El delgado hilo entre la asistencia social y la despolitización de conflictos

Colaboración

Entre sueños globales y condiciones materiales: la otra cara de las ONG, José Beltrán Llavador

Voluntariado: ¿participación política, labor social o interés egoísta?, por Elvira del Pozo

Entrevista:

James Petras, sociólogo
«No hay que despreciar la lógica de partir de las luchas sociales cotidianas hacia las luchas por el poder político»

Antonio Ariño Villarroya, sociólogo
«El tercer sector es una realidad que el poder trata de controlar constantemente»


 

Referencias bibliográficas:

1) Ángeles Diez Rodríguez. Las ONG en el marco del nuevo orden mundial. Instituto Ortega y Gasset, Madrid.

2) La fuerza creciente de las ONG. El Atlas de Le monde Doplomatique. Edición Cono Sur. Segunda edición. 2003.

3) Carlos Gómez Gil. Las ONG en la globalización. Estrategias, cambios y transformaciones de las ONG en la sociedad global. Icaria Editorial. Barcelona, 2004.

4) José Luis Palacios. «Las ONG y la Globalización» Entrevista a Carlos Gómez Gil, en Noticias Obreras.

5) Carlos Gómez Gil. Las ONG en la globalización.

6) Lola Galán. La última gran causa. El País. España. 06-12-2005.

7) Marisa Revillo Blanco. Zona peatonal. Las ONG como mecanismos de participación política, en Las ONG y la política. Ediciones Istmo, 2002.

 

Enlaces para ampliar el tema

Sobre las Organizaciones no Gubernamentales, por Raquel Herranz Bascones

Las ONG en el marco del nuevo orden mundial

¿Estado versus “sociedad civil”? (PDF)

Reseña "Las ONG en España. De la apariencia a la realidad", de Carlos Gómez Gil

El Espectáculo humanitario

La creación mediática de la sociedad de la información, por Salvador Giner

Las ONG en la picota ¿Se acabó la luna de miel?, por Franz Nuscheler

La semilla del 7%

Las dos caras de las ONG, por James Petras

"La paradoja del sistema es que el capitalismo no puede controlar sus capitales", entrevista a James Petras

Artículos de Jordi Raich, auntor de El espejismo humanitario

Revista Española del Tercer Sector

Portal sector3

Tercer sector


 

 

LAS ONG, UN MUNDO HETEROGÉNEO

El delgado hilo entre la asistencia social y la despolitización de conflictos

 

¿Expresiones de la sociedad civil que encarnan alternativas frente al desgaste de la política tradicional como método para lograr un mundo más justo? ¿Grupos de interés que buscan conquistar parcelas de servicios abandonados por un Estado neoliberal?¿Vías para una verdadera participación ciudadana o simples instancias de caridad y de contención? Aunque la variedad de ONG no permite las generalizaciones, quizá quepa estar alerta ante el optimismo desmesurado que sugiere ver en estas organizaciones los auténticos  motores del cambio social.

 

Juan Pablo Palladino
juanpabloteina@yahoo.es

 

El horizonte de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) aparece amplio, plural, imposible de definir genéricamente. En rigor, el propio concepto ONG se revela como poco práctico a los ojos de los especialistas, a quienes estas siglas ya no les sugieren nada concreto. Ello no ha impedido, sin embargo, que éstas se pusieran de moda en los medios de comunicación en las últimas décadas. Esa repercusión mediática revistió su significado literal con un aura de alternativa frente a un imaginario colectivo cada vez más apático respecto a la política y a las instituciones democráticas, especialmente porque éstas parecen ir cada vez por sendas menos representativas del interés general. Con todo, esta concepción resulta engañosa y sus consecuencias, peligrosas.

La variopinta esfera de las ONG torna insuficiente cualquier encasillamiento y explicación universal de su naturaleza. Los intereses, las motivaciones, las estructuras, la financiación, el tipo de acciones, los objetivos que persiguen, el alcance geográfico o la ideología cambian notablemente entre unas y otras. Con frecuencia, tales aspectos las sitúan más cerca de los organismos de poder públicos y privados que de las bases sociales —aunque actúen sobre ellas— o de la supuesta independencia que abanderan. Por ello, hablar de atomización en este campo tiene sentido. Pese a esa característica indiscutible, los investigadores advirtieron otros rasgos comunes sobresalientes en este estrellado universo.

