SERVANDO CARBALLAR, VOZ Y TECLADOS DE AVIADOR DRO

«La industria debe replantearse a partir del directo,
se acabó eso de estar sentado cobrando
cheques de autores»

Emblema del pop español y de la movida madrileña, Aviador Dro cumplirá 30 años en 2009. El punk y, en general, el espíritu de las vanguardias llenó siempre de contenido ideológico su propuesta musical. Para estos pioneros del tecno, las discotecas son catedrales; las máquinas, hijos; My Space, el fin del monopolio del mercado discográfico y el intercambio de archivos, la posibilidad de tocar en Perú, México, Alemania y Estados Unidos

Juan Pablo Palladino

El próximo año, 2009, la marca emblemática del pop electrónico español Aviador Dro cumplirá 30 años. No obstante, sus integrantes ya están movilizando sus neuronas para el festejo. Sobre todo el cantante, Servando Carballar (alias Biovac N), el único superviviente de la legendaria formación, hoy reducida a un cuarteto. Él más que nadie quiere hacer algo grande, algo que devuelva al grupo, construido sobre los cimientos de un lenguaje musical y conceptual futurista, a las portadas de las revistas y a las carteleras. O que, al menos, restituya a sus seguidores más canosos el brío que les recorría en 1983.

Entonces los primeros adictos al tecno-pop disfrutaban de la época más activa del conjunto y de su doble disco medular: Síntesis. Este incluía Tesis y Antítesis, y un manifiesto titulado Síntesis de la revolución dinámica. Hacía un año, también, que el proyecto de Carballar había superado la ignorancia de las compañías discográficas tras fundar la suya propia: D.R.O. (Discos Radiactivos Organizados). Una fórmula para editar discos comercial y artística independiente, desvinculada de las grandes empresas editoriales. Esta plataforma tardó poco en convertirse en pionera y revolucionaria dentro del mercado cultural de la época, la transición española a la democracia. Su sello fue impreso en los primeros trabajos de muchas formaciones musicales que integraron el revulsivo fenómeno artístico conocido como la movida madrileña. Más tarde D.R.O. se implicó, tal vez por las afinidades de sus creadores, en la pujante producción de videojuegos a mediados de los 80 y principios de los 90. 

Las biografías cuentan que el nombre Aviador Dro surge como homenaje a la ópera homónima compuesta en 1915 por el músico futurista Francisco Balilla Pratella (1880-1955). Un homenaje nada gratuito, todo lo contrario: una declaración de intenciones. Servando Carballar y el resto de los primeros componentes del proyecto coqueteaban por entonces con el espíritu de las vanguardias de principios del siglo XX: dadaísmo, surrealismo y futurismo. Principalmente con este último. De ahí su fascinación por el lenguaje tecnológico (todos los músicos que ingresaron a la formación se rebautizaban con un mote robótico) y por el lugar de la cibernética en la evolución de la especie humana.

«Somos el primer paso hacia el hombre-máquina». «Hay que asimilar el sentido sistematizado de la vida para poder ser feliz». «El ser humano desaparecerá. Más aún, es necesario aniquilarlo para pasar a un estado maquinal. En este estado, no habrá libertad individual, únicamente existirá la libertad colectiva. Tampoco habrá problemas porque cada hombre-máquina estará debidamente programado y todos seremos felices». Provocadoras frases que hoy integran sus biografías. Y que resumen la esencia de un proyecto —artístico e ideológico, si es que ambas cosas pueden escindirse— que, no obstante, ha sabido acoplar su estética (musical y visual) a la época por la que transitaba.

Y podría decirse que ellos mismos han empezado a encarnar esas ideas. De hecho, tuvieron que suspender las actuaciones de principios de año porque a Carballar le han implantado una prótesis con cuatro clavos en alguna de sus extremidades inferiores. ¿Habrá iniciado el proceso para convertirse en un ciberhombre? Como sea, la devoción por las máquinas impregna su música y las manifestaciones que ofrece en esta entrevista con Teína.

RUPTURA MUSICAL, QUIEBRE ESTÉTICO

Aviador Dro nació con el punk. ¿Qué lo distinguió y qué lo identificó ideológicamente con este movimiento?
El punk representaba una ruptura total con todo lo anterior. Lo importante era el contenido, la información, por encima de la forma o el virtuosismo. Eso era perfecto para nuestras ideas: inmediatez e intensidad.

Su música siempre contuvo un mensaje político o al menos de compromiso con los problemas de la época. ¿Abunda la banalidad en el panorama actual de la música popular?
Desde los años 90 la industria ha tendido a primar la banalidad sobre el mensaje. El triunfo del heavy metal y el hip-hop entre los mas jóvenes son los únicos estilos que reivindican la trasgresión y el inconformismo con la sociedad. En época de crisis lo único que importa es vender. Ahora la gente va a los conciertos para oír los éxitos de la radio formula, no por comulgar con una actitud o una postura. Sin embargo, creo que sigue habiendo espacio para minorías con otros intereses.

