La introspección a través del espacio cotidiano
Entrevista a Florencia Blanco

Trabajos de Florencia Blanco:
· Salteños
· Aproximación
· Fotos al óleo

 



Florencia Blanco en dos palabras

Montpellier (Francia), 1971. Desde ese mismo año, residió en Pedro Luro, provincia de Buenos Aires, y poco más tarde se trasladó con su familia a la ciudad de Salta. En 1989 se fue a estudiar a Buenos Aires Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires y concurre al taller de fotografía de Juan Travnik. Ocho años después trabaja como pasante de fotografía en el diario El Tribuno de Salta.

En el año 2000 recibe la Beca Nacional de Fotografía del Fondo Nacional de las Artes y el Subsidio a la Creación Artística de la Fundación Antorchas, para desarrollar Salteños, un ensayo fotográfico sobre la cultura urbana de la ciudad de Salta. Con este trabajo ganó el Fifty Crows International Fund for Documentary Photography al mejor ensayo latinoamericano y fue elegida Mejor Portfolio de los Encuentros Abiertos de Fotografía de Buenos Aires.

Con Salteños, Florencia Blanco expuso en lugares como la Fotogalería del Teatro San Martín (Buenos Aires), en Photo España 2001 (Madrid), en la Fifty Crows Foundation (San Francisco, EE. UU.), en el Museo de la Fotografía de Charleroi (Bélgica), en La Maison de la Radio (París) o el Festival Internacional de Arte de Salisbury (Inglaterra).

En 2001 ganó la beca del Programa Trama (Fundación Espigas) para su ensayo fotográfico Quinceañeras.

En paralelo a estas actividades, trabajó como fotógrafa de filmación en largometrajes, como El bonaerense, El pasado, Familia rodante, La niña santa o El custodio , incursionando en el cine también como camarógrafa en Ciudad de María.

Entre 2004 y 2007 trabajó en otros nuevos ensayos fotográficos, entre ellos Aproximación, Fotos al óleo: retratos de un sueño y Hogar.

Parte de su obra forma parte de la colección del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

Sitio web de Florencia Blanco

Notas

1. Para ampliar información sobre el descubrimiento de las fosas comunes pertenecientes a la época de la dictadura en el cementerio de Salta (Argentina) pueden verse los artículos del diario Página 12: «Hay una fosa común de 30 metros» y «Nichos NN en Salta».

2. Perro Pila es una raza de perros originaria de Sudamérica muy común en Salta. Para más información ver «PERRO PILA. Nuestra verdadera raza autóctona»

 


Día de los estudiantes.

 

FLORENCIA BLANCO, UNA FOTÓGRAFA SALTEÑA QUE EXPLORA EN LOS HÁBITOS CULTURALES QUE LA FORMARON

La introspección a través del espacio cotidiano

Dice ser tímida, pero irrumpe atrevida, espontánea e intuitiva en cuanto la rodea: las costumbres de su ciudad, los gestos de su familia o los objetos atesorados. Así lo atestiguan sus trabajos fotográficos Salteños (2000), Aproximación (2005) y Fotos al óleo (en proceso). Todos ellos a color, y en los que retrata eso que más conoce: su espacio cotidiano, aunque sin caer en el costumbrismo. Con certezas pero también con dudas, deseos e insatisfacciones interpela obstinadamente a esa cultura donde se formó.

 

María Laura Nieto
laura@raimundodg.com.ar


Nació en Francia, pero pasó su infancia en Pedro Luro y a los 11 se fue a vivir a Salta, ciudad que la marcó profundamente; tanto que en Salteños, su primer trabajo, se preguntó por las costumbres de su gente. A los 18 años decidió estudiar Imagen y Sonido en Buenos Aires, donde vive desde entonces. Trabajó en películas como La niña santa de Lucrecia Martel y El bonaerense de Pablo Trapero. Otros trabajos fotográficos son: Aproximación, que explora a las mujeres de su círculo íntimo en situaciones cotidianas, y Fotos al óleo, que investiga las fotografías pintadas al óleo que fueron muy populares durante las primeras décadas del siglo XX, pero de las cuales hoy casi no existe documentación.

Por el contrario, en el living de su casa sí atesora mucha documentación. Allí hay una gran biblioteca con libros, muchos de ellos relacionados con su profesión: Martin Parr, William Eggleston, Gretel Stern, Martin Chambi... Del otro lado, sobre una mesa, hay una carpeta grande, de unos 50 x 70 cm, que parece contenter trabajos suyos. Es fin de diciembre y hace calor. Florencia ofrece unos mates mientras, con voz dulce y baja, le habla a su hija Irene de 2 años. Al rato Enrique, su marido, pasa hacia la cocina y desde allí saluda. Ella vuelve con el mate, se sienta y despliega sobre la mesa la carpeta: ahí están todas sus fotografías.

