Invitación al viaje

La soledad del extranjero


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INVITACIÓN AL VIAJE

La soledad del extranjero

 

Anduvo por las calles, buscando distraído las más oscuras, contento de estar solo y de sentir el aire nocturno en la cara. Las calles estaban atestadas. La gente se le apretaba, fijaban su mirada en él desde los portales y las ventanas, hacían abiertamente comentarios entre sí —con o sin simpatía, era imposible saberlo por las caras—, y a veces dejaban de caminar sólo para mirarlo.

¿Serán amistosos? Sus rostros son máscaras. Parecen todos milenarios. La poca energía que tienen no es más que el ciego deseo de vivir, común a las masas, ya que ninguno de ellos come lo suficiente para adquirir fuerza propia. Pero, ¿qué piensan de mí? Seguramente nada. ¿Me ayudaría alguno si tuviera un accidente?¿O me quedaría tumbado en la calle hasta que me encontrara la policía?¿Qué motivo podría tener alguno de ellos para ayudarme? No les queda ninguna religión. ¿Son musulmanes o cristianos? No lo saben. Conocen el dinero y cuando lo consiguen lo único que quieren es comer. Pero, ¿qué hay de malo en ello? ¿Por qué me hacen sentir así? ¿Culpabilidad por estar bien alimentado? Pero el sufrimiento está equitativamente repartido entre todos los hombres; cada cual ha de padecer lo mismo...

Paul Bowles, El cielo protector  
Editorial Seix Barral
Primera edición: 1949.

 

 

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