La incertidumbre, el perfecto combustible de la apisonadora ecológica neoliberal

¿Guerras del agua?

Colaboración

Un mundo donde disminuyen los riesgos pero proliferan los peligros, por Francesc Jesús Hernàndez i Dobon

Una vieja crítica al industrialismo, que increpa con fuerza al presente, por José Beltrán Llavador

Entrevista:

Ana Esther Ceceña, economista
«Hay lucha contracultural que cuestiona la apropiación tecnológica de la naturaleza»


 

¿Quién es Ana Esther Ceceña?

Economista, Investigadora Nacional, adscrita al Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Tercer Ciclo en Relaciones Económicas Internacionales por la Universidad de Paris I-Sorbona. Su área de especialización es el estudios de la Hegemonía econímica mundial.
Coordinadora del proyecto Paraíso maya: competencia internacional y disputa por los recursos estratégicos. Miembro por invitación del Consejo Consultivo Internacional del Centro de Estudios sobre Trasnacionalización, Economía y Sociedad (cetes), con sede en Santiago de Chile.
Miembro del grupo de trabajo de CLACSO sobre Economía Internacional, dirigido por Emir Sader. Ha dictado conferencias en el país y en el extranjero y ha presentado ponencias en alrededor de 20 congresos nacionales e internacionales (en México, Francia, Bélgica, Alemania, Argentina, Brasil y Guatemala). Directora de la Revista.

Otras entrevistas

Esther Ceceña en You Tube

Algunos libros de su autoría

Industria maquiladora de exportación. Bibliografía comentada, México, UNAM - IIEc, 1991.

Producción estratégica y hegemonía mundial, México, Siglo XXI Editores. Con Andrés Barreda.

La internacionalización del capital y sus fronteras tecnológicas, México, Ediciones

El Caballito, 1995. Coordinadora.

La tecnología como instrumento de poder, México, Ediciones El Caballito, 1998. Coordinadora.

Le soulèvement zapatiste au Chiapas, Coordinadora con Patricio Nolasco, Cahiers du CELA-IS nº 7, Universidad Libre de Bruselas, Bruselas, 1996.

Reflexionen einer rebellion. Chiapas und ein anderes politikverständnis, Münster, Alemania, Westfälisches Dampfboot, 2000, 327 pp. Con Ulrich Brand.

Enlaces para ampliar el tema

Ensayos sobre recursos naturales de Ana Esther Ceceña, economista.

«El levantamiento zapatista ha impedido que Chiapas estuviese ya en manos de las transnacionales». Entrevista a Ana Esther Ceceña en La Fogata Digital.

Revista Sin permiso. Artículos de ecología.

Ecología política. Naturaleza, sociedad y utopía.

Tiempo para la vida. La crisis ecológica en su dimensión temporal, por Jorge Riechman (PDF).

Sección ecología de la revista La Insignia.

Ecologismo: una fuerza política, entrevista a Noam Chomsky.

Medio Ambiente: Enfoque ético-religoso.

Los actuales desafíos de la ecología política, por Jean Zin.

Informe reducción del riesgo a desastres: un desafío para el desarrollo.

Medio Ambiente On Line


 

 

ENTREVISTA A ANA ESTHER CECEÑA, ECONOMISTA

«Hay una lucha contracultural
que cuestiona la apropiación tecnológica de la naturaleza»

 

 

Juan Pablo Palladino
juanpabloteina@yahoo.es

 

En un tono calmo, la economista mexicana Ana Esther Ceceña se pronuncia sin tapujos en una línea de pensamiento contra hegemónica. La acredita un cuantioso haber de investigaciones desarrolladas para instituciones latinoamericanas, como la Clacso, en Argentina. Estudios que tratan, entre otras materias, de la explotación de la naturaleza por parte del sistema económico actual.