Allá por los años cuarenta, apareció por primera vez el término ONG en documentos de las Naciones Unidas. El único parecido entre aquellas primeras entidades no gubernamentales consistía precisamente en eso, en no formar parte de la estructura gubernamental; lo que indicaba en principio su carácter privado. Constituidas por técnicos y profesionales, sin fines de lucro, buscaban satisfacer necesidades de otras personas impedidas de hacerlo. Actuaban en los campos de salud, educación y derechos humanos, entre otros, y sus acciones promovían valores y actitudes. Los antecedentes de estas primeras formaciones pueden encontrarse en fundaciones y asociaciones previas a la década del treinta, que buscaban tanto alentar el desarrollo industrial como paliar sus efectos sociales. En los años setenta, las ONG brotaron por doquier bajo dos lineamientos concretos: el reivindicativo y el asistencial (1).

Otra clasificación resulta útil. De un lado, las ONG que integran «poderosas redes multinacionales» y que tocan ámbitos como la acción humanitaria, los derechos humanos o el medio ambiente. De otro, movimientos de distinto tamaño que pueden estar formados por diversas nacionalidades y que se oponen a la globalización neoliberal.

Las primeras recolectan fondos y llegan a contar en sus arcas más de 500 millones de euros (Cruz Roja o CARE), 300 millones (Oxfam) ó 200 millones (Save de Children). Éstas son suficientemente poderosas para presionar a gobiernos y consiguen amplia repercusión mediática. Las segundas no tienen como objetivo recaudar fondos, participan en movilizaciones callejeras y muchas colaboran con movimientos sociales (ver entrevista a James Petras). Entre ellas, por ejemplo, figura ATACC, una asociación que lucha por la «imposición de un gravamen a las transacciones financieras» —fuente de especulación de los grandes capitales—, destinado a ayudar a los ciudadanos. A pesar de esta clasificación, ambas categorías suelen mezclarse y organizaciones de ambas participan en manifestaciones sobre causas comunes (2).

 

UN FENÓMENO NEOLIBERAL

La germinación masiva de estas asociaciones privadas con fines público abrió la puerta a multitud de interpretaciones. Sin embargo, la mayoría de éstas coincide en el contexto sociopolítico de su explosión: debilitamiento de los poderes políticos nacionales, desregulación del mercado de trabajo, privatización de los servicios públicos, concentración de riquezas —y consecuente ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres— y profundización de las crisis económicas en los países del tercer mundo. En este marco surgen «redes alternativas» que, por un lado, intentan cubrir las carencias desatendidas por las vías de asistencia estatales y, por otro, que reivindican cambios desde fuera de las vías políticas tradicionales, como «voces de la sociedad civil».

No obstante, las divisiones son opacas: la asistencia humanitaria nutrida de dinero público y aportes voluntarios se mezcla con la participación cívica y la crítica política. La visión más optimista entiende la masiva aparición y el desarrollo de las ONG como una muestra de vitalidad cívica, de compromiso social, de nuevos canales de participación en asuntos públicos importantes para el pluralismo político y la vida democrática. La mirada más escéptica, mientras, advierte del riesgo de las generalizaciones en un campo tan heterogéneo y reclama cautela: ¿la abundancia de ONG prueba por sí sola la existencia de una sociedad activa y de una vigorosa cultura democrática y solidaria?

La pregunta encuentra respuestas, siempre parciales, en otros interrogantes: ¿representan las ONG a las parcelas de la sociedad donde actúan? Es decir: ¿dónde reside su legitimidad cuando son organismos cerrados, poco democráticos y de estructuras verticales? ¿Implican instancias de participación ciudadana y educación política para resolver los problemas de fondo o conforman sólo espacios de asistencia y contención «profesional desde arriba»?

Puede que estos rasgos coincidan. Detectarlos y medir su peso ayuda a identificar intereses e ideologías en el complejo maremagno de organizaciones autoproclamadas como auténticas expresiones civiles, con poder para reclamar ayudas públicas, capaces de seducir al capital privado y de intervenir en los problemas comunales… Pero reacias con frecuencia a rendir cuentas, poco trasparentes en su funcionamiento interno e independientes de los movimientos sociales que movilizan a parte de la ciudadanía desde abajo.

 

OPORTUNISMO ASISTENCIAL

El sociólogo Carlos Gómez Gil investigó hasta qué punto las ONG «son una repuesta al proceso de globalización, como habitualmente se afirma, o si por el contrario se han convertido en un elemento más de la mundialización y la extensión de una sociedad neoliberal» y si éstas se utilizan para facilitar a las instituciones de poder el avance de ese proceso. Para él, el sistema capitalista encontró en ellas la posibilidad de paliar la pérdida de derechos sociales y de servicios públicos por la vía de la privatización. Una «neobeneficencia revestida de un cierto componente solidario» (3). Pese a todo, reconoce que junto a las organizaciones creadas «al hilo de los procesos de privatización salvajes» y a las fundadas «sin pudor por empresas y multinacionales para gestionar mejor sus intereses y rentabilizar mejor sus inversiones», existen otras: «las que trabajan desde criterios distintos, intentando generar nuevos espacios de solidaridad, de defensa de causas y personas vulnerables» (4).

