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Bernardo Canal Feijóo y su Penúltimo Poema del Fútbol

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Bernardo Canal Feijóo y su Penúltimo Poema del Fútbol

 

 

Bernardo Canal Feijóo (Santiago del Estero, 1897 – Buenos Aires, 1982) construyó una obra vasta y compleja, que comenzó en la poesía, pero que, poco a poco, fue desplazándose hacia otros géneros, especialmente el teatro y el ensayo. Este santiagueño universal, segundo Premio Nacional de Historia en 1957 y primer Premio Nacional de Teatro en 1964, fue en su juventud un poeta vanguardista vinculado a la revista Martín Fierro. En 1922, luego de finalizar la carrera de derecho en Buenos Aires, se llevó a Santiago del Estero sus inquietudes estéticas. De ese Canal Feijóo, joven vanguardista preocupado por hacer cosas originales en una provincia margina, habla este artículo.

 

Carlos Juárez Aldazábal
carlosaldazabal@yahoo.com

 

ENCUENTROS

Durante mucho tiempo asocié el nombre de Bernardo Canal Feijóo a ensayos solemnes, de una inteligencia desafiante (tan desafiante como para polemizar con Martínez Estrada) pero un tanto aburridos para un buscador de placeres literarios que escarbaba en los escaparates de las librerías de la calle Corrientes. Frente a títulos tan sesudos como Constitución y Revolución. Juan Bautista Alberdi (1955) o La frustración constitucional (1958), mis ojos se hacían los distraídos para arribar, finalmente, a algún poemario de Girondo, a quien yo acababa de descubrir, recién llegado de Salta, como una novedad poética más acorde a mis búsquedas expresivas (recuerdo que incluso llegué a imaginar el título El hondo giro del Norte para un grupo de textos míos, que rápidamente descarté junto con la titulación).

Mi segundo encuentro con Canal Feijóo fue más amable. Por una de esas casualidades del destino llegó a mis manos un ejemplar de Literatura de la pelota (1971), el memorable trabajo de recopilación llevado adelante por el poeta Roberto Santoro. Y ahí me sorprendió descubrir a Feijóo hablando en poesía, una poesía aún más sorprendente que la de Girondo (menos emotiva también), que se ponía a contar el lanzamiento de un córner en un partido de fútbol.

Al pie del texto seleccionado figuraba la fecha original de la publicación: 1924, es decir, 40 años antes de que la generación del 60 — Santoro, Salas, Vázquez, Szpumberg o Silber, entre otros— abordase el fútbol por primera vez en la poesía argentina. El poema Córner de Canal Feijóo, incluido por Santoro en su antología, pertenecía, según aclaraba éste, al poemario Penúltimo poema del fútbol. De todos modos, lo que  llamaba la atención, al leer la referencia bibliográfica, era, además de la fecha, el lugar de la edición: la provincia de Santiago del Estero.   

EL FÚTBOL DE FEIJÓO 

Mucho tiempo después, impulsado por una curiosidad que había logrado transformarse en una necesidad imperiosa, inicié una investigación alrededor de este texto, un poemario inhallable (ni siquiera quedan ejemplares en la Biblioteca Nacional). Sin embargo, tuve acceso a él gracias a la generosidad de Adriana Canal Feijóo, la hija del poeta.

Al hojear el libro, las sorpresas aumentaron: había una serie de ilustraciones con aire de historieta (algunas de ellas acompañan esta nota), hechas por el propio Feijóo, para ilustrar sus versos. Después, investigando, descubriría que el dibujo era otra de las pasiones de este hombre multifacético, quien en la década del 20 colaboraba con el diario santiagueño El Liberal también como dibujante de viñetas humorísticas.

En esa época, Bernardo —el único nombre con el que firmaba sus libros— era un joven vanguardista irreverente, capaz de hacer de la libertad un dogma creativo que dejaba afuera cualquier pretensión de solemnidad (pero sólo de solemnidad: la vocación ensayística ya estaba presente). Vanguardista y moderno, cosmopolita, sensible al viento de su época y, sin embargo, empeñado en componer poesía con la cotidianidad santiagueña. Y este intelectual eligió iniciar su carrera literaria con Penúltimo poema del fútbol

Esperaba que la lectura de esos poemas me aclarasen algunos aspectos del autor y su obra. Sin embargo, descubrir que Penúltimo poema del fútbol fue el primer poemario vanguardista del Noroeste Argentino (NOA) y, al mismo tiempo, el primer texto poético de la literatura nacional que unió la poesía y el fútbol, aumentó mi incertidumbre.

De hecho, algunas preguntas me rondaban la cabeza: ¿por qué apareció, en la poesía del NOA y durante la década del 20, un libro vanguardista preocupado por el fútbol?; ¿pertenecía el fútbol a esa realidad cultural o era una temática ajena?; ¿por qué no volvió a repetirse, en la literatura regional, otro hecho estético parecido?

