Encuentro con Antonio Birabent:
«No me imagino cantando cualquier palabra sin ton ni son porque rima o entra en la métrica»

Veinte años cosidos a retazos
La evolución de Joaquín Sabina en cuatro conciertos

Apuntes para una cronología argentina de Joaquín Sabina

Birabent brevísimo

Nació en Buenos Aires en 1969, pero vivió en España entre 1976 y 1987. Su nombre empezó a sonar de manera masiva hacia 1993 con el estreno de la película Tango feroz y la grabación del disco Todo este tiempo. A partir de ahí comienza un paralelo de música y actuación: entre 1993 y 2005 compuso 9 discos y participó en varias películas y series de televisión.

Página oficial de Antonio Birabent


Tengo fantasías futbolísticas (entrevista)


Antonio Birabent: distinto tiempo (entrevista)

Bienvenida seas (video)


Montevideo (video con Mäuss)

Discos
Todo este tiempo, 1994
Morir y matar, 1995
Azar, 1998
Anatomía, 2000
Anatomix, 2001
Cardinal, 2002
Buenos Aires, 2003
Tiempo y espacio, 2005

Películas
Tango Feroz, 1993
El impostor, 1996
Pequeños milagros, 1997
Lisboa, 1998
¿Sabes nadar?, 2000
Stephanie, 2004 (sin estrenar)

Series de TV
Verdad-consecuencia, 1996-1997
Por ese palpitar, 2000
Un mundo de sensaciones, 2001
Epitafios, 2004
El tiempo no para, 2006

 

 

TIEMPO Y ESPACIO PARA UN ENCUENTRO CON ANTONIO BIRABENT

«No me imagino cantando cualquier palabra sin ton ni son porque rima o entra en la métrica»

 

Porteñísimo. Nostálgico. Multifacético. Prolífico. Nueve discos en 12 años y ya grabando uno nuevo. Y además lector compulsivo sobre la ciudad de Buenos Aires y actor. Pese a todo, Birabent elude las etiquetas. O mejor dicho: sólo acepta una: cantor, una palabra muy porteña y antigua que, según él, viene de unir cantante con actor.

 


Birabent no siente la necesidad de definirse, dice ir por la vida sin tener que llevar rótulos. Pero sí se declara fanático del tango, de los bares antiguos, de los mapas… ¿del color azul? Azul, el pantalón, la remera, los ojos... Birabent habla pausado, con mucha claridad, quizás porque busca las palabras precisas para describir lo que piensa; no da lo mismo cualquier palabra. Su estilo intenso y a la vez informal parece estar lejos de la solemnidad, aunque la Legislatura de La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ni más ni menos, se empeña en organizar actos en salones dorados para reconocer su trayectoria y su amor por la ciudad.

 

EL PROTAGONISMO LO TIENEN LAS PALABRAS
Componés tus discos…
Componer es mi naturaleza, es el momento más preciado y más preciso. Escribir una canción es una experiencia liberadora y reveladora, quizás por eso escribo mucho y  algunas de esas cosas que escribo terminan en canciones. Aparte asocio escribir con leer: escribo porque leo. Para mí esas dos acciones van unidas. Me resulta muy normal motivarme con un libro que estoy leyendo; muchas veces es un disparador aunque después resulte nada que ver. No necesariamente tomo temas o ideas, puede ser que una sola palabra —incluso fuera de contexto— me llame la atención y de ahí se desate un mundo. La escritura es mi momento creativo primordial, después hay una reinterpretación. De todas formas me da placer todo el proceso, desde componer hasta interpretar las canciones, con los miles de detalles intermedios, diversos y a veces largos.

¿Escribís pensando en canciones?
No. Escribo. Y escribo desde la emoción: la palabra es víscera pura, es el resumen de una visión o una idea que me movilizó. A veces intento ser ordenado, pero por lo general no sé bien adónde me lleva cada línea. Pueden surgir versos, canciones completas o simplemente notas, pensamientos que no llegan a nada. O que no llegan a nada en ese momento; puede ser que después los rescate y renazcan en otras cosas. Me cuesta mucho ordenar, la parte que me resulta más placentera es la escritura salvaje.