La electrónica se consagró  en países como Alemania como celebración de la alienación tecnológica del mundo moderno. ¿Cómo reivindicar una sociedad más saludable desde esta posición?

La tecnología es una poderosa herramienta en manos de los movimientos sociales. Movimientos de progreso como las ONG, los antiglobalización, el proyecto de la Tasa Tobin o los microcréditos cobran mucho sentido y poder cuando Internet es su vehículo de comunicación. El problema no es la tecnología sino el usuario. El primer mundo quiere tener contentos a sus ciudadanos a partir de una falsa ilusión de democracia y bienestar, y a costa de la expoliación y la esclavitud financiera del tercer mundo. En España somos esclavos de los bancos y las grandes empresas. Somos siervos de la gleba de los constructores que viven del sudor del ciudadano hipotecado por 40 años o más. En el medioevo la gente moría antes y, por tanto, producía menos. Hoy se nos cuida mejor: somos el ganado de las oligarquías financieras mundiales. Y la concienciación sobre todo esto es más fácil con las actuales tecnologías de comunicación: Internet es en sí mismo revolucionario. Por eso los gobiernos abiertamente totalitarios lo segregan y mutilan.

 

¿Por qué «confiar en tus máquinas» [título del último CD del grupo]?
Las máquinas son nuestros hijos. Si tomamos el conjunto del universo, es mucho más raro encontrar en otro planeta un coche o un televisor que una ameba o un árbol. El futuro es de los cyborg, hombres máquina sin lastres religiosos ni deudas morales. Sin nacionalismos baratos y discriminación racial o financiera. Sin fronteras y sin trabas: comeremos la fruta del árbol de la Ciencia hasta saciarnos de curiosidad y raciocinio.

Tras 25 años de carrera han asistido a festivales como el Sonar u otros escaparates de la electrónica actual. ¿Qué impresión le merecen los nuevos integrantes de este género? ¿Qué rescataría de la escena nacional?
Es fantástica la eclosión y la perdida de miedo a la electrónica como vehículo de comunicación e información estética. Evidentemente hay mucha morralla. En general no soporto demasiado el experimentalismo: PanSonic y propuestas así. Prefiero apostar por el reacondicionamiento de la cultura popular. Éxitos que cambien las cosas. Me gusta lo que hacen Ladytron o Client, pero también la energía de bandas como los White Stripes o Franz Ferdinand. De la escena nacional, me gustan Trigger, Lethargy, Fangoria o L-Kan. Propuestas muy diferentes pero muy sólidas.

Si echa un vistazo a su carrera, ¿qué diferencias musicales encuentra entre el primer Aviador Dro y el actual? Musicalmente, el Aviador Dro del siglo XXI es, de momento, menos sorprendente porque nuestras propuestas ya se encuentran muy asimiladas por la cultura pop actual. Sin embargo seguimos siendo una de las bandas tecno más fuertes en directo porque descendemos de propuestas punk que siguen conectando con el público actual. Somos más enérgicos que nunca y nuestro mensaje se entiende mejor ahora.

 

LOS 80 Y EL POP COMO REVULSIVO

 

¿Cómo le explicaría usted a un niño de 10 años qué fue la movida madrileña y cómo influyó en el devenir de la música pop española?
La movida madrileña fue un momento de respiro y liberación tras 40 años de oscuridad y fascismo. Había ganas de hacer cosas y disfrutar..., y no importaba el mañana.

Ustedes estudiaron «la influencia de la cultura pop y la tecnología en los humanos». ¿Se anima a explicarla brevemente?
Hace muchos años detectamos que las discotecas, «las catedrales del futuro», tenían un enorme potencial como aglutinante juvenil y de cultura popular. Nos interesa la música pop por su capacidad de penetración en las mentes jóvenes que aún no han sido vencidas por el sistema. El pop tiene todo lo que nos gusta: es rebelde por definición, es sexy y es reivindicativo. Mucho más eficaz que escribir un libro de filosofía en los tiempos que corren.

Usted fue uno de los impulsores del movimiento discográfico independiente de los 80. ¿Existe lugar para este tipo de producción cuando la industria discográfica parece monopolizar el mercado?
La respuesta al monopolio del mercado es Internet. Myspace.com representa el camino de la autogestión digital total. Las compañías de discos terminarán siendo gestoras y representantes de sus artistas. El soporte físico desaparecerá en unos años.

La posibilidad de intercambiar música gratuitamente por medio de Internet le ha valido muchas críticas a quienes usan el sistema para eso. ¿Qué opina al respecto?
El intercambio de archivos nos ha permitido a nosotros ser conocidos en Perú, México, Alemania y Estados Unidos. Sin Internet, poder viajar allí y tocar en directo sería imposible o, al menos, mucho más difícil. Los músicos han sobrevivido miles de años con su directo. La música grabada sólo tiene unas decenas de años de vida: es un accidente. La industria musical tiene que replantearse a partir de la música en directo, que es como siempre ha existido. Se acabó el estar sentado cobrando cheques de autores; fue bonito mientras duró. En la música clásica ningún profesional se plantea vivir sólo de sus grabaciones. En el pop pasará lo mismo.