Un dato para contextualizar esos interrogantes: en 1928 el Liga Cultural, representante del fútbol de Santiago del Estero, se consagró campeón del torneo nacional al ganarle a la entrerriana liga paranaense en cancha de River. Bernardo Canal Feijóo fue un testigo privilegiado del proceso que desembocó en esa victoria. Y no sólo testigo. También fue protagonista y cronista (desde la poesía, el periodismo y el dibujo) de aquel momento especial del fútbol argentino. Sin ir más lejos, en el anuario 1923 del diario santiagueño El Liberal, el nombre de Canal Feijoo aparece destacado en la sección deportiva. Por entonces, este martinfierrrista marginal, era el presidente del Club Atlético Santiago.

MODERNIDAD

De acuerdo con este contexto histórico (un momento político signado por el yrigoyenismo), volví a leer Penúltimo poema del fútbol. Éste se me presentó, entonces, como una forma original de abordar la modernidad desde una práctica deportiva. En los versos, pude percibir claramente la tensión entre la libertad individual y la presión de la muchedumbre. Una modernidad deportiva, entendida como universal, que en este planteo se construía desde una base territorial concreta, Santiago del Estero, espacio que, por efecto reflectante, devolvía la imagen cosmopolita de las sociedades modernas tamizada por la idea de nación expresada, por ejemplo, en esta frase: «La tarde engalanada, se había prendido el sol en el pecho, como la escarapela de la patriotería deportiva».

Entendida así la época histórica, el libro funcionaba: era un gran dispositivo fotográfico, construido sobre prosa poética y versos libres. Como dice uno de los poemas: «el breve guiño de la instantánea, que sobrecoge en un infraganti muscular (...) para el enfoco ansioso y comprometido de este espectáculo».

Sin embargo, la pregunta sobre lo que motivó el olvido de este trabajo pionero sigue presente. Respuestas tentativas no faltan: la desaparición de los campeonatos interprovinciales de la década del 20, que fueron reemplazados en la década del 30 por el fútbol profesionalizado; la creencia extendida de que fueron los poetas de los 60 los primeros en tematizar el fútbol, o los cíclicos momentos de censura que vivió —y vive— la cultura argentina, incluyendo las defenestraciones reaccionarias de ciertos intelectuales que acusaban —y acusan— de populismo —con su correspondiente estigmatización— a cualquier manifestación artística que trabaje con zonas o saberes cercanos a las prácticas cotidianas de los sectores populares.

DE LA VANGUARDIA A LA ACADEMIA

Lamentablemente, todo parece conspirar para levantar un manto de sospecha sobre el propio Canal, ya no el vanguardista sino el académico, cuando se quiere aclarar el misterio de su olvido. La producción posterior de Feijóo habla de una búsqueda estética más conservadora: una obra ensayística sólida y obras teatrales espléndidas, sin duda. Pero también, en todo momento, de una negación del espíritu martinfierrista que alentó su temprana producción poética: Dibujos en el suelo (1927), La rueda de la siesta (1930) y  Sol alto (1932).

No le costó demasiado a don Bernardo Canal Feijóo ignorarse como el autor del texto fundacional de la poesía del fútbol en la Argentina. Otros indicios permiten sospechar que en la negación  se escondía el temor a ser estigmatizado como populista, palabra que, obvia e inevitablemente, en Argentina nos manda derechito a la palabra peronista, mote oprobioso para aquellos intelectuales que sólo advertían los aspectos autoritarios del peronismo. Sin embargo, nunca lo sabremos con certeza. Don Bernardo Canal Feijóo murió en 1982, y por ese entonces era presidente de la Academia Argentina de Letras.

SU LEGADO

Si alguna lección ha perdurado del gesto estético del joven vanguardista de 1924 es la lección de libertad. Y esa lección, desestimada por el Feijóo de la madurez, debe entenderse como una apuesta a la democratización de la cultura argentina, una democratización necesaria frente a las censuras —inconscientes o no, insisto— de un campo literario conservador que todavía cree, por ejemplo, en la pureza de los géneros o que mantiene el vicio romántico de entender a la poesía como un ente sublime que elige a sus adeptos con una varita mágica.

Abordar la democratización de la cultura. Ésa es la esperanza que parece alentar la temprana producción de Feijóo. Esperanza que fue desvaneciéndose a medida que el olvido fue logrando imponerse. Hoy, una reedición de Penúltimo poema del fútbol parece imprescindible. Con todo, no hay indicios de que vaya a ocurrir. La lucha dentro del campo literario por la imposición de los cánones. Los gustos establecidos. Todos estos escollos siguen alentando la persistencia de los elementos más conservadores de la cultura, una cultura impermeable a las rupturas en serio, a las fisuras que permiten adivinar el país que no fuimos, el país utópico que, como el sueño libertario de los vanguardistas, sólo será posible mientras no confundamos la madurez con la resignación.

 

 

 

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