Invitación al viaje

La frontera extraviada


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Invitación al viaje

Entrevista a Luis Sepúlveda

 

 

 

INVITACIÓN AL VIAJE

La frontera extraviada


Luis Sepúlveda

Ilustración: Miguel Herranz

 

«Dos puntas tiene el camino y en las dos alguien me aguarda», dice una conocida canción chilena. Lo jodido es que estas dos puntas no limitan un camino lineal, sino lleno de curvas, vericuetos, baches y desviaciones que conducen invariablemente a ninguna parte.

*

En cada ciudad en la que me detuve visité a antiguos conocidos o hice amagos de nuevas amistades. Salvo contadas excepciones, todos me dejaron el ánimo amargado por un sabor uniforme: las gentes vivían en y para el miedo. Hacían de él un laberinto sin salida, acompañaban de miedo las conversaciones, las comidas. Hasta los hechos más intrascendentes los revestían de una prudencia impúdica y, por las noches, no se acostaban para soñar días mejores, o pasados, sino para precipitarse en la ciénaga de un miedo oscuro y espeso, un miedo de horas muertas que al amanecer los sacaba de la cama ojerosos y aún más atemorizados.

Cierta noche de viaje la pasé en Säo Paulo tratando de amar, incluso de manera desesperada. Fue un fracaso, y lo único rescatable fueron los pies de la compañera buscando los míos con un lenguaje honesto de piel y amanecida.

—Qué mal lo hicimos —creo que comenté.
—Cierto. Como si nos estuvieran observando. Como si usáramos nuestros cuerpos y tiempo prestados por el miedo —respondió.

Los pies. Aquellos gorditos inútiles se acariciaban mientras compartíamos un cigarrillo.

—En otro tiempo fue tan fácil llegar al país de la felicidad. No estaba en ningún mapa, pero todos sabíamos llegar. Había unicornios y bosques de marihuana. Tenemos la frontera extraviada —agregó.


Patagonia Express,
Luis Sepúlveda
Tusquets editores, Barcelona 2001

 

 

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