Invitación a la lectura

Micromundos narrativos, David Lagmanovich y José Alberto García Avilés

Lecturas

Cuando todo acabe acabará, de Ana Arzoumanian

Los sorias, de Alberto Laiseca

Tintalabios

«Empezar un libro es un privilegio que me permite aprender todo de nuevo», Andrés Neuman

«Queremos llevar a la literatura conceptos como el action painting o la pintura matérica», hotel postmoderno

«Muchos escritores “de izquierda” prefieren publicar con las transnacionales», Daniel Divinsky

«Sólo pensar que yo fuera influencia para alguien, me daría una tremenda vergüenza», Agustín Fernández Mallo




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Ana Arzoumanian
en dos palabras

Nació en Buenos Aires, en 1962. Abogada.

Integra el grupo de estudio La experiencia social de la calamidad: desastre, crisis, trauma del Centro de Antropología Social (CAS-IDES).

Está becada por la Escuela Internacional para el estudio del Holocausto, Yad Vashem, para realizar el seminario Memoria de la Shoá y los dilemas de su transmisión, Jerusalem, 2008.

Poemarios

—Labios (GEL,1993)
—Debajo de la piedra (GEL, 1998)
—El ahogadero (tsé- tsé, 2002)
Mía (Alción Editora, 2004)
—Juana I (Alción Editora, 2006)
Cuando todo acabe todo acabará (Paradiso, 2008).

Novela

—La mujer de ellos (GEL, 2001)

Relatos

—La granada (tsé-tsé, 2003).

Traducciones

Sade y la escritura de la orgía (poder y parodia en Historia Juliette), de Luciente Frappier-Mazur (Ediciones Artes del Sur, 2006).
Lo largo y lo corto del verso Holocausto, de Susan Guiar (Alción Editora, 2007).

Descarga Poemas de Ana Arzoumanian

 

 

CUANDO TODO ACABE TODO ACABARÁ,  
DE ANA ARZOUMANIAN

La destrucción del mundo,
dentro del cuerpo de una mujer

 

El mundo como campo de concentración. La mujer como metáfora de la resistencia y como animal dolorosamente erótico. También la poesía como una escritura que nace de la herida, de la ruina de uno mismo y del lenguaje. Un libro complejo, desbordante, violentamente bello, sólo apto para lectores sensibles.


María Malusardi
mariamalu66@yahoo.com.ar

 

Hay escrituras que no dan tregua. No dejan grietas por donde escabullirse. No ofrecen descanso, no buscan consenso. Apenas lectores que se dejen hundir, cubrir por el desborde. La imagen del volcán es, en tiempos de cólera geológica, tan clara como temible. Tan bella como imparable. Tan atractiva como incierta. Cuando todo acabe todo acabará de Ana Arzoumanian se construye sobre esta metáfora de la desmesura. Si el peligro de escribir reside en hurgar en lo que está oculto, como marcó Clarice Lispector, Arzoumanian, poeta de la herida no del atisbo, insiste en perpetuar esta creencia.

No despliega el verso en la página. Con su poesía enciende una prosa intensa y opresiva; recoge las toxinas del mundo, las sofoca, las recicla y libera en la palabra. Arzoumanian construye un universo propio con las rebeldías del lenguaje, sus desquicios, sus disonancias. Hay tragedia: una historia que se rompe, añicos desperdigados. Nada en la poesía es lo que debería ser: todo se transforma en otra cosa pero, en definitiva, no hay mayor acercamiento a la verdad ni mayor dolor que cuando una escritura se construye desde la ruina —otra vez Lispector— y convierte esa rareza poética en una certeza del instante.


SOY TODA PERRA, Y LOS PERROS NO LLORAN
Cuando todo acabe todo acabará deja entrever al mundo como un campo de concentración. Y éste es el aspecto político: aquí entrarían los ecos de la historia, los genocidios evidentes, los genocidios ocultos en el eufemismo del lenguaje informativo. El mundo no ofrece más que la explotación del cuerpo en todas sus formas: la fábrica, la prostitución, la violación. El cuerpo agraviado se vacía de causa, de origen, de especie. Pero hay que resistir, hay que, incluso, poder gozar, hay que adorar el dolor mientras se abraza el deseo dañado.

Me duele la hora que dice cuándo es suficiente esa cosa que se reparte, o se hace por turno. Cada vez que vos pagás de tu bolsillo esa cantidad necesaria, pagás por lo que ahí duele.

Finalmente, para Arzoumanian la existencia también es un lager. La vejación se transforma en poesía. El cuerpo degradado, en poesía erótica:

Vi cómo hordas salvajes se ahincaban sobre los amasijos de carne hasta devorar el último trozo. Me sostuve de la canilla de la pileta mientras me mordía el brazo para no gritar: Atravesamos corredores lentos, más lentos; yo veía la aniquilación del universo entero.

La animalidad —la metamorfosis como recurso kafkiano— desnaturaliza los horrores causados por el hombre. La presencia de animales violentando la metáfora embellece el absurdo de la vida humana:

Una perra en el abismo donde olvido nombre, palabras. Toda saliva dientes patas frotando. Desnudándome; porque soy toda nunca vestida, toda perra (…) Quiero llorar, pero los perros no lloran.


LA MEZCLA QUE NO CESA
Una mujer y sus vertientes. O bien: varias mujeres convergen en una única. La mujer es, fatalmente, la representación de la resistencia: todo lo soporta, todo recae sobre su cuerpo y logra, desde un erotismo desbordante, transformarlo, parir, reparir lo parido. La mujer roza los dedos y saca del polvo de la herida leche para el hijo, hace del barro de la sangre una canción, más bien un himno:

Sobre la caravana del sexo que baja en tropel, bebo hasta el fondo blanco de los dedos. Bebo para sembrarme. De nuevo.

Desde la sensualidad de su voz, Ana Arzoumanian compone un Stabat Mater profano, un Réquiem expresionista. La música es el cielo del infierno.

Cuando todo acabe todo acabará es un título tautológico. Insiste y cree, ingenuamente, en la posibilidad del fin, como si la permanencia en un campo de concentración fuera una tregua aceptable dado que alguna vez, supuestamente, terminará. Cuando el daño está hecho y se sobrevive al daño, nada cambia, apenas se ha sobrevivido. La tautología del título alude al deseo ingenuo de que el dolor acabe, aunque ya se ha perpetuado, tanto en el cuerpo carnal como en el cuerpo del lenguaje.

Los límites se han disuelto: entre el placer y el dolor, la vida y la muerte, el amor y el odio, lo hermoso y lo horrible, el bien y el mal, el sur y el norte, el este y el oeste, lo dulce y lo amargo. Esta mezcla incesante plantea una redistribución de los valores luego de una necesaria y violenta desmoralización: Arzoumanian absuelve. El reacomodamiento, luego del impacto, no está en el texto sino en el encuentro entre el poema y el lector: es el resultado de una lectura exhaustiva y sensible.

 

 

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