En su discurso convive la crítica con el optimismo. Para ella, frente a la injusticia de la razón actual existen opciones, alternativas que recién empiezan a verse pero que ya han cristalizado en dos frentes. Uno local, con reivindicaciones en determinados lugares del planeta, y otro mundial, por medio de campañas de concienciación y resistencia. Acciones que encarnan, según dice, la defensa de los patrimonios naturales y culturales ante el avance del capital. Y aunque admite que el poder es muy fuerte, que cuenta con muchos puntos a su favor y no da el brazo a torcer, asegura que la lucha recién empieza y que algunas batallas ya se han ganado. Por ejemplo, en la protección de usos del agua y de territorios.

Ana Esther Ceceña es miembro fundadora del Grupo de Trabajo Economía Internacional del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), un grupo que ha estudiado, entre otros, los costos sociales generados por las políticas hegemónicas de ajuste y reestructuración regresiva del capitalismo en América Latina. Ocupa un aplaza como investigadora en el Instituto de Estudios Económicos de la Universidad Autónoma de México. Y dirige la revista Chiapas, una publicación que nació con la finalidad de «contribuir a desentrañar las raíces más profundas del conflicto chiapaneco».

¿De qué manera se relaciona el poder con los recursos naturales?
La relación es múltiple. De partida, por medio del desarrollo tecnológico, que según sus momentos requirió determinados recursos. Así, en las distintas etapas del capitalismo ha habido un acercamiento del poder hacia determinadas regiones. Por ejemplo, se vio con el auge del hule, necesario para la producción de automóviles, que luego fue abandonado y se reemplazó por distintos metales. Como se ve, el desarrollo tecnológico siempre estuvo vinculado a la apropiación de la naturaleza. El mismo apelativo recursos naturales refiere a elementos convertidos en útiles, en materias primas, incorporados a los procesos de producción y reproducción del sistema. De otra forma estaríamos hablando de naturaleza propiamente dicha.

Usted diseñó mapas sobre las estrategias militares de EE.UU. en el mundo. ¿Qué objetivo perseguía con esto, qué lecturas ha obtenido?
Uno de los objetivos de mi investigación, que no sólo concernía a recursos naturales, era saber si había una posibilidad de disputa hegemónica a nivel planetario. Porque la relación entre el poder y los recursos naturales tiene que ver también con la competencia ínter capitalista: una de las maneras de tener una mejor posición en la competencia implica la posibilidad de controlar fuentes de elementos que intervienen en industrias de punta, las que diseñan tecnología para el futuro. Así, la capacidad material está muy vinculada, no sólo al desarrollo tecnológico, sino a la disponibilidad de recursos estratégicos. Y para poder medir la capacidad de cada uno de los bloques capitalistas importantes –Europa, Asia, Estados Unidos– es indispensable conocer qué relación tienen éstos con esos recursos. En nuestra investigación, demostramos que, en todos los terrenos, Estados Unidos llevaba una delantera difícil de alcanzar, se evidenciaba una relación de poder piramidal en la que este país ocupaba la cima. Había muchos vínculos económicos que le permitían tener una acceso privilegiado a recursos estratégicos. Aunque también se daban casos en que había un rechazo de la población a la privatización de fuentes naturales como el petróleo o distintos minerales. En estos casos, observamos movimientos militares que acompañaban el interés de Estados Unidos sobre esas partes del mundo. Uno ejemplo muy directo es el de Afganistán e Irak.

¿Qué opina de las teorías conspirativas según las cuales las grandes potencias, en particular Estados Unidos, buscan, a cualquier precio, conservar la hegemonía sobre el resto del mundo?
No existen tales conspiraciones. Pero sí hay un planeamiento estratégico por parte de la cúpula del poder mundial, que está en Estados Unidos, con el fin de marcar rumbos políticos y definir sus despliegues en el marco de esa lógica según la cual ellos tienen la misión histórica de ordenar el mundo. Por ejemplo, dentro de los planes que hay para América Latina encontramos el llamado Andes 2020. En el marco de este proyecto analizan qué ocurre con esta región, qué hay en ella, cómo habría que establecer relaciones, cuáles son sus problemas. Hay dos estados en el mundo que planifican así, a largo plazo: Estados Unidos y China, que hoy es vista como la principal amenaza por parte del primero.