¿Cómo te relacionaste con la gente en Salteños?
A veces conocía a las personas y otras no, pero a los lugares sí los conozco porque son los que frecuento cuando estoy en Salta. A este bar (Madrid Snooker Club) no era la primera vez que iba, al río voy siempre, conocía casas antiguas y además preguntaba a todas mis tías abuelas y a las señoras grandes qué casas lindas se acordaban que había en la ciudad. Para sacar la foto, pedía permiso porque no tenía necesidad de hacer sí o sí una en particular, y además la gente accedía la mayoría de las veces. Y si alguien me decía no, bueno, estaba bien: hay otros señores, otros motivos que fotografiar; no era un problema. En otros casos el fotógrafo esta al límite y se juega a sacar la foto sí o sí, por ejemplo, cuando se trata de una denuncia. Acá no era el caso.

Algunos son momentos muy íntimos, como la persona que duerme en el río, ¿no?
Sí, son lugares muy familiares para mí. El señor de la guitarra, por ejemplo, me cantó dos zambas. No lo conozco, pero existe una historia compartida entre ambos. Que alguien tenga una guitarra en el río, se le esté mojando y cante medio borracho es común para mí. No me sorprende la situación. Alguien que no es de Salta a lo mejor se sorprendería; pero en mi caso forma parte de un recorrido habitual en el que hay millones de acontecimientos así, y mis fotos son sólo 30. Ellas transmiten los valores que aprendí en Salta, qué es valioso y qué no, y eso cambia de ciudad en ciudad. La pertenencia al lugar genera una relación propia, diferente a la que tendría alguien que viene con otros valores, que disfruta otras cosas y que tiene otros conflictos.

 

LOS HOMBRES NO LLORAN
¿Por qué elegís situaciones que te son familiares?
Porque tienen que ver con la cultura en la que crecí. Con Salteños descubrí algunos deseos personales: me pregunté cómo ser mujer, qué casa quiero o qué familia, por ejemplo. Es muy fuerte. Los íconos de la cultura quedan fijos en una imagen y hablan de un estilo de vida. En esta foto (Día de los estudiantes) donde dos jóvenes muestran sus músculos y se ve, desafiante, su auto detrás, si bien es divertida, también evoca la imagen de una sociedad machista. Ellos tienen que ser fuertes: «Los hombres no lloran». A la vez, ese razonamiento lo encuentro, por ejemplo, en mi pareja. Desde que nos conocemos Enrique habrá llorado sólo 2 ó 3 veces, y yo más o menos 10 mil.

Hay fotos donde se ven situaciones violentas, como en la del árbol mutilado…
Esos (Árbol cortado) son los restos del árbol que estaba en el patio central de una casa de principios de 1900, que hasta tenía las paredes de adobe. Están demoliendo esas casas de un modo brutal. No digo que haya que conservarlas todas, pero sí que no hay políticas que permitan preservar al menos algo de ellas. Además, hay muchas otras cosas violentas. Un año nuevo salí a hacer fotos y, en una fiesta, a mi hermano Ramón lo patearon en el piso siete tipos. En Salta es fácil que la gente se agarre a piñas, y no podés aislarte porque interactúas con eso. Por más que yo fantaseara con que estaba ajena a la ciudad, tuve que aceptar que formaba parte de ese tejido social.

¿Cómo ves el movimiento en la sociedad?
Salta es más estática que, por ejemplo, Buenos Aires. Se mueve muy lento. Hace poco descubrieron en el cementerio de la ciudad fosas enormes de desaparecidos. Un grupo de la facultad de Humanidades de Salta realizaba allí un trabajo sobre el oficio del cuidador de cementerios. Durante la charla el cuidador les dijo: «Bueno, y en esa parte hay unas fosas de la época difícil... Ustedes ya saben. No se pueden tocar, y la pared con aquellos nichos tampoco, porque ninguno tiene nombre». ¿Cómo que no se pueden tocar? «No, hay una orden de un juez que dice que no se pueden tocar». ¿Pero cómo llegaron los cuerpos ahí? «De noche, cuando entraban los camiones Unimog del Ejército» (1). Esto se conoció hace un mes, y desde el 82 son más de 20 años para que en Salta se pueda hablar de ello.