¿Cómo es tu proceso de corrección?
Difícil. Me da pereza corregir, hay momentos en que no le encuentro la vuelta a lo salvaje y termino no haciendo una canción. A veces lo salvaje no es musical. Por supuesto que si la idea es sacar una canción necesito diseñar un esquema preciso, por ejemplo: tres estrofas y un estribillo. Generalmente al principio todo es caótico, después estoy obligado a generar cierta prolijidad. Si lo logro, habrá canción. Por suerte también me pasa que una canción sale casi en versión final al primer intento.

¿Sos metódico para trabajar?
Si tuviera más método podría escribir casi una canción por día, pero no tengo disciplina, lo cual creo que es una bendición. Logro concentrarme más cuando tengo un objetivo concreto, cuando quiero armar un nuevo disco. Mientras, acumulo; en libros, en notas, en la cabeza; junto ideas y sensaciones que sé que en algún momento pueden llegar a ser una canción. Pero ese proceso es sin presión, es espontáneo.

¿Cuánto tardás en componer un disco?
Es imposible saberlo. De alguna manera tardo treinta años en componer los temas de un disco y tres meses en escribirlos. Creo que tiene que ver con algo que madura, que está. Nunca parto de cero: un disco es una recopilación.

¿Pensaste alguna vez en escribir un libro?
No. Escribir un libro me parece una tarea dificilísima, casi inabordable. Sólo escribo cosas cortas, de hecho las canciones son cosas cortas. En general lo que escribo termina siempre siendo una inspiración para algo musical.

¿Imaginás un público cuando componés?
Para nada. Realmente no tengo claro cuál es el público que me escucha. La música camina por el aire, cualquiera puede escucharla. No sé adónde llegan mis canciones: no podría componer con una direccionalidad. Cuando hago canciones y grabo discos el compromiso es conmigo, que me entusiasme a mí hacerlo; después, como dice Piazzola, tengo la esperanza de que a los demás también les guste.

Editás tus propios discos, ¿no?
De los discos que he editado hay algunos que han salido de una forma autogestionada y otros no. Cuando decidí sacar discos por mi cuenta tuvo que ver con una necesidad: de otra manera los discos no salían. Por suerte pude hacerlo así, sin esperar que una compañía me marcara los tiempos. Si me hubiera dejado llevar por los tiempos de otro, mi trabajo sería mucho más acotado.

¿Qué te pasa cuando escuchás temas que escribiste hace tiempo?
Cuando pasa el tiempo y releo o canto una canción me gusta recordar los caminos que hubo que recorrer, de dónde surgió, cómo se fue armando. Para mí todo ese mundo tiene mucho valor. Tiene mucho valor el reencuentro con las palabras. A veces hay canciones que tienen detalles curiosos. Por ejemplo en Descansar hay una frase que dice: «no se cuándo, no sé cómo, pero yo ya estuve aquí». Esa es una frase que tomé literalmente de una película que hice, El impostor, basada en un cuento de Silvina Ocampo. Tiempo después leí esa misma oración en el prólogo —escrito por J. L. Borges— de La invención de Morel de Bioy Casares. Me apasiona encontrar coincidencias, todos esos detalles forman la historia de una canción. Tropiezo con muchísimos descubrimientos de este tipo, un autor me lleva a otro y todo se empieza a encadenar. También influye, quizás, mi devoción por las palabras y por la ciudad —Buenos Aires—. Muchos de mis temas tienen que ver con lo urbano y como leo bastante sobre Buenos Aires, posteriormente descubro coincidencias y curiosidades.

 

BUENOS AIRES, UNA GRAN OBSESIÓN
En tus canciones se percibe una relación muy estrecha con la ciudad: citás calles, barrios, describís situaciones muy porteñas. ¿Por qué ese fervor por Buenos Aires?
No sé el porqué. Buenos Aires es una pasión. Especialmente la Buenos Aires antigua, esa que nunca conocí pero intuyo, esa que de a ratos se muestra a los que se detienen un poco más. Es muy interesante ver cómo la ciudad encierra reminiscencias del pasado en un viejo bar de Parque Chacabuco, en la costanera norte, en un pasaje de Villa Crespo… Creo que la ciudad está en un estado de tiempo continuo: una mezcla de ahora y ayer.