Así, las instituciones internacionales y las instancias de poder, como el Banco Mundial, comprenden la utilidad de amparar a las organizaciones que «luchan para erradicar la pobreza» y que, para ello, compiten por morder una porción del pastel subsidiario (buenas intenciones y sacrificios personales aparte). «Cuando reconocen el papel de las ONG», señalaba Jenny Pearce, «no se imaginan a campesinos organizándose para defender sus derechos sobre la propiedad de la tierra o a trabajadores disponiéndose para conseguir mejores salarios y condiciones». Al contrario, observan «organizaciones voluntarias que quizá puedan prestar servicios de forma más eficaz que el Estado» y que se constituyen así en «un sector privado regenerado», cuya importancia radica simplemente en no pertenecer al Estado, el «culpable de los fracasos del desarrollo en las últimas dos décadas» (5).

En este río caudaloso que son las ONG no todo lo que brilla es oro y, además, lo que brilla lo hace con matices divergentes. De hecho, Alan Flowr, especialista en el Tercer Sector, clasificó en su libro Striking a balance las ONG por su apariencia y enumeró unas cuantas clases de éstas. Entre ellas aparecen, por ejemplo, las QUANGO (Quasi Ong), organismos preestatales surgidos de la administración pública; las Bringo (ONG maletín), que nacen a la vera del anuncio público de lanzamientos de fondos con el propósito de nutrir los bolsillos de sus oportunistas creadores; las CoNGO (ONG comerciales), fundadas por empresas para ganar concursos, contratos y desgravarse impuestos; las CriNGO (ONG criminales) y las MaNGO (ONG mafiosas), involucradas en acciones delictivas como el lavado de dinero o contrabando; las PoNGO (ONG políticas), utilizadas para canalizar fondos hacia el electorado de un partido político y evitar que lleguen a la oposición; las GoNGO (ONG gubernamentales), implantadas por algunos gobiernos de países pobres para quedarse con el dinero destinado desde países ricos hacia esas entidades (6).

 

¿COMPROMISO CÍVICO O DESPOLITIZACIÓN?

El hedonismo actual ama el humanitarismo a destajo porque brinda la sensación de luchar por un mundo mejor. El riesgo estriba en quedarse sólo con eso y desatender que las verdaderas posibilidades de cambio pasan por alcanzar el poder y revertir la fuente de injusticia. Utópico para muchos, seguramente, pero real. Al menos más real que crecer confiado con la idea, inoculada desde el colegio, de que las democracias occidentales configuran el gobierno del pueblo, donde todos portan derechos inalienables. En este orden, la concepción asistencialista sólo refuerza la impresión de que las desigualdades sociales y económicas son tragedias naturales, y no el resultado de un sistema político cuya lógica produce —y reproduce— las desigualdades.

El alivio de los síntomas difiere radicalmente del fortalecimiento de los marginados por las democracias neoliberales (7). Aunque el primero resulte un ingrediente loable, el segundo potencia, por no decir determina, el tipo de contribución de una ONG para afianzar las bases con vista a una realidad alternativa. La falta total de esta sustancia aparece enmascarada como la condición apolítica natural de estas organizaciones, preocupadas sólo por extender su manto caritativo sobre un mayor número de personas. Pero ¿cómo incide la actuación asistencial sobre los afectados, desligada de toda lucha por influir en el poder? Al margen de la emoción pública causada por los actos de piedad humanitaria, ¿resulta tan descabellado pensar que al dirigir su intervención únicamente en ese sentido producen un efecto político concreto: despolitizar los conflictos?

Ése sería un efecto grave en un tiempo cuando la explotación laboral, la búsqueda del lucro, la erosión de los lazos interpersonales debido a las desigualdades y la terrible sensación de que faltan salidas minan la conciencia política del hombre de a pie que intenta mejorar colectivamente la realidad que vive. El poder toma medidas que afectan directamente a la sociedad. Y cuando éste condiciona a las personas a formas de vida mezquinas, inciertas, inseguras y poco dignas, en ocasiones, el límite entre la acción social y la política consiste en un hilo delgado y frágil. Entonces, la piedad y la contención por sí solas además de mostrarse insuficientes pueden desvirtuar el propósito de romper ese condicionamiento, que cala hondo en los estómagos de miles de seres humanos.

 

Arriba