 

EL FESTEJO DE REALIZAR LA FANTASÍA
¿Qué fue lo que te interesó para profundizar en las quinceañeras?
En la fiesta de 15 se presenta a la mujer en sociedad. Es el momento en que deja de ser una niña para asumirse como mujer, para formar pareja y luego casarse. Me interesa la forma en que se construye esa fantasía de la princesa. Porque en esa fantasía se mezcla la realidad personal con lo que vimos en cuentos como la cenicienta. Admiro la espontaneidad de decir «Quiero un vestido turquesa brillante» y hacerlo, que no importe usar un collar de plástico que imite las piedras preciosas, todo sólo con tal de realizar la fantasía. La gente humilde ahorra años para hacer la fiesta, y me parece que está bueno. Mis fotos son una reacción al estereotipo de los retratos que muestran a los pobres aborígenes, los pobres gauchos. En la ciudad hay millones de situaciones divertidas, con energía. De todos modos, tampoco me quedo con la foto bella del social. Hay un personaje que sale movido: ¿quién es? Parece el padre, el fotógrafo, el diablo, la espalda sale blanca por el flash. Hay también dudas y preguntas.

¿Tu mirada funciona como una crítica?
No, esa no es la intención. A veces la gente lo ve como una burla, pero creo que tiene que ver con el espectador: es él quien se burla un poco. De todos modos, en la foto hay elementos que pueden funcionar como disparadores. Por lo demás, el salteño se ríe de sí mismo: es chistoso. El señor del perro pila (2) inventó poner el perro ahí, en su mano; para mí fue insólito. Y si me preguntás: ¿te estás riendo de este señor? La verdad es que no y sí. Me estoy riendo, él se rió también de sí mismo al poner el perro así. Y no sé si esta mal. Como la quinceañera que dijo «Quiero un vestido turquesa...» y se lo hizo. Más bien festejo y admiro eso. En mi caso, soy tímida y eso me impide, por ejemplo, hacerme el vestido brillante. Pero a partir de ese momento, me animé de a poco a hacerme vestidos que me gusten.

 

HACÉ LO QUE VOS SABÉS HACER
Aproximación aparece como un trabajo más personal, ¿verdad?
Sí, son todas mujeres de mi círculo íntimo: mi suegra, mi tía mi hermana, mi mamá, mi amiga, mi mejor amiga, mi otra hermana. Mientras tomábamos mate o charlábamos hacía las fotos. Ninguna modelaba, los gestos son propios de cada una. La mano entre las piernas (Ivana) tal vez esta ahí por la timidez que sintió mi amiga mientras la fotografiaba: no todos reaccionan igual frente a una cámara.

¿Encontraste con Aproximación cosas propias también?
En este trabajo me detengo, estoy ahí. No voy apurada. Descubrí cosas nuevas de las personas que fotografié y de mí, sobre todo en lo que tiene que ver con lo femenino, con ser mujer, con estar cerrada o no. Fue mirarme. La foto donde se ve el mar termina la serie, y para mí es mirar hacia delante. La sensación de alivio y de placer, porque el mar tiene algo de eso.

¿Y Fotos al óleo?
Es un trabajo en proceso. Mientras hacía Salteños, entraba en casas antiguas donde había retratos fotográficos coloreados al óleo, y me resultaban muy atractivos. Los fotografié, pero ninguna de las fotos que les hice me gustó; por eso quedaron fuera de Salteños. Las fotos al óleo eran muy populares, se hicieron millones en el país y no existe documentación que hable de ellas, entonces empecé a comprarlas en los mercados de pulgas, y llegué a coleccionar 60. Probé un montón de ideas y finalmente hice una serie donde cambié los retratos del lugar donde originalmente estaban en las casas. Y ahí dije «¡Ah!, me gusta». Eso les dio un brillo, una chispa.

¿Tenés un método de trabajo?
Me llevó un tiempo entender mi propia metodología, las primeras veces que salí a hacer fotos me encontré un poco perdida. Cuando conseguí la beca para hacer Salteños pensé «¿Ahora qué hago?», y Enrique, que es muy futbolero, me dio una recomendación: «Todos los entrenadores le dicen a los jugadores que acaban de comprar “Hacé lo que vos sabés hacer». Y así fué como encontré mi modo de trabajo: jugando en la cancha. Como no preparo con anterioridad una toma, las desiciones surgen espontáneas, me dejo guiar por la intuición; observo algo que me interesa, lo acompaño técnicamente y confío en que en el camino encontraré la foto.

 

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