¿Toda esa nostalgia se relaciona con haber estado mucho tiempo lejos del país?
No lo sé realmente, supongo que es más mi temperamento. Aunque sin duda el tiempo afuera del país puede haber tenido algo que ver. Por lo pronto por esa sensación de sentirme en algún punto turista en mi propia ciudad, con ojos de pasajero. Quisiera no perder esa mirada.

¿Cuándo regresaste de España te sentías un poco extranjero?
No, siempre percibí que mi cultura y mi medio era la Argentina. Pero sí vivir en España me formó de una manera distinta —ni mejor ni peor: distinta—. No sólo por la cultura española sino porque con mi familia tuvimos que adaptarnos a un mundo nuevo. No fue fácil irnos y no fue fácil volver: eso me marcó y me dio otra visión de las cosas. Reconozco que tengo una gran esencia española; a nivel personal mi relación con España no va a terminar nunca, pero pertenezco al universo rioplatense. No podría ser ciudadano de varios lugares, necesito apropiarme de un lugar.

 

UN PERFIL HETEROGÉNEO
¿Cómo te definirías? ¿Más como músico o como actor?
No me siento con la necesidad de definirme. Siento que todo lo que hago es desde el mismo lugar, por eso no me interesan ni me sirven los rótulos. Tanto en la actuación como en la música hay una comunicación a través de la emoción; para mí son dos campos que se tocan en muchos puntos. Hace poco encontré una palabra que me divierte: cantor. Me gusta decir, irónicamente, que soy cantor, como la unión de cantante y actor. Además cantor es una palabra muy porteña y antigua.

Tus últimos trabajos son bastante heterogéneos, ¿la diversidad es una búsqueda o es tu estilo?
Me cuesta entender la música como algo acotado, la entiendo desde un lugar variado y amplio. De ahí el hecho de componer canciones que son muy distintas, puedo jugar con  todos esos mundos. De pronto surgen temas que son sólo con guitarra o temas que tienen un gran despliegue. También me gusta cantar temas de otros, eso te lleva hacia otro lugar poético, a una manera diferente de relacionarse con las palabras. Todas son experiencias interesantes y enriquecedoras. Es tan amplio el mundo de la palabra y la música que se hacen canción, son tantas las posibilidades, que surge el deseo de llevarlo a un espacio más cerrado, más chico. Quizás por una cuestión de practicidad. Sin embargo yo prefiero manejarme con todo el espectro de posibilidades. Seguramente esto vuelve a relacionarse con mi necesidad de que las palabras tengan un sentido fuerte en el contexto de una canción. No me imagino cantando cualquier palabra sin ton ni son porque rima o entra en la métrica. Me cuesta partir de una melodía que me gusta y ponerle letra; me parece que es algo forzado. Pienso que el camino natural es el inverso, quizás por eso en mis discos haya más homogeneidad temática que sonora.

¿Por qué el título de tu último disco, Tiempo y espacio?
Son dos coordenadas que nos marcan. Soy muy conciente del tiempo y el espacio: del lugar en el que estoy, del momento del día, de la época… Me cuesta mucho estar en un lugar y no saber dónde está el norte, por ejemplo. Eso me obsesiona desde que descubrí que muchos mapas de Buenos Aires están mal hechos: el norte no está arriba, las coordenadas están inclinadas. Se nos movió la brújula. Esta curiosidad me parece una excelente metáfora de lo argentino.

¿Estás trabajando en algún proyecto?
Estoy empezando con un nuevo disco; tengo muchas canciones dando vueltas, mucho material. A pesar de eso también quisiera evaluar la posibilidad de cantar temas de otros. Este proyecto me acapara bastante, en este momento mi energía está en esto. No me impongo plazos, pero la idea es que salga para fines de mayo.

¿Qué música escuchás?
Me gustan mucho el folclore y el tango. Escucho al Cuchi Leguizamón, Yupanqui, Liliana Herrero, Mercedes Sosa. El tango me encanta en general, escucho de todo.

¿Qué estás leyendo ahora?
Potrero, de Juan Molina y Vedia. Es un ensayo sobre Buenos Aires, sobre las transformaciones que se fueron dando en la ciudad.

 

 

Arriba