Invitación a la lectura

1956: Zama, Di Benedetto y qué es literatura, por Juan José Saer

Lecturas

El novelista y las novelas, de Manuel Gálvez

Después apareció una nave (manual para nuevos cuentistas), de Guillermo Samperio

Nocilla Dream, de Agustín Fernández Mallo

El colectivo, de Eugenia Almeida

Tintalabios

Juan Aparicio-Belmonte: «Abundan los dogmáticos que se toman la literatura con una seriedad de asno»

Roberto Fontanarrosa: «Quisiera ser talentoso, popular y millonario, pero me basta saber que mis libros se venden bastante bien»


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Belmonte en dos palabras

Juan Aparicio Belmonte nació en Londres en 1971. Es autor de

- Mala Suerte (I Premio de Narrativa Caja Madrid y III premio Memorial Silverio Cañada, 2003),

- López López (2004) y

- El disparatado círculo de los pájaros borrachos (XII premio Lengua de Trapo de Novela, 2006).

Además, ha traducido al español el relato del escritor norteamericano Stephen Crane, Heridas bajo la lluvia (2006), inédito hasta ahora en español.

Página web del autor

Entrevista en literaturas.com
Entrevista en la Gangsterera

 

DISPARATE Y NOVELA NEGRA: LA COARTADA PERFECTA PARA JUAN APARICIO-BELMONTE

«Abundan los dogmáticos que se toman la literatura con una seriedad de asno»

 

Tiene tres novelas en el mercado, dos premios —el Caja Madrid y el Lengua de Trapo— y un deseo: publicar tanto como Simenon. Le encanta escribir para ver si sale de los atolladeros narrativos donde se mete. Eso sí, esos atolladeros deben estar relacionados con tramas, personajes, movimiento y escenarios; para Juan Aparicio-Belmonte (Londres, 1971), las novelas deben ser narrativas, no artefactos para exposiciones de arte.

 

Alberto Olmos
alberto-olmos@terra.es

 

 

Juan Aparicio-Belmonte (Londres, 1971) tiene ya tres novelas en el mercado, las tres con la editorial Lengua de Trapo y las tres clasificables dentro del género negro, versión satírica. Se trata de un autor especialmente dotado para la fabulación, la creación de personajes estrambóticos y el encadenado de  diálogos cinematográficamente naturales.

Ganador del Premio Lengua de Trapo con su última novela, Aparicio-Belmonte nos habla de su visión de la literatura y de sus autores favoritos, y deja muy claro que lo suyo no es la devoción por un selecto puñado de autores, sino por una selecta avalancha de grandes libros.

Tu última novela, El disparatado círculo de los pájaros borrachos, recupera algunos de los personajes de tu ópera prima, y establece un juego de novela dentro de la novela que ha llamado mucho la atención de lectores y críticos. ¿Cuál fue tu motivación a la hora de plantearte una novela con semejante estructura? ¿Pesó más el reto técnico o el cariño que pudieras tener a tu primera obra?
Pesó el reto narrativo, aunque le tengo cariño a mi primera novela, por ser la primera. Cuando escribo, me gusta complicarme la vida para luego intentar salir airoso de los barullos en los que me meto. Esta es mi manera de disfrutar de la escritura. Y suelo tener problemas para dilucidar por qué demonios hago lo que hago, no sé realmente cuál es mi motivación y admiro mucho a los escritores que saben explicar minuciosamente la intención y el contenido de sus novelas.

Mala suerte, esa primera obra, ganó el premio Caja Madrid y se etiquetó como novela negra de corte humorístico. Dado que tus siguientes textos han seguido esa línea, ¿te consideras un escritor de género? Si es así, ¿qué opinas de la afirmación de Camilo José Cela de que la literatura de primera calidad «es literatura sin adjetivo», es decir, nunca lo serán las novelas rosas, negras, de ciencia ficción, del oeste...?
No me considero escritor de género. Según lo entiendo yo, el escritor de género se marca unos límites de antemano para que la novela no se salga de una definición concreta. Yo no me marco ningún límite, sino que intento romperlos. Lo que ocurre es que las tres novelas que he publicado hasta el momento contienen un crimen. Tal vez por eso se habla de mi tendencia negra. La humorística o la fantástica también están presentes, pero se mencionan menos. Los géneros son etiquetas que deben servir para orientar al lector en las librerías, pero no para limitar al escritor. Todas las novelas, sin excepción, son clasificables y, por tanto, «adjetivables». Quiero decir, que no estoy de acuerdo con la afirmación de Cela.

Me llama la atención que todos tus libros transcurren en Madrid, y además en un Madrid que se asoma mucho (el nombre de las calles) en el texto. ¿Te mueve a ello una simpatía extrema por el Ayuntamiento de la ciudad?, ¿amor a la ciudad?, ¿asco a la ciudad?, ¿seguridad a la hora de establecer el escenario?... Lo digo más que nada porque vivimos una tendencia literaria opuesta, en la que los escritores prefieren ubicar sus historias en otros países, o en sitios no reconocibles.
Creo que seguridad a la hora de establecer el escenario. Con El disparatado círculo de los pájaros borrachos intenté que la ciudad protagonista fuera Roma, en la que viví durante nueve meses, pero no lo conseguí. Madrid se me impone porque la conozco mejor, porque me resulta más fácil imaginar peripecias narrativas en esta ciudad que en cualquier otra.