Entonces, se trata de teorías demasiado alarmistas.
El problema de las teorías conspirativas es que no consideran que lo que ocurre en el mundo surge de la relación entre sujetos. Aunque haya una planificación a largo plazo, ésta tiene múltiples escenarios previsibles que incluso pueden fallar en su totalidad. Nadie esperaba, por ejemplo, que se formara el Foro Social Mundial y que fuera un elemento de rechazo, de denuncia y, a veces, hasta de bloqueo de ciertas políticas lanzadas por Estados Unidos. No se esperaba que una campaña contra el ALCA (Tratado de Libre Comercio de las Américas impulsado por Estados Unidos) pudiera tener fuerza suficiente para detener las negociaciones, como lo ha hecho.

¿Los tratados comerciales deben contemplarse como estrategias de dominación?
En el esquema actual se privilegian los tratados comerciales, económicos o diplomáticos antes que las políticas militares. A nadie le conviene desplegar tropas porque implica un riesgo mucho mayor que el de los acuerdos económicos. Así que, en lugar de guerras, intentan desatar mecanismos múltiples a través de los cuales desarrollan estrategias de expropiación de los recursos. En el caso de América Latina, por ejemplo, más importante que el despliegue militar fueron los tratados comerciales como el de Centro América o el de Chile, o el intento de romper el Mercorsur o de incorporarlo a la dinámica del ALCA. Ahora bien, en los últimos cinco años observamos una política de militarización y control, no sólo por medio de la instauración de bases sino a través de políticas de creación de reglas compartidas para hacerse cargo de la seguridad de todo el continente: compromisos y complicidad entre ejércitos de toda la región, control de aduanas y fronteras.

Más allá de las críticas intelectuales, hay muchos gobernantes a favor de esos tratados y muchos ciudadanos que, sin tener conocimientos sobre tales mecanismo, los consideran beneficiosos para su país.
Sí. Por ejemplo, desde hace 12 años tenemos una experiencia en este sentido en México: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En un principio, mucha gente estaba encantada con la idea, ya que traería una igualación de salarios con Estados Unidos. Pero la diferencia salarial de 10 a 1 no sólo se ha mantenido sino que en algunos casos se ha incrementado. Además, empezó a quebrar la industria nacional, se vivió una especie de desindustrialización y las inversiones extranjeras directas ocuparon el espacio que dejaban las empresas nacionales, el vacío dejado por ellas. De hecho, tenemos alrededor de un 70 o 75 por ciento de presencia de EE.UU. en el capital foráneo. La disparidad económica se agrandó tanto entre ambos países que la producción nacional no sobrevivió a la competencia del norte. Para que esto ocurriera, fue indispensable en el tratado la cláusula de inversiones, la cual está presente en el ALCA y en todos los acuerdos que se firmaron en América Latina. Ésta permite darle una jurisdicción a los inversionistas por encima de las leyes. Así, si una empresa de Estados Unidos invierte en México y, de repente, se detecta que daña el medio ambiente, los directivos tienen la posibilidad de presentar una demanda en los organismos internacionales contra el país que la aloja acusándolo por perjudicar las ganancias que proyectaba para los próximo 20 años, incluso pedir una indemnización por ello.

Más clara imposible la estrategia de dominación...
¡Claro! Una vez firmado el tratado queda invalidada la ley que decía que «los recursos naturales son propiedad de la nación y no se permitirá su explotación por parte de inversionistas privados nacionales o extraeros» . Y, con ello, las posibilidades de regular la inversión extranjera en ciertos ámbitos estratégicos para el país y sus posibilidades de elaborar una política nacional.

EXPOLIACIÓN DE RECURSOS NATURALES

¿En este contexto se debe analizar, por ejemplo, las privatizaciones de servicios públicos?
... y de propiedad intelectual y de todas estas medidas que se están discutiendo en la Organización Mundial del Comercio. Se trata de legislaciones superiores a las nacionales. Un acuerdo de la OMC, por ejemplo, abre a la bioprospección [proceso que va desde el descubrimiento de un organismo hasta su comercialización] de las selvas que estábamos cuidando tanto.

