenino— durante sus encuentros sexuales. El mismo tema se repite cuando se habla de los falsos recuerdos, de la fisiología (principalmente en el tema del neuromarketing y del pasado del Huésped, un asesino) o al incluir un fragmento de Paul Auster, un autor que trata habitualmente este tema. Es sólo un ejemplo. Hay muchos más. Y de unas líneas salen otras. El neuromarketing nos lleva a Pavlov y Lenin. Lenin nos lleva al mural que Diego Rivera pintó en el Rockefeller Center de New York, donde la coreana Zhu —en la novela— está a punto de morir. Este mural enlaza con el pintor del hall del hotel y con las reflexiones de Miquel Barceló sobre el arte contemporáneo... Uf, podría seguir enlazando. No, no creo que sea caótica. Quizá hay que leerla con cierta tranquilidad.

Después de tanta alusión al punk, ¿no resulta paradójico pedir que la novela sea lea con tranquilidad? Suena como si los Ramones le dijeran al público que no botase cuando dicen eso de «Hey, ho, let's go».
Alberto: Tienes razón. Es una novela que se lee a una velocidad increíble... O eso nos dice todo el mundo; les haya gustado más o menos, los lectores coinciden en que no podían dejar de leerla. El editor, cuando nos llamó, nos dijo que nada más acabarla sintió que estaba preparado para leerla y por fin disfrutarla. Creo que tiene bastante razón. No sé si es bueno o malo, pero es lo que es.

Al usar sólo frases cortas y censuraros programáticamente perderse en el uso de oraciones largas, subordinadas o adjetivaciones, ¿no se resiente con ello el ritmo en la escritura? Por abuso de este recurso bloguero, ¿no se pierde frescura sintáctica al pasar a formato libro?
Carolina: Bien, desde luego, como fórmula definitiva de una narrativa puede tener su momento de agotamiento. Pero es una forma que sin duda va con los tiempos. «Yo persigo una forma…». Rapidez, máquina, arriba, abajo, sinopsis, síntesis, conversación basura, mensaje de móvil, amor por el messenger… En fin, los tiempos que corren.

Sergio: Respecto a lo del «recurso bloguero». No creo que nuestra forma de escribir sea la utilizada por la gente en los blogs, más bien todo lo contrario. Si te das una vuelta por la blogosfera veras que la mayoría se extienden en divagaciones y circunloquios para expresar su opinión sobre algo, normalmente irrelevante. Nosotros contamos historias.

Esta es una obra de creación colectiva, ¿quién decidía que un capítulo estaba acabado, cuáles entraban, cuáles no o que no se corregía más?
Alberto: Un poco entre todos. Hacíamos reuniones de vez en cuando y, entre cerveza y cerveza, comentábamos cada capítulo.

Sergio: Sí, leíamos uno por uno los capítulos nuevos y tratábamos de adivinar quién lo había escrito. Era muy divertido. Entre todos buscábamos coherencia a nuestras propias historias dentro de las historias de los demás y de la propia novela como conjunto.

Alberto: Acertábamos menos de lo que se puede creer.


ROBAOS LOS UNOS A LOS OTROS

¿Cómo es eso de que ni siquiera vosotros sabías quién había escrito cada capítulo? Y el estilo, ¿no me digáis que no os reconocéis por el estilo de cada uno?
Sergio: Todos entrábamos al blog con el mismo nick, así que los capítulos salían firmados siempre con el mismo nombre. Hasta que no nos reuníamos en persona para uno de nuestros conclaves no nos dábamos a conocer. 

Carol: Sólo algunos personajes o ciertos pasajes son realmente reconocibles. Verdaderamente entramos tanto al juego literario que, o nos atribuíamos líneas de otros o nos las regalábamos. Como cuando un cantante monta un estribillo a partir de un dibujo de guitarra… Llegó un momento que no había «esto es mío».

Alberto: Casi todos los personajes e historias han pasado por todas las manos. Hay gente que no lo cree, pero es así.

¿Por qué perder el concepto de autoría?
Alberto: Lo perdimos solamente entre nosotros para ser más libres al a hora de crear. Si las historias que iban surgiendo no pertenecían a nadie podías apropiarte de ellas en cualquier momento. A mí me divertía mucho, por ejemplo, robar personajes y darles la vuelta. Recuerdo que el primer personaje que creó Carolina era una escritora que reconocí como su alter ego. Inventé unas anécdotas de su pasado y la convertí en la escritora más patética del mundo. No sé si a ella le hizo gracia.