¿Te imaginas dentro de treinta años con cincuenta libros publicados? Porque al ritmo que vas...
Ojalá. Para mí, el objetivo al que todo escritor debe aspirar es Simenon. Finalmente, la mayoría somos monógamos y escribimos diez libros a lo largo de la vida. Pero, como me repetía el profesor anarquista que me enseñó latín durante el bachillerato, hay que tender hacia la utopía.


MIENTA, PERO SÓLO SI LO HACE CON SEGURIDAD En López López, tu segunda novela, se incluye un motivo narrativo similar al de la obra de teatro Arte: un cuadro no figurativo de lo más irritante. ¿Qué opinas de las novelas que no tienen trama ni personajes, de los libros que apuestan todo al virtuosismo idiomático, a las ideas o, incluso, a lo poético?
Opino que las novelas que no tienen trama ni personajes no son novelas, sino, más bien, artefactos para exponer en la feria Arco. Fuera de bromas, me interesan más los libros narrativos, las novelas puras y duras, donde ocurren cosas, hay movimiento y personajes y escenarios reconocibles. Pero hay algunas novelas poéticas que me gustan mucho: Mortal y rosa de Umbral, por ejemplo.

López López se lee en un suspiro, y transmite la frescura y el buen humor de las mejores novelas de Boris Vian. ¿Tienes a este autor entre tus favoritos? ¿Podrías listarnos sin pudor la consabida serie de novelistas preferidos?
No tengo a Boris Vian entre mis favoritos, la verdad. Y soy más de novelas que de autores: mi lista de novelas, así a bote pronto, serían: Fortunata y Jacinta de Galdós, Rayuela de Cortazar, El factor humano de Greene, La senda del perdedor de Buckowsky, Leyenda del César visionario de Umbral, La fiesta del Chivo y Conversación en la catedral de Vargas Llosa, La mala hora de García Márquez, 1280 almas de Jim Thompson, El tren de Simenon, El agente secreto de Conrad y, así, un listado extensísimo. Algunos cuentos también son lecturas de cabecera, como Syllabus de Juan Benet.

Al ser novela negra, en tu obra aparecen muchos policías, abogados y delincuentes, y los episodios que narras a veces resultan reconocibles (la página 161 de López López incluye diálogos sobre tiros en la rodilla oídos en En el nombre del padre, por ejemplo). En todo caso, ¿tus narraciones buscan en algún momento la denuncia o el retrato social, verídico, de Madrid? ¿Inventas más de lo que recopilas en periódicos o consultas personales?
No hay intención de denuncia social, pero sí la intención de transmitir mi visión de la vida mediante la deformación de la realidad. Invento muchísimo más de lo que recopilo, porque no recopilo nada. Intento escribir con la suficiente osadía como para que el lector se crea lo que está leyendo. Creo que las mentiras hay que contarlas con mucha seguridad para que pasen por verdad.


ESCRIBIR O VENDER SUGUS: HE AHÍ LA CUESTIÓN
¿Qué opinas de la cantidad de amigos que está haciendo Rafael Reig desde su página satírica de El Cultural, en la que arremete con nombre y apellidos contra casi todos los agentes de lo literario?
Creo que los lectores nos reímos mucho con esa página, así que si algún enemigo se lo carga algún día, el sacrificio habrá merecido la pena.

¿Por qué crees que hay tanta gente que quiere ser escritor si se gana más vendiendo sugus? ¿Tanto  mueve el anhelo de gloria literaria? ¿Es una especie de locura? Si es así, ¿de qué tipo?
Seguramente también hay un montón de vendedores de sugus. Recuerdo que, cuando ejercía la abogacía, los abogados se quejaban de que eran demasiados en el oficio. En el mundo de los actores ocurre lo mismo, por eso la mitad se pasa la vida trabajando en la hostelería. Y en el de los periodistas igual. La escritura es una forma de pasar el rato tan buena como cualquier otra. Es un divertimento intelectual, igual que el ajedrez. ¿Está lleno de locos el mundo del ajedrez? Es posible. Yo creo que se escribe porque se lee, porque se admira a determinados escritores y se les quiere imitar. Se quiere ser como ellos. Y esta vocación tiene algo maravillosamente absurdo: ganar dinero no garantiza la sensación de éxito. Muchos autores de éxito viven amargados por la falta de reconocimiento de la crítica. Lo más molesto del mundillo literario no es el número de escritores, sino el número de individuos que recalan en la literatura y sus aledaños con una vocación más sacerdotal que literaria. Aquí abundan los dogmáticos que se toman la literatura con una seriedad de asno y a mí esos tíos me aburren muchísimo, porque no soporto las homilías.

Después de El disparatado círculo de los pájaros borrachos, que ha conseguido el premio Lengua de Trapo, ¿te propones perseverar en tu línea narrativa o cambiar totalmente? ¿Te has planteado alguna vez, incluso, dejar de escribir?
Me propongo perseverar y a la vez cambiar totalmente. Y dejar de escribir ahora no me apetece mucho, pero en un futuro no lo descarto (cuando haya igualado a Simenon).

Última pregunta. ¿Hubieras dado las mismas respuestas a este cuestionario de haber surgido, a título privado, durante una conversación con un amigo?
Si el amigo hubiera estado medio borracho, sí.

 

 

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