¿No queda otra opción, entonces, que criticar al Estado por firmar estos acuerdos?
Los estados nacionales se han subordinado completamente a estas políticas. Ha primado la idea de que ésta es la única manera de hacer las cosas: pagar los intereses de la deuda y después ver qué queda para distribuir entre los connacionales; y eso es absurdo. La implantación del neoliberalismo en los países latinoamericanos ha provocado una catástrofe social y económica. Luego, desde los centros de poder hablan de ingobernabilidad: ¡pero es que han provocado un desempleo tamaño monstruo! Además, la informalidad del empleo ronda el 60 ó 70 por ciento y el grado de exclusión es enorme. Al tiempo que se han entregado todos los recursos nacionales y el país no tiene capacidad de generar riquezas propias. Por eso, hay que elaborar una política que tenga que ver con los intereses de la nación —con todo lo complicado que es hablar de nación, un ámbito muy contradictorio— y que contemple un pacto interno sobre lo que debe defender cada estado como representante de la población de un territorio. La otra postura apunta a disolver las naciones, o sea, lo que pregona la política neoliberal de apertura o desdibujamiento de fronteras. Un área continental de libre comercio donde, empero, lo único que transita libremente son las inversiones y los recursos que van hacia América del Norte. Los trabajadores no tiene esa posibilidad.

¿Cómo se da, concretamente, el proceso de expoliación de los recursos naturales por parte de las potencias económicas?
Hay muchos mecanismos. Uno consiste en que las empresas que extraen los recursos son extranjeras y los exportan hacia sus casas matrices. Otro se asienta en esta trampa de la deuda externa que determina políticas nacionales preocupadas por obtener divisas sin importar cómo. Y lo que promueven son actividades de exportación: si hay que vender petróleo, agua dulce, selvas, o lo que sea, se vende. En el caso de México, por ejemplo, hubo un impulso político de la industria maquiladora, que se encarga del ensamble de piezas o, en el caso de la confección, el cosido. Esta actividad se estableció en el norte del país, en la frontera con Estados Unidos. Esas partes del proceso implican mucha mano de obra, pero una vez que los productos se finalizan, salen hacia Estados Unidos. La actividad se fomentó mucho porque, supuestamente, aportaba divisas. Pero hete aquí la trampa: los mismos acreedores son quienes sacan los recursos, así que el país donde se desarrolla esta industria no genera riquezas propias más que el pedacito correspondiente a los salarios, que representan un décimo de las ganancias que obtienen del otro lado de la frontera. Esta es una situación que se ha dado a lo largo de la historia de América Latina, pero que se ha agravado con el tiempo y está llevando al al límite de la existencia los recursos naturales. Queda poca biodiversidad en el mundo y, con este saqueo productivo, desaparecerá y dejará de garantizar la vida en el planeta. Por ejemplo: en la medida en que los gobiernos privatizan y exportan el agua dulce para obtener divisas con que pagar la deuda dejan a los pueblos sin posibilidades de existir.

Muchos analistas sostienen que la economía neoliberal acarrea graves consecuencias para el medio ambiente. Pero, ¿qué hace que la expoliación de la naturaleza sea una consecuencia exclusiva de la economía neoliberal?
No es privativa del neoliberalismo sino del capitalismo. Esta manera de tratar a la naturaleza proviene, por un lado, de la busca de obtención de ganancias ilimitadas y, por otro, de la concepción de que cualquier puede reproducirse artificialmente, de que la tecnología lo resuelve todo. Así, según esta lógica, no importa que terminemos con una planta si hemos descubierto el código genético, porque en algún momento la podemos reproducir en el laboratorio. Esta noción de la apropiación de la naturaleza para obtener ganancias, que impera en toda la sociedad, lleva a un uso predatorio de ésta. En cambio, todas las culturas precapitalistas tenían una relación muy distinta con el entorno: respetuosa y consciente de los equilibrios naturales. El capitalismo piensa que, ante el desequilibrio, el vacío puede llenarse con tecnología o con producción industrial. Así, el hule que provenía de la naturaleza ya no nos interesa porque ahora puede ser fabricado químicamente; por tanto, no importa que no existan plantas de hule. Con esta mentalidad nos acercamos a un límite que incluso el propio capitalismo sufrirá.