Carolina, pregunta obvia: ¿te hizo gracia?
Me gustó que el personaje tomara otras dimensiones inesperadas con la intervención de Alberto, como creo que a todos nos ha entusiasmado continuar o desviar rutas, historias de otros personajes (o simplemente ver los procesos de cambio). De todas formas, al contrario de lo que piensa Alberto (o pensó en su momento), Natalia no es mi alter ego, no obstante haya reciclado anécdotas de mi vida como la de la naranja bajo la cama del hostal. Lina Belmar, como aclaro en una de mis notas, sí responde a mi yo real. Es un auto homenaje.


ARTEFACTO SÍ, PERO NOVELA

Dice en la solapa y en el señalador que viene con el libro: «Y hotelo postmoderno es de todo menos una novela vacía». ¿Por qué esa precisión?
Alberto: Pues porque tras tanto concepto y tanta curiosidad del público en la novela como artefacto, no queremos que nadie se olvide de que es una novela y de que, ante todo, queremos contar historias. Si te das cuenta llevamos un buen rato de entrevista y todavía no me has preguntado nada de las tramas.

Pero en una novela posmoderna, ¿son importantes las historias que se cuentan?
Alberto: Eh, que era una coña. Sé perfectamente que si esta novela está en el mercado es por razones ajenas a sus tramas. Pero bueno, es otra cosa. No pretendíamos hacer un Velázquez o un Van Gogh. Pretendíamos hacer un Tapies o similar, como lo explica Barceló en la novela con todo eso del material vivo, pasando a un primer plano. De algún modo, intentamos llevar a la literatura todo eso del action painting, la pintura matérica, etc. Entiendo que a mucha gente no le guste esta novela.  Lo primero que dijimos cuando  recibimos la caja de novelas fue: «Uf, nos van a hundir, seamos fuertes». A fin de cuentas era lo que queríamos hacer. Cada uno, por su lado, ya escribirá novelas bonitas.

Digo: estrictamente, no hay «un argumento»...
Alberto: Más bien son argumentos sin acabar de desarrollar. Material sin acabar de cuajar. Escenas en presente y, a veces en pasado, en una especie de background de los personajes que no acaba de darnos los datos suficientes para entenderlos... Apuntes de historias (de diferentes géneros narrativos: novela negra, novela romántica, ciencia ficción, divulgación científica, etc.), que en la mayoría de los casos dejan más vacíos que otra cosa. ¿Quién coño es Groteski y qué hace en el hotel? ¿Por qué Daniel Lucio monta ese numerito de los guiones con las chicas? ¿Qué tipo de empresa es y que relación tienen Juan y Luisa? ¿De dónde salen los hermanos Constantine? En fin, que más que no querer significar, la idea es mostrar el material sin acabar de crear un todo con él. Por eso la parte de Tomas Falsas, con material desechado que no llegó a formar parte de la novela. Por eso las relaciones anecdóticas entre unos capítulos y otros, explicitando los hilos superficiales que las van uniendo.


MAYÚSCULAS, MINÚSCULAS Y CRIPTONITA

Un recurso que no entendí: ¿qué función desempeñan en el texto las oraciones que van en mayúsculas?
Carolina: Bueno, funciona un poco como las mayúsculas en el texto de la Máquina Hamlet, del dramaturgo Müller. Es decir, por un lado, se le deja la interpretación al director de escena (en nuestro caso lector): una mayúscula puede ser allí grito, allí llanto, allí risa… Por otro lado, lo imaginamos como eslóganes publicitarios en el propio texto.

Antes de que lo diga Ricardo Senabre [Nota: el crítico de Babelia, cuyo último párrafo de las reseñas siempre está dedicado a este tipo de disquisiciones]: ¿por qué flashback y no ‘analepsis', por qué postmoderno y no ‘posmoderno', por qué el título en minúscula?
Carolina: Mola más, desde ee cummings la minúscula tiene mucho encanto, bohemia.

Alberto: Lo de flashback por influencia del cine, claro. ‘Analepsis' suena a apolillado y flashback, a modernete. Y lo de ‘postmoderno' en lugar de ‘posmoderno', pues porque con la t es como más rancio. Como una posmodernidad ya pasada de moda.

Sergio: La única respuesta válida es: ¿y por qué no? ¿y quién coño es Ricardo Senabre?

La última, para Carolina. ¿Es cierto, como afirma este libro, que «La masturbación es la criptonita contra la soberanía sexual de las mujeres»?
Yo no sé si es la criptonita, tampoco si las mujeres somos las soberanas (digo yo que para los que no les gusten sexualmente las mujeres, no seremos ni princesas ni ranas). Lo que sé es que es una práctica muy sana, además de la escritura. Que en realidad todo se reduce al onanismo, ya sea verbal, ya sea digital.

 

 

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