Reseñas

Ocho películas para describir un género complejo,
por Óscar Soler P.

Textos cinéfilos

Divas entre la censura y la decencia



 

 

 

CINE ERÓTICO: DESDE LA INSINUACIÓN HASTA EL SEXO TORTURADO

Ocho películas para describir un género complejo

 

No toda película erótica garantiza al espectador que la libido se le excite. En la historia del cine, este género ha ofrecido desde obras maestras, como El último tango en París, a cintas fallidas, como Las edades de Lulú. Aquí, algunas recomendaciones sobre qué filmes ver o evitar.

 

Óscar Soler P.
oscar_teina@yahoo.es

 

A continuación una pequeña muestra de cine erótico para curiosos, para gente perezosa, erotómanos, cinéfilos, para destronar mitos, para avisar de lo mediocre, para poner en su sitio la sensualidad, el porno y la censura. Un listado de películas para plantearse el significado del erotismo en un mundo donde lo pornográfico devora la insinuación, lo provocativo, y lo convierte en terreno llano, en despelote y en carne de videos cortos.

El imperio de los sentidos (1976)
Una historia desencantada que lleva directa a la tragedia. Una pareja de enamorados, rabiosamente posesivos, fornican todo el rato y apenas tienen tiempo para lo demás. Mantienen su relación en Japón, entre burdeles y geishas, maquillajes, kimonos y puertas correderas. El ansia que se tienen el uno al otro, los celos, la necesidad de sentirse literalmente una única persona, les lleva hacia la entrega definitiva: se aman tanto que se matarían. Ese es su destino, la posesión más radical. Una película de Nagisha Oshima, con una música fuera de lo común que acompaña a la perfección este drama de los setenta.

Historia de O (1975)
En esta obra, el director Just Jaeckin transforma el sadomasoquismo en un acto de dulzura y romanticismo, gracias a la banda sonora y a una espléndida fotografía. A pesar de ello, el aburrimiento revolotea durante todo el metraje debido a los insistentes latigazos que recibe la protagonista y también a causa de la censura propia de la época. Historia de O pudo ser una película pornográfica con argumento, con un guión sin frases torpes de relleno. Udo Kier —coprotagonista— pone de su parte, así como el resto de la plantilla: entre los personajes no hay una sola mirada frívola, un gesto guarro, un ven aquí que te coma todo. Se trata de una historia absurda pero tomada muy en serio, y sin una sola escena que carezca de sexo.

El último tango en París (1972)
El mejor trabajo de Bernardo Bertolucci con un guión genial intepretado por Marlon Brando, Jean Pierre Léaud y Maria Schneider. Apenas contiene tres o cuatro escenas tórridas, porque aquí lo importante no es el sexo explícito sino la palabra: el guión se ceba con la institución familiar, con la clase media,... hasta con dios. Sin ningún escrúpulo. El protagonista conoce a una jovencita en un piso de alquiler: allí se desata una relación carente de tabúes y de formalismos. El piso de marras se convierte en un picadero donde no importa el pasado ni el nombre de los amantes, un lugar donde no cabe el amor ni el compromiso. Un templo del sexo donde Brando se queda solo y ella escucha sin entenderle demasiado bien.

Las edades de Lulú (1990)
Una película para perder la líbido de inmediato: un guión pésimo en un clásico de Bigas Luna, quien en realidad, quiso rodar una película porno disfrazada de cine de culto. Los actores Javier Bardem, su madre, Francesca Neri, y María Barranco no salvan el naufragio. El conjunto no es más que una sucesión de escenas de sexo en las que el director quiso probar todo lo posible: afeitado de los genitales, felación con una menor, incesto, orgías, sadismo,... Sin embargo, lo que consiguió es convertir el sexo en un asunto mecánico y frío; ni tan siquiera morboso.

Showgirls (1995)
Cuando el director Paul Verhoeven se afincó en Hollywood se trajo de Holanda las ganas de rodar cine erótico. Lo intentó primero en Instinto Básico, con el famoso cruce de piernas de Sharon Stone y poco más. Tuvo que rodar luego Showgirls, y además con ganas de jugársela en serio: contratar como protagonista a Elizabeth Berkley —conocida por la serie Salvados por la campana— fue como poco un suicidio. Además, del resto de actores sólo destaca Kyle MacLachlan (Twin Peaks, Terciopelo Azul); los demás cumplen su cometido sin más: bailan, seducen, se pavonean y hacen el gallito. Y el argumento es lo de menos: las andanzas de una bailarina que se muda a Las Vegas para triunfar. En definitiva, una película de culto, entretenida y que casi va directa a la sección X de los videoclubs.

El diario íntimo (1995)
Peter Greenaway no pretendió una película propiamente erótica con The Pillow Book; no obstante le salió un experimento cargado de erotismo, a su vez que un barroco ejercicio de escritura. Nagiko, una modelo japonesa, encuentra la posibilidad de vengar la muerte de su padre. De pequeña, éste le escribía bendiciones tradicionales con un pincel sobre su rostro. Nagiko vive obsesionada con la piel desnuda, los pinceles y la caligrafía; al localizar a su objetivo —un editor homosexual —, le envía libros escritos sobre cuerpos desnudos a modo de aviso; amantes que pronostican su final. En conjunto, se trata de una dolorosa historia en la que se mezcla el arte de la caligrafía con el arte de la carne.

Eyes wide shut (1999)
Los amantes de cuerpos altos y esbeltos, con tacones de aguja y máscara veneciana, tienen en Eyes wide Shut un motivo de peso para ver la última película de Stanley Kubrick. Además, las muchachas se pasean así al ritmo de música sacra hindú; cosas del morbo, claro. William Harford (Tom Cruise) se larga de casa tras un ataque de celos a causa de su mujer (Nicole Kidman); la noche neoyorkina le tiene reservada una lección de sexo y otra de miedo: en su paseo nocturno se cruza con una joven ninfómana, con prostitutas de lujo,... hasta que por fin consigue meterse en una fiesta privada que le devuelve el gusto por su casa y su mujer. En el fondo, se trata de una película menor en la impecable filmografía de un genio; sin embargo, se nota la factura del maestro en cada plano.

La pianista (2001)
La venden como un filme repleto de sexo siniestro, con imágenes que provocan desmayos en salas de cine, como una obra que explora lo más recóndito de la sexualidad humana. La historia de una profesora de piano cuyas costumbres quitan el sueño al occidental de a pie. Pero no: en realidad, lo más desagradable de La pianista no surge de su personaje central, sino de su entorno y del coprotagonista. Ella no es más que una niña autoritaria encerrada en si misma, que se derrumba al enamorarse de uno de sus alumnos. Su frialdad ante los demás, su sumisión ante las exigencias de la madre chocan con las intenciones de este joven que se encapricha con su profesora. Una historia terrible sobre una sociedad caníbal, como suele ser común en las películas de Michael Haneke.

 

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