¿Qué salida queda frente a esta realidad, la que proponen los ecologistas más radicales que reclaman volver a formas de producción y de vida tradicionales? ¿Es practicable esta opción?
Creo que sí. No solamente es practicable sino que es urgentísimo que volvamos la vista hacia otras maneras de relación con la naturaleza, que dejemos de pensar que ésta sirve para obtener ganancias, y que intentemos proteger las selvas no como un objeto aparte sino como parte de la sociedad. Se trata de rescatar una relación donde el hombre y el entorno sean parte de un todo y donde se debe no sólo preservar lo que queda sino revertir la tendencia a la desaparición de especies y de recursos que garantizan la vida. Esto parece romántico y algunos dicen que no es lo que está en juego cuando hablamos de hegemonía mundial. Pero sí forma parte de la idea de dominación mundial, porque ese planteo busca establecer una relación con la naturaleza distinta a la que propone el poder actual, donde no sea éste el que imponga condiciones. Porque se trata de reestablecer relaciones más horizontales, compartidas, respetuosas, donde la diversidad tenga un espacio y pueda enriquecer la vida.

¿Pero cómo generar medidas de carácter general que permitan surgir y reforzar esas relaciones, cuando los estados, que son los aparatos que supuestamente articulan el interés general, parecen mirar hacia los intereses del capital?
Ésta es realmente la gran pregunta. Los estados no han logrado detener este proceso sino que, al contrario, lo han agudizado. Lo que se ve como perspectiva son algunas experiencias en distintas partes del planeta donde los mismos pueblos se han hecho cargo de sus territorios y los defienden. Aunque parezca sólo una reivindicación de culturas ancestrales, esos levantamientos demuestra la emergencia de esas culturas como algo moderno. Un reclamo en el sentido de que, si el capitalismo ha demostrado que no puede garantizar ni el bienestar ni la vida, nosotros debemos retomar nuestro proceso enfrentando a los grandes poderes. Hay luchas para que no se privaticen lagos y selvas, o para que se cambien modos de uso de los territorios por medio del desarrollo de relaciones políticas diferentes. También se cuestiona el sistema político en términos generales y se discute los partidos políticos. Y es que, con esta estructura política y económica, no hay manera de apreciar mejores condiciones de vida.

¿Han fracasado los partidos políticos como encauzadores de proyectos en el juego democrático?
Los partidos no han tenido ninguna sensibilidad con respecto a estos problemas. Los partidos están en otra pelea que no tiene nada que ver con este camino que está tomando la sociedad y por eso han sido tan cuestionados. La lucha aparece muy difícil porque el poder es muy grande, tiene muchas posibilidades y arrasa. El mismo despliegue militar lo demuestra: ellos no están dispuestos a negociar las condiciones. Pero los pueblos tampoco. Se trata de una lucha contracultural que cuestiona esta concepción tecnologizante de apropiación de la naturaleza.

Queda en el aire el interrogante de cómo establecer medidas generales para que las reivindicaciones no se pierdan en particularidades.
Está empezando a ocurrir. Un indicio de avance es que algunas luchas muy pequeñas que se dieron en lugares desconectados entre sí han empezado a encontrar modos de articularse, creando campañas, foros. Espacios internacionales que reivindican usos diferentes de la naturaleza en general y del agua en particular. Como un recurso necesario para la humanidad que debe ser peleado y defendido en esos términos. Hay una diversidad de propuestas, sí, pero también un acuerdo mínimo en no dejar que se siga contaminando el agua o que la roben. Con acuerdos generales como estos se ha logrado echar atrás convenios con transnacionales que pretendían explotar recursos en determinados territorios y se ha impedido que la instalación de bases militares. Es cierto que hablamos de acciones incipientes, de una lucha nueva que surge después de 20 años de neoliberalismo. Pero yo no sería pesimista porque creo que es un momento muy fuerte de disputa civilizatoria. Hoy, los pueblos están dando la pelea por organizar las sociedades de otra manera.